“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Tata Nganga académico

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Foto: Guillermo Salas

Tomado de Progreso Semanal

Una vela apagada, cinco pedazos de coco. El hombre retuerce el cuello de un pollo, manso, no aletea, apenas tiembla, la sangre comienza a derramarse en silencio. El hombre murmura, —aun sostiene el pollo en las manos— le habla a un ente que no vemos y que debe estar entre los 20 centímetros que quedan entre él y la pared rosa. Le habla a veces con familiaridad, otras con veneración, en español y en otra lengua.

Nadie se atrevería a interrumpir esa conexión, nadie osaría tocar o hablar al hombre mientras se comunica con “lo que no vemos”, porque en ese momento pareciera que no es él mismo, que está ahí, pero en otra parte, que está lejos del tipo que es en su cotidianidad, el mismo que camina por las calles, habla con sus vecinos, más lejos aún, del académico que investiga, publica libros, y dicta conferencias en una universidad.

“Mis primeras lecturas las hice en la biblioteca de un barco. Cuando empecé a leerme Las honradas y Las Impuras o Cecilia Valdés yo no sabía que eran clásicos de la literatura cubana. Por el nombre me pareció que había tremendo brete y por eso las leí, pero sin tener consciencia de nada”, cuenta Abelardo Larduet, Tata Nganga, santero e investigador de la Casa del Caribe, cuenta y mientras lo hace se ríe de sí mismo, de quien era en ese entonces.

Apenas tenía 17 años y el “chicharito”, como le habían bautizado tiempo atrás, ya era considerado un “lobo de mar”. En la flota cubana de pesca recorrió las costas de Alemania, Rusia, Canadá, Sudáfrica, Perú; aprendió a tocar guitarra y a valerse por sí mismo.

Ya para esa fecha se había iniciado en la Regla de Palo Monte, justo dos años antes, en la casa de Estela Márquez, en el municipio La Víbora, mientras estudiaba en la Escuela de Mar y Pesca Adolfo López Mateo, antiguo Comodoro.

“Para mí aquello no era nada extraño, porque ya yo tenía conocimiento de la mayombería de acá de Santiago de Cuba. De hecho yo digo que soy practicante de vientre, porque estoy iniciado en la brujería desde el vientre de mi mamá, que era mayombera”.

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Foto: Cortesía del entrevistado

Su madre había muerto en un accidente cuando él tenía 9 años; a su padre lo vio un día de lejos. Cuando ganó la beca para irse a estudiar pesca lejos de su ciudad natal, se encontraba bajo la custodia de una tía. A Santiago de Cuba no regresó hasta los 23 años. “Me querían sancionar en la flota cubana de pesca, ya ni me acuerdo por qué, y me fui. Estuve un año y medio sin hacer nada, buscándome la vida como podía”. A través de un amigo entra en un grupo de aficionados de teatro y a los seis meses de estar allí “me dicen que están buscando un percusionista para otro proyecto, y es cuando entro al Cabildo Teatral”.

Se incorpora al Cabildo, pero no solo en la percusión, sino también en la guitarra. Conoce entonces a Raúl Pomares, Joel James, Rogelio Meneses, Fátima Patterson: “Imagínate, todos esos actores se ponían a hablar de Bertolt Bretch, de Shakespeare, que si proscenio, que si esto otro, y para mí era como si hablaran en chino. Sin embargo yo les llevaba una ventaja a ellos; en el teatro de relaciones, teatro callejero, la religión tenía un papel muy importante, y el único enlace que ellos tenían con ese mundo era yo.

“Ahí yo aprendí a desinhibirme, aprendí entre esa gente a tener un concepto de pertenencia, a dignificarme, que lo que yo hacía en términos religiosos no era nada malo, sino algo que contribuía a la formación de la nación y a un equilibrio de la sociedad. Esto que yo digo hoy que soy palero, que soy santero, en ese tiempo uno no lo decía, porque era criticado o mal mirado”.

Por un tiempo Abelardo se concentró más en la música, sin dejar de lado la religión. Dentro del Cabildo llegó a obtener premios importantes como el Caracol de la UNEAC por la música de la obra Don Juan Tenorio, dirigida por Nora Hans; y Premio Caricato, por la música de Jacques Hippolite y su tambor, de Coss Cause. Asistía a peñas de trova, poesía.

