“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Vicente interpretado por Silvio

Tomado de Segunda Cita

Algo que siempre recuerdo son los ojos azules de Elsa Miranda, muy abiertos y fijos en los míos, apretándome los dos brazos y diciéndome “¡Tráemelo vivo!”, en vísperas de Angola. Pero desde muchos años antes su hijo Vicente era uno de los estudiantes más aguerridos de la secundaria. De todos nosotros era el que parecía un héroe y, a la vez, el más elegante, el único que casi siempre andaba en saco. Nunca pude explicarme cómo conseguía aquel balance entre muchacho de clase media y feroz combatiente.

Yo con dieciséis y él con quince, nos gustaban las mismas músicas, las mismas películas y a veces las mismas compañeras (cosa que nunca nos llevó a disgustos). Creo que la segunda vez que bebí en mi vida fue una noche que fuimos a un bar a escuchar a Los Astros, de Raúl Gómez, que por entonces tenían un número pegado en la radio. Después de un par de cubalibres salimos a coger la ruta 27 frente a Maternidad de Línea, y ya en su casa de la calle Neptuno tuve que subirlo en hombros por las empinadas escaleras. No se me olvida que Esther y Tata, sus inmortales tías, me dijeron horrores por llevarlo en semejante estado.

Cuando me desmovilicé de las FAR y volví a verlo, se debatía entre hacer canciones y graduarse de profesor de Física. Pero la bohemia acabó seduciéndolo (era demasiado tentadora) y aquel muchacho con portafolios se convirtió en el jipi más sangriento de su generación. Escribió las canciones más extremas que yo haya escuchado nunca, en las que era bala feroz, rompía monte encuero y llegaba a pedir que hundieran las manos en sus entrañas y experimentaran con sus vísceras. Cantando y prodigando generosamente su existencia, mi amigo Vicente se convirtió en una suerte de holocausto cotidiano que tributaba a un luminoso porvenir.

Se sabe que la vida no siempre premia la virtud con la justicia. Pero si este amigo tiene fama de algo entre sus compañeros –además de trovador irreductible– es de nobleza humana. Y es que todos sabemos que él siempre ha sido el más dispuesto al sacrificio, verdadero cantor de barricadas, tantas veces no bien gratificado.

Para decir exactamente eso son estas palabras y esta entrada, para decir que, aunque en ocasiones falten honores, medallas y reconocimientos, sin duda existen dignidades ejemplares mucho más necesarias y ciertas que las que son de humo.

Felicidades en tus nobles 70, Vicente Feliú Miranda.

 
 

5 thoughts on “Vicente interpretado por Silvio

  1. La foto del artículo es en Angola, cuando mi padre les pidió que le cantaran a los combatientes en Cabinda y ellos dos, junto al mago Arias, tuvieron una de las experiencias más formadora en sus vidas. Salud Vicente, que cumplas muchos más y sigas siendo el mejor combatiente de tu generación.

  2. La “Nueva trova” ya hace mucho es vieja y sus “históricos” han asumido, con honrosas excepciones, esa condición de decrepitud que encierra ser “histórico” en Cuba. El tiempo pasa y se han puesto viejos defendiendo el pasado y tratando de ponerle palos en la ruedas al futuro.

  3. Conocí a Vicente durnte una vigilia de ayuno y oración frente a la oficina de intereses de los EEUU en 1993.Por afinidad ideológica nos acercamos y me hizo algunas anécdotas acerca de la amistad entre él y Silvio.Se conocen desde la escuela primaria,me dijo que él le enseñó a Silvio los primeros acordes de guitarra (lo que le gustaba a Silvio era el piano) y a su vez Silvio le enseñaba a hacer trazos de caricaturas, pues tenia como costumbre imitar a Virgilio, el dibujante de la revista Mella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *