“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Trinidad, el turismo y la basura

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Foto: Aracelia del Valle

Tomado de Escambray

¿Por qué parte de los propios dividendos que ingresa el municipio al presupuesto del Estado no se revierten en la mejoría del semblante empañado de la ciudad?

“A la basura de este pueblo le construirán pedestales dentro de poco. Vivir para ver”, resolvía un colega de profesión, en tono de chanza y a la vez muy en serio, mientras describía cómo las bolsitas anudadas pululaban en la esquina de su casa y embriagan el vecindario con la fragancia de los desperdicios.

Parece que alguien conjuró “hágase el churre” e, inmediatamente, una nube de desechos llovió por estos lares. Tal vez, las jabitas de nailon y las bolsas llenas de lo inservible quieren integrarse al patrimonio de Trinidad porque la mayoría de los cestos en el centro histórico sufrieron la misma suerte de la juventud, divino tesoro: se fueron para no volver.

Que todos los organismos erijan un frente común en estos momentos para embellecer el rostro ensuciado del terruño no es más que el resultado del vertiginoso crecimiento de un fenómeno no cercado en tiempo y forma. No se precisaban dotes cartománticos para dilucidar que el movimiento telúrico de visitantes desembarcando por vía aérea, terrestre y marítima, amén de propiciar dividendos y bonanza, acarreaba también fenómenos colaterales como el incremento de basura. La avalancha se asumió sin una infraestructura coherente. Falta de previsión, le dicen.

Casas de alquiler, restaurantes, cafeterías, ampliaciones y remodelaciones de viviendas le crecieron a la urbe en un santiamén, cierto. Mas, a la misma velocidad aumentaron también los salideros en las calles y todavía la inversión de Acueducto marcha al pasito de la bibijagua, crecieron las indisciplinas sociales, los centros estatales dedicados a la recreación turística y la inmigración de quienes, procedentes de algún lugar de La Mancha, diría Cervantes, llegaron para buscar fortuna cerca del mar y del monte. Culpas repartidas tocan a menos.

El dato más actualizado ofrecido por funcionarios de la Oficina Nacional de Estadística en el municipio arroja un total de 75 648 habitantes, sin contar la población flotante, que ha llegado hasta 15 000 turistas en una jornada, tal cual ha publicado este medio de prensa. Ecuación simple: más población, más basura generada.

Pedro Orlides Muñoz Yznaga, director municipal de Servicios Comunales, ilustra que actualmente Trinidad genera cerca de 340 metros cúbicos diarios de basura; a veces, alcanza los 500 metros cúbicos. “El municipio promedia alrededor de 1.9 kilogramos por habitantes/día, número muy elevado si tenemos en cuenta que España o Brasil están alrededor de 2 kilogramos por habitantes/día. El centro histórico tiene luz roja”, especifica.

Bien lo sabe Ortelio Rojas, héroe de pulóver raído y rostro curtido por los 62 años, quien amanece a las 5:00 a.m. con la escoba y el recogedor eliminando colillas de cigarro, absorbentes y hasta condones atascados entre las piedras.

Tres años como barrendero en las calles Rosario, Colón y Real, entre las más transitadas, le bastan para concluir: “La suciedad es bastante, aunque debe reconocerse que la gente ya coopera y organiza la basura”.

La limpieza de la villa recae sobre 33 recogedores de desechos y 52 barrenderos; cifras todavía insuficientes. Al cierre de este comentario, ocho plazas de barrendero permanecían vacantes. “Otro problema es que casi todos sobrepasamos los 60 años —acota Ortelio—. La juventud no quiere barrer. La gente le huye a este trabajo como el diablo a la cruz”.

La acumulación de escombros incrementa el riesgo de que el agente transmisor del dengue establezca hoteles cinco estrellas. Vivian María Caballero Diéguez, directora de la Unidad Municipal de Higiene y Epidemiología, acota que el índice de focalidad ha disminuido en el territorio y no existe transmisión de enfermedades, pero quedan deudas con la cooperación ciudadana.

