“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Sun Sentinel: Saqueando a América (II)

portada-del-sun-sentinel-saqueando-América.(II)Tomado de Sun Sentinel

Joel Bauta López ganaba $7 al mes como despachador de autobuses en Cuba. A los pocos años de su llegada a Estados Unidos, conducía un Hummer, vivía en un condominio propio y vacacionaba en centros turísticos del Caribe.

Bauta hizo sus riquezas estafando a aseguradoras estadounidenses.

“Sólo llevaba dos años aquí. Necesitaba el dinero”, Bauta, de 42 años, le dijo al Sun Sentinel. “En Cuba, vivimos en un sistema donde si no te la inventas, si no robas, no comes”.

Bauta fue parte de una ola criminal cubana que crece y se nutre de la política de Estados Unidos. Bauta llegó a EEUU y pudo quedarse gracias al estatus migratorio especial al que tiene derecho los refugiados cubanos. Luego fue arrestado dos veces por fraude, y pasó menos de dos meses en la cárcel.

La política de puertas abiertas de EEUU, creada con la intención de dar refugio a las personas que huyen del régimen castrista, ha fomentado que una creciente red criminal eche raíces y expanda su alcance desde el sur de Florida a todo el país, encontró el Sun Sentinel en el primer análisis amplio al crimen organizado cubano.

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Agentes se apoderaron de una gran cantidad de dinero en efectivo pertenecientes a una red de criminales cubanos que cometían fraude de tarjetas de crédito. El grupo consistía de más de 20 personas, incluyendo a trabajadores que hacían transferencias de dinero, piratas informáticos internacionales, compradores, dueños de tiendas de descuento, y un estampador de tarjetas de crédito. El grupo defraudó a tiendas en 45 estados y en Puerto Rico.

Estos delincuentes suelen operar en redes especializadas en delitos lucrativos que pueden producir asombrosas sumas con poco riesgo de enfrentar un castigo severo: fraude de tarjetas de crédito, accidentes de auto orquestados para defraudar a las aseguradoras, robos de carga, fraude al Medicare, cultivo de marihuana bajo techo.

Muchos regresan a Cuba de visita, haciendo alarde de su nueva riqueza y para persuadir a familiares y amigos a unirse a ellos. Otros son traídos aquí específicamente para atender las siembras de marihuana o para crear clínicas médicas fraudulentas, y luego regresar. Algunos cometen estos crímenes para pagar sus deudas a los contrabandistas que los trajeron aquí.

Muchas de las redes son altamente organizadas y sofisticadas, llegando a involucrar hasta a 100 personas. Otras son pequeñas, células de base que, en conjunto, han logrado desviar millones de dólares de la economía de Estados Unidos.

Un grupo de criminales abrió una agencia de cuidado de salud en Miami en 2010 y en tres días presentó $1.5 millones en reclamaciones fraudulentas a Medicare.

Otra red con sede en Miami robó $15 millones en dos años, entre 2010 y 2012, pero lo hizo poco a poco: unos pocos cientos de dólares a la vez, comprando tarjetas de regalo en todo el país con tarjetas de crédito fraudulentas.

El Sun Sentinel encontró patrones similares en cómo se orquestan los esquemas, y una relación simbiótica en la que un crimen promueve otro. El ahogamiento de un inmigrante cubano en isla de Palm Beach en 2007, por ejemplo, llevó a los agentes federales a descubrir una vasta red de fabricantes de tarjetas de regalo falsificadas con números robados de tarjetas de crédito. Éstos se usaban para robar la gasolina que suplía de combustible a barcos de contrabando que llevaban cubanos a Florida.

Algunos delitos son incluso ejecutados desde Cuba. Mientras se escondía en Cuba, un fugitivo buscado por fraude al Medicare en Estados Unidos firmó un poder notarial para recibir dinero de un incendio que había organizado en su casa de Miami.

Reclutas de Cuba

Las redes reclutan personas desde Cuba para ser soldados de a pie en sus organizaciones criminales.

Los recién llegados suelen ser contratados para tareas de bajo nivel: cuidar casas donde se cultiva marihuana, descargar mercancías robadas de asaltos de carga, prestar sus nombres como dueños de clínicas médicas falsas.

