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José Martí
 

Un balance del gobierno de Obama

Barack-Obama-presidente-de-Est_54409894430_54028874188_960_639Tomado de Deia

Con poco más de medio año en la Casa Blanca, el presidente Obama no puede aspirar ya a grandes logros políticos, ni dentro ni fuera de Estados Unidos pero, como sus predecesores, sí presta atención a lo que ha de ser su legado presidencial.

Estos ocho años han llevado cambios importantes que escaparon a otros presidentes, como dotar al país de un sistema de seguro médico general o el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, rotas durante más de medio siglo.

Ya su elección en 2008 fue todo un hito, pues Barack Obama es el primer negro que ha llegado al Despacho Oval y esto le permitía esperar una mejora de las relaciones interraciales. También ha intentado reforzar el Partido Demócrata y aliviar las tensiones políticas, pero se ha quedado corto a la hora de corresponder a las grandes expectativas que habían puesto en él los electores… y anunciadas por él mismo.

Ya antes de tomar posesión, incluso los norteamericanos que no habían votado por él se consolaban pensando que las relaciones interraciales, que todavía sufren por la larga etapa de esclavitud negra, iban a mejorar. Sus seguidores se felicitaban ante la perspectiva de que pondría en práctica una ambiciosa agenda ecologista, que acabaría con la intervención de Estados Unidos en el Medio Oriente y que, en el proceso de normalizar las relaciones con Cuba, también cerraría la prisión de la base naval de Guantánamo.

El presidente “negro-blanco”

Pero la realidad no estuvo a la altura de las expectativas, empezando por las relaciones interraciales. Ya desde que llegó a la Casa Blanca empezó un cierto desencanto, pues muchos negros lo veían como un “negro-blanco”, es decir, racialmente negro pero culturalmente blanco. Es una percepción correcta, pues Obama, hijo de una blanca norteamericana y un negro de Kenia, fue educado por su familia materna y asistió a escuelas y universidades de prestigio, algo que no ocurre con la mayoría de los negros del país.

Lo racial le fue muy útil para ganar las elecciones pues conocía el lenguaje de los dos bandos, pero a la hora de gobernar el desencanto negro era inevitable. En una masa de negros que se burlan de sus congéneres en sus estudios porque “se portan como blancos”, produce cierta frustración que Obama llegara a la Casa Blanca por medios tan “blancos” como una licenciatura de la Universidad de Harvard.

Este desencuentro tendría poca importancia si los resultados de su presidencia hubieran sido positivos, pero las relaciones entre las razas no han mejorado en absoluto y las tensiones y violencia de los activistas negros han ido en aumento, como se pudo ver en diferentes ocasiones con largos días de protesta en ciudades como Ferguson o Baltimore así como el movimiento “la vida de los negros importa”, que condena la brutalidad policial a la que acusa de una tendencia a apretar el gatillo cuando se enfrentan a sospechosos negros.

Tampoco ha conseguido Obama reducir las tensiones políticas entre los dos partidos que, al contrario, se han agudizado. El presidente que en 2008 anunció que gobernaría desde el centro para incluir a todos, ha seguido tácticas de tierra quemada contra sus rivales políticos, no ha buscado el consenso y ha maniobrado con todos los resortes de poder que su cargo le ofrece.

Las relaciones entre legisladores republicanos y demócratas se han deteriorado, los medios informativos que militan en favor de uno u otro partido han tomado un cariz más radical y, sobre todo, las tensiones han impedido compromisos políticos y han paralizado el proceso legislativo.

Una pérdida de poder histórica

Estas tensiones ni siquiera han servido para reforzar a los demócratas, que han perdido más gobiernos estatales y escaños parlamentarios que bajo cualquier presidente de la postguerra.

Donde Obama puede lograr un mejor lugar en los libros de Historia, es en la reforma sanitaria conocida como Obamacare y el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, pero en ambos casos ha de pasar aun mucho tiempo para hacer una valoración.

Obamacare podría resolver un problema social importante, pero igualmente podría quedarse corto en conseguir el objetivo de garantizar atención médica a todos los ciudadanos. Reformar el sistema sanitario de un país de 330 millones de personas es una tarea magna, y no solo por la cantidad de asegurados, sino por los intereses de grupos tan poderosos como las aseguradoras médicas, los laboratorios y los centros hospitalarios. Sigue sin resolver el principal problema, que es el costo desenfrenado de la medicina, a veces tres o cuatro veces más cara que en el resto del mundo desarrollado.

Además, la ley ha mejorado pero no resuelto el problema de los que no tienen seguro: han pasado del 15% al 10% y esto se ha logrado mediante el gran gasto del Obamacare, que ha hecho encarecer las primas al resto del país. Hoy hay seguros que tan solo empiezan a cubrir los gastos médicos después de que el enfermo se haya gastado 25.000 euros en un año.

Incapaz de levantar el embargo

En cuanto a Cuba, Obama tiene todavía dos problemas, uno en La Habana y el otro en Washington. En Washington, porque los legisladores se niegan a levantar el embargo y el presidente tiene las manos atadas por razones constitucionales: se trata de una ley y tan solo la puede modificar el Congreso. En La Habana, porque los hermanos Castro siguen tan reacios como siempre a aceptar un sistema político y económico democrático.

Son dos problemas que Obama no podrá resolver en el tiempo que le queda en la presidencia, pero probablemente los arreglarán las realidades cotidianas del contacto entre cubanos y millones de turistas norteamericanos, así como los cambios que probablemente experimentará Cuba por la bonanza económica que ha de producir este turismo.

El último frente abierto es su viaje a Hiroshima, histórico porque es el primer presidente que acude desde que Estados Unidos lanzaron la bomba atómica hace 71 años, pero su objetivo declarado de reducir la amenaza nuclear, está tan lejos de Obama como de los próximos presidentes.

Otra aspiración pendiente es la ecología, que Obama ha perseguido con obsesión dentro y fuera del país, aún a costa de arruinar las zonas mineras, para no hablar del desastre del Medio Oriente, donde Obama ni ha conseguido aplacar el antiamericanismo, ni llevar la paz a la región, ni reducir la amenaza terrorista.

Son cuestiones pendientes que no solo determinarán el lugar de Obama en la historia presidencial, sino que afectarán también las posibilidades electorales de la candidata demócrata, Hillary Clinton.

 
 

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