“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Un edificio que es ataúd por fuera y barco por dentro

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Tomado de Habana por Dentro

Siempre me dije, al escuchar la supuesta historia del llamado “edificio de los ataúdes”, qué raro debe ser vivir en un lugar así, marcado para siempre con un dolor tan grande como la muerte de un ser querido. ¿Cómo dormirán esta gente en las noches? ¿Tendrán pesadillas? ¿Habrá fantasmas recorriendo los pisos en la madrugada? Aupada por la curiosidad que me producía una historia gritada a voces hasta por guías de turismo, incluso por los más viejos del barrio, aproveché el ofrecimiento de una amiga que conoce a Elsie (cuya familia fue la primera en habitar uno de sus pisos), para tender un amago de puente hacia la verdadera historia.

Confieso que al surcar el lobby hasta me dio un escalofrío –clara sugestión por la intriga-, pero al entrar se me olvidó todo, absolutamente todo. Elsie,  generosa anfitriona y gran conversadora, convite de cervezas y picaditos mediante, me habló de su necesidad de este mar que se ve a todas horas, de la manía de su abuelo de llamar a esta casa jaula de cristal, de cómo venían sus amistades (actores, pintores, músicos) con sendos cubos de cerveza a ver pasar aquellas carrozas del carnaval con sus reinas y exceso de luces y gentío, y de las crónicas de aquellas fiestas que publicará, algún día, en un libro. ¿Y el mito?, pregunté, algo apenada, cuando ya no pude aguantarme más las ganas de saber (por suerte la bebida ayudaba en ese punto).

–¡Ah, el mito! Sí, a mí la gente me empezó a preguntar por aquella historia tan rara cuando yo era pequeña. Y para mí era tan extraño, que le pregunté a mi padre. Él me dijo que había conocido al arquitecto, cuyo nombre ahora no recuerdo, y que no había nada de eso. Ven conmigo –me dijo- te lo voy a mostrar cómo mismo me lo mostró mi padre.

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Juntas volvimos a salir por la puerta de entrada. Volvió a abrirla con esa gestualidad propia de la actriz-mujer-desenvuelta que es y me hizo entrar como si llegara por primera vez:

–¿Qué ves? –preguntó.

–El mar.

–Sí, pero fíjate bien. ¿Dónde te parece que estás?

–¡Un barco! –respondí-. Claro… ¡es un barco!

–Exacto –prosiguió ella-, el arquitecto quería que tuvieras la sensación de estar en un barco. Donde quiera que te pares, en la sala, terraza o balcón, lo único que ves es ese inmenso mar. Punto, ya está. Cuando vas en un barco te paras y te mareas, aquí pasa lo mismo.

Y en efecto, yo había sentido ese mareo al llegar y correr al larguísimo ventanal cuyo muro no era recto, sino muy inclinado hacia afuera. Había oteado, además, los tres tonos de azul sobre las losas que sirven de enchape al espacio bajo el ventanal.

–Pero es tan fuerte –prosiguió ella– es tan conocida la historia, que yo misma me agarro diciendo, sí, chica, sí, yo vivo frente al malecón, en el edificio de los muertos, y la gente enseguida sabe de qué edificio estamos hablando.

Reímos ambas, ahora con más fuerza y mi alivio incluido, en vista de que para ella no hay drama alguno. Cómo puede haberlo con esta inmensa vista del mar a todas horas, adónde los ruidos apenas llegan, salvo el del viento cuando besa apasionadamente los cristales y uno vive como en un barco que navega eternamente por encima de todas las cosas humanas de esta ciudad. Cuando bajé, algunas horas después, miré hacia atrás y admiré entonces los trazos también de azul que imitan las olas del mar rompiendo la proa de cada balcón y me dije: ¡qué suerte la suya de vivir ahí!