Cuando la policía interviene, estos recién llegados pueden ser rápidamente enviados su tierra – con mucho más dinero de lo que jamás podrían haber acumulado en su empobrecido país, y cómodamente lejos del alcance de EEUU, que no tiene tratado de extradición vigente con Cuba.

Es un modelo que la policía y los fiadores han visto una y otra vez, más recientemente con los recién llegados que han sido traídos para cuidar las siembras bajo techo de cultivo de marihuana.

“Dejan a sus familias enteras en Cuba, y regresan a visitarlas durante dos o tres semanas cada dos meses”, dijo el caza recompensas Rolando Betancourt, de Miami, que persigue a fugitivos para las aseguradoras y los agentes de fianzas. “Funciona bien para los propietarios de las casas de cultivo porque nadie va a ser traicionado. Si algo pasa, van a pagar su fianza y su regreso a Cuba”.

El fiador Sal Rivas de Miami dijo que las operaciones ocurren como si se tratase de un libreto. Un cabecilla que lleva más tiempo en Estados Unidos financia el laboratorio de marihuana en interiores. “Él le enseña todo a la persona que acaba de llegar de Cuba. Por lo general es un pariente o una persona del mismo pueblo. Todo está planificado: si nos pillan, regresas a Cuba”.

En la isla, donde el salario promedio es de unos $20 al mes, los cubanos pueden deslumbrarse por la riqueza mal habida que amigos y familiares traen de EEUU.

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El ladrón de carga condenado Abel Rivas (tercero desde la derecha con camiseta blanca y una botella de cerveza en la mano) de visita en Cuba, donde alquiló un Mercedes e hizo alarde de un reloj Rolex. Los otros hombres en la foto no fueron implicados en el robo de un camión que transportaba perfumes en 2006 en Hollywood, Florida, que eventualmente envió a Rivas a la cárcel. Foto cortesía/Willie Morales, detective retirado de la policía de Miami-Dade.

Abel Rivas, de 48 años y quien no tiene relación con el fiador, fue uno de aquellos que regresan y hacen alarde de su riqueza. En Estados Unidos recibió beneficios por discapacidad del Seguro Social y robó carga. Cuando los policías lo arrestaron por el secuestro de un camión con $20,000 en perfumes, encontraron una foto de Rivas visitando Cuba, luciendo un Rolex y apoyándose en un Mercedes alquilado rodeado de amigos cubanos.

“Si él va a Cuba y tiene dinero y llega a alquilar un Mercedes y tiene ropa bonita… y es quien paga todas las cervezas, ¿por qué no querrían los otros saltar en una balsa y llegar aquí?”, dijo Willie Morales, un ex detective de la Policía de Miami-Dade que investigó a Rivas. “Parece una gran vida”.

Other Cubans are swept into the criminal rings, like indentured servants, to repay the smugglers who bring them here.

Otros cubanos son arrastrados hacia las redes criminales, como sirvientes, para pagar a los traficantes que los traen aquí. Yoan Moreno debía $5,000 al esposo de una prima en Tampa por haberlo sacado de Cuba y haberlo ayudado a orquestar un accidente de auto para pagar la deuda. A Moreno “se le dijo que dijera que tenía una lesión en el hombro” y firmó formularios para tratamientos que nunca recibió en una clínica, según una declaración que hizo en 2013 a los detectives de fraudes a aseguradoras en Jacksonville. Pasó dos días en la cárcel y se le ordenó pagar casi $7,000 a una compañía de seguros.

Los líderes de una red de accidentes orquestados del sur de Florida trajeron a Oscar Franco Padrón de Cuba y lo pusieron a cargo de sus clínicas falsas, dijo Randee Golder, un abogado de Boynton Beach que representó a un quiropráctico en el caso. “Ellos ayudaron a pagar para traer a toda su familia”, dijo. “En cierta forma Padrón les debía”.

Los líderes de una red de delincuentes cubanos en Texas, acusados de estafar a Medicare por $9 millones en 2010, “despacharon nacionales cubanos a varias ciudades de Estados Unidos”, pagándoles entre $4,000 y $50,000 en efectivo para abrir cuentas bancarias y alquilar buzones para clínicas falsas de cáncer y VIH – y luego abandonar el país, según documentos de la corte federal.