Por eso miembros del cuerpo de inspección estatal (conocido como los inspectores integrales) se sumaron a los supervisores sanitarios, a partir del pasado noviembre, para acorralar los malos comportamientos a través de la aplicación de multas con cuotas superiores a los 100 pesos. Según la especialista, se han aplicado hasta más de 20 en un día.

El dueño del desecho es quien lo genera, no Servicios Comunales. He aquí otra verdad trastocada, como si la recogida y la limpieza fuera responsabilidad exclusiva de la parte institucional; una parte, dicho sea de paso, a veces limitada desde los recursos. La colocación de 18 contenedores —de ellos, 10 ubicados en el centro histórico— y camas ampirrol (las llamadas camas naranjas) intentan devolver bríos.

“Comunales no está barriendo para afuera —aclara Pedro Orlides—. Tenemos ineficiencias relacionadas con el ciclo de recogida porque a veces se nos rompe un equipo, pero Trinidad necesita que la miren de forma diferente. Hace mucho dejó de ser un municipio cualquiera”. Y alude a los reclamos nunca escuchados al Ministerio de Economía y Planificación de asignar cestos de basura, renovación del transporte, etcétera.

Al decir del también máster en Administración Empresarial, un análisis de carga y capacidad demostró que tres camiones especializados contribuirían sobremanera al saneamiento. Actualmente, el cargador destinado al tratamiento final de lo recogido asume también el vaciado de los contenedores. La mecanización influye en la eficacia del proceso.

¿Por qué parte de los propios dividendos que ingresa el municipio al presupuesto del Estado, cifras millonarias, según han declarado los organismos competentes en más de un foro, no se revierten en la mejoría del semblante empañado de la ciudad? Convenios con trabajadores por cuenta propia dedicados a la fabricación de cestos de metal podrían dar al traste con la ausencia, en cuadras enteras, de un depósito para verter.

Trinidad merece menos indisciplinas sociales y más cordura, más cooperación y menos indolencia. De cada quien depende que enraíce o no el epíteto burlesco de que Trinidad está a punto de convertirse en patrimonio de la suciedad.

 
 

3 thoughts on “Trinidad, el turismo y la basura

  1. Eso les pasa por no tener autonomía alguna y tener que estar dependiendo de las migajas que caen “de arriba”, en un pais normal, podrian (por ejemplo) cobrarle un impuesto adicional a los comercios (privados y estatales) de zonas privilegiadas y financiar lo que haga falta para mantener la ciudad limpia (lease comprar ellos directamente los insumos, que tampoco lo pueden hacer). No es lo mismo poner un restaurante en Trinidad o Varadero, que ponerlo en Mantilla en la Habana.

  2. Fui una vez a Capri, el islote ese que hay al oeste de la península italiana, que para el momento tendría alrededor de 7000 habitantes y recibía la visita regularmente breve (porque claro que no había capacidad hotelera en ese cayo) de alrededor de 1 millón de turistas al año. Quizá era, no sé ahora, la comunidad más rica de Italia; hasta los que recogían la basura vivían casi en la opulencia. Y ni hablar de los tipos que te llevaban en bote a la Gruta Azul por unos $3 per cápita: se vestían, cuando no están trabajando, como estrellas de cine. Y por eso Capri era Capri. Está de más hablar de la pulcritud y el ambiente “cosmopolita” de Capri. Si hubieran tenido que esperar “recursos de arriba” ya te haría un cuento…

  3. OTROSÍ.
    Pero a nadie de los que mandan les importa el turismo, ni la economía, ni el mejoramiento de la gente, ni las críticas. Al fin y al cabo son una especie de neocapitalistas que no pueden quebrar; ahí está el erario como dócil respaldo, y la fuerza mediática y la represión para apoyarlos.

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