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13 thoughts on “Un edificio que es ataúd por fuera y barco por dentro

  1. Gracias Fernando por este articulo, por remover recuerdos y por aclararlos, ya que la historia que me habían contado era casi tal como la pensaba la autora del articulo, en algún momento alguien me contó que el arquitecto de ese edificio, había hecho ese diseño para inmortalizar la muerte, dolido por la perdida de su hija. Saludos

  2. Interesante reportaje;muy amena la descripción.Muy cierto la identificación 1 popular de ese edificio:”Los Muertos”.A pesar de ese calificativo cuantos anhelabamos poder vivir en el. Gracias por recordarnos nuestra bella y curiosa Habana.

  3. La leyenda urbana de este edificio es harto conocida, hasta mi llego que el dueño había perdido a su hija en un accidente y ordenó hacer la fachada con un ataúd en cada uno de los niveles y que la cantidad de estos era la edad de la joven. Saludos.

  4. yo viví mucho años de mi niñez en Consulado entre Genios y Refugio, salía por Genios hasta San Lázaro de ahí al malecón, apenas dos pequeñas cuadras, ya en malecón me sentaba en el muro con mi abuelo, para ver como niños de aquellos barrios se bañaban en las pocetas de los arrecifes, y sambuían buscando las monedas que le tiraban al agua los turistas, siempre llamó mi atención ese edificio, situado en el tramo de Genios a la punta de Malecón y Prado, desconocía esta historia ni que le llamaran así, si era muy lujoso en su epoca y me hubiera gustado saber el año de fabricación, pues hablo de mediados de la década de 1950.

  5. Me contaron que la persona en principio dueña del edificio habia perdido a su hija en el mar y el numero de ataudes o pisos era la edad de la muchacha.Muy trite, pero es un buen diseño.

  6. Buen reportaje. Nosotros, junto con la entrevistada somos los vecinos más antiguos del edificio. Mi esposo empezó a vivir ahí siendo un niño, hace 45 años, luego heredó la propiedad. Como Arquitecta investigué la historia y efectivamente NO ES CIERTA, personalmente siempre me recordó un barco, por dentro y por fuera, la cerámica exterior tanto colores como motivos son marinos, simula olas!!! Los barrotes originales de las puertas también tienen olas.

  7. Habría que preguntarle también a Ciro Bianchi a ver cuál es su versión… como Ciro es uno de los que tiene muchas anécdotas de la Habana… o al menos es el más popular por los programas que tuvo en la TV en los últimos tiempos!

  8. Cuando se contruyó ese edificio los ataudes eran de madera barnizada. Los de ahora que son grises y forrados de tela si recuerdan a los balcones del edificio….

  9. Desde niño, hace ya unos cuantos años, había oído la historia de los balcones en forma de ataudes y de la muerte de la muchacha a los 15 años y me parecía incríble por lo triste. Nunca había pensado compararlos con el puente de un barco. Este reportaje, aunque no lo crean, me ha hecho sentir bien y ver el edificio de otra forma, sin temores o lástimas. Gracias.

  10. BUENO A MI LA HISTORIA ME LA CONTARON DE LA SIGUIENTE MANERA: EL ARQUITECTO ENCARGADO DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN EDIFICIO FRENTE AL MALECÓN.
    SU HIJO, MUERE AHOGADO FRENTE A FRENTE, DONDE SERIA EL FUTURO EDIFICIO.
    EL ARQUITECTO EN HOMENAJE A LA MEMORIA DE SU HIJO, QUE AMABA EL MAR, CONSTRUYÓ 14 PISOS, EDAD EN LA QUE MUERE ESTE CHICO Y SI PUEDEN APRECIAR CADA PISO, CONTIENE MOSAICOS, DECORANDO POR FUERA LOS BALCONES, CON MOSAICOS EN FORMA DE OLAS DEL MAR. TIENE MAS DETALLES QUE AHORA NO RECUERDO. PERO SE PODRIA INVESTIGAR UN POCO MAS. AH ESTAS ALTURA ME INTRIGA MUCHO EL NOMBRE DE TAL ARQUITECTO.

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