En el sur de Florida, Elizabet Lombera de Miami Lakes reclutó a amigos y vecinos de su ciudad natal de Güines, en Cuba, a unas 35 millas al sureste de La Habana, para ser dueños falsos en un fraude a Medicare que recolectó más de $12 millones en menos de dos años.

Uno de los miembros de la red se escapó antes de su arresto; el FBI cree que se fue a Cuba. Lombera se declaró culpable y está cumpliendo tres años y medio en una prisión de Florida central, por el caso de 2011.

Mientras las autoridades asediaban otra estafa de Medicare en 2007, un anciano de 77 años que fungía como el administrador de una empresa de equipos médicos en Miami desapareció. Un coche lleno de desconocidos condujo a Ramón Moreira de Miami a México, “donde fue escondido en una casa durante una semana” y luego transportado a Cuba, según documentos judiciales.

Moreira fue atrapado tratando de volver a EEUU en 2010 y estuvo preso casi siete meses.

Los contribuyentes estadounidenses pagaron cerca de $1 millón en falsas reclamaciones al Medicare por parte de la compañía de Moreira.

“Yo sabía que era un crimen”

La evolución de Joel Bauta López de despachador de autobuses en Cuba a estafador de seguros en EEUU lo hizo acreedor a una fortuna, pagando dicha “prosperidad” tan solo con una corta estadía en la cárcel.

Tras haber crecido en un suburbio de La Habana, Bauta pasaba hambre porque las raciones de comida mensual del Estado le duraba uno pocos días. “Si almorzaba, no cenaba”, cuenta.

Bauta anhelaba ir a EEUU, sobre todo después de ver a amigos que regresan de visita con ropa bonita y coches de alquiler de lujo.

Bauta no tenía una visa cuando llegó a EEUU en 2001, pero fue acogido bajo la Ley de Ajuste Cubano. “Se me permitió quedarme porque soy cubano”, dijo.

Bauta se estableció en Tampa, donde tenía una tía, y trabajó como pelador de ostras y ebanista. Luego recibió otra oferta mejor: un amigo de un familiar en Cuba operaba una clínica de rehabilitación en Tampa que hacía fraudes a las aseguradoras de autos y quería abrir otra en Miami.

Bauta fue nombrado administrador y para 2005 ya había establecido su propia clínica, E&B Rehabilitación Center, cerca del Aeropuerto Internacional de Miami.

Comenzó a reclutar personas conocidas de Cuba con la promesa de que podían hacer dinero si se accidentaban y acudían a su clínica. Creó accidentes falsos y le pagó a los participantes entre $1,000 y $2,000 cada uno, a cambio de facturar a sus aseguradoras de automóviles por servicios médicos falsos.

Como un estado con una política de seguro de no culpa, Florida exige por ley a los automovilistas tener protección contra lesiones personales que paga hasta $10,000 en gastos médicos por persona en caso de un accidente. Un vehículo con cinco personas puede generar $50,000 en pagos.

Bauta necesitaba cinco pacientes al mes para cubrir sus gastos, pero dice que a menudo tenían cuatro veces el número de pacientes. El ex despachador de autobuses cuenta que gastaba su dinero tan pronto como entraba, en coches, en un condominio de $230,000 en Sweetwater, y en viajes a México, Panamá, Costa Rica, República Dominicana y Jamaica. Regresó a Cuba de visita, alquilando los mejores coches que pudo encontrar – en uno de aquellos viajes, gastó $100 por día en un alquilar un Audi.

Se había convertido en aquel exitoso cubanoamericano que siempre había envidiado.

“El chico de allá que vive desesperado te ve con un automóvil alquilado, buena ropa, y quiere saber lo que estás haciendo”, dijo. “En broma, le decía: ‘soy millonario. Administro una clínica’. Y él me decía: ‘Pero tú no sabes nada de medicina’”

Su suerte cambió en 2009. Bauta, su esposa y sus tres empleados fueron arrestados en una operación encubierta.

Amigos y familiares lo animaron a huir. “Lo primero que te dicen cuando te metes en problemas es: ‘regresa a Cuba’”, dijo.

En lugar de eso, Bauta, descaradamente, decidió arriesgarse con el sistema legal estadounidense. Con su caso criminal aún pendiente, regresó al negocio del fraude y abrió otra clínica en Miami, Ganesha Medical Center. Los detectives lo atraparon nuevamente, junto a su esposa, en 2010.

“No le di mucha importancia al