“…Y me veo que me estoy metiendo en ese mundo de intelectuales, y por supuesto voy tomando consciencia un poco más de lo que leo”. Fue justamente su desacuerdo con quienes escribían sobre religión, lo que suscitó en él las ganas de decir las cosas, ya no como practicante, sino como investigador, en otros términos y en otros escenarios: “Entonces para que tú veas lo que son las cosas ingenuas, sabes lo que se me metió en la cabeza, no, ahora yo voy a escribir de esto porque el que sabe de esto soy yo, imagínate los garabatos que yo hacía en ese tiempo”.

Por esa época surge la Casa del Caribe (1982), y el Festival (1981), espacios de legitimación de la cultura popular tradicional, no solo santiaguera: haitianos, jamaiquinos, practicantes de religiones de sustrato africano de todo el país, encontraron allí un espacio de reconocimiento: “Antes del Festival del Caribe tú cogías a cualquier negro aquí en Santiago y le decías haitiano y te buscabas un problema con él. ¿Negro? Eso ya era una cosa mala, pero además haitiano… y el Festival eliminó ese prejuicio.”

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Abelardo publica su primer artículo en la revista Del Caribe, que surge casi a la par de la Casa, sobre el método de la tirada de los cocos. Desde entonces ha sacado a la luz los libros La nganga: centro de culto palero, Hacia una historia de la santería santiaguera y otras consideraciones; mantiene inédito un Glosario razonado del habla palera de Cuba, además de que trabaja en el proyecto El Festival del Caribe como espacio de justicia social.

Entre sus últimas conferencias, cuenta el curso La santería cubana: Red de transmisión local, translocal y hegemonía globalizante, impartido en Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) –Centro de investigación sobre América Latina y el Caribe, en 2015.

Cuando le hacen alguna pregunta en espacios académicos, casi siempre comienza: ¿cómo quieres que te responda, como académico o como practicante?

“Aprendí a desdoblarme, a hacer un distanciamiento del objeto ritual, que es decir, de mí mismo, para poder hablar de forma desprejuiciada. A la mayoría de los investigadores les sucede lo contrario, se meten tanto en el fenómeno que terminan siendo religiosos, y con un discurso casi teológico.

“Estudiar la religión me ha servido, además, para entender la diversidad, entender al otro, uno de los problemas más grandes que tiene el ser humano es que no entiende al otro.”

El santero enciende la vela, el pollo no está, solo se ven las plumas amontonadas en una especie de caldero. “Los guerreros”, le llaman. Se viste, se va a su casa. Esa misma noche deberá continuar sus estudios sobre hermenéutica y Martin Heiddeger.

 
 

5 thoughts on “Tata Nganga académico

  1. Muy bueno Fernando.Quieran algunos o no esa es nuestra verdadera esencia espiritual; lo africano y mucho mucho de espanol.No quiero mencionar nombres pero entre nosotros…” aqui el que no corre vuela” y cuando tiene que tirarle a algo verdaderamente enrredado le tira con el cano africano.Gracias por tener en cuenta nuestra religion.

  2. Interesante artículo. Como a mi Internet me cuesta y pago por un acceso de baja velocidad como si fuera un T1 en europa o más, me resulta importante antes de abrir un link ver el tema y el autor. A veces me pierdo cosas buenas porque no me atraen ninguna de las dos cosas, pero en este caso valió la pena aun cuando no soy fan a esta creencia.

  3. Muy interesante el artículo, y muy bueno que Tata sea un académico, su naturalidad , su saber enriquecen nuestra cultura, aceptan la diversidad cultural y religiosa, dignifica al ser humano con independencia de su raza o religión. Gracias por publicar estas cosas.

  4. Este es un componente importante del mosaico cultural cubano, no comparto sus creencias pero admiro su capacidad para trasmitirse de generación en generación en condiciones bien diferentes a la iglesia católica y con arraigo en las capas mas humildes, siento mucho respeto por su cultura, sus tradiciones y su pensamiento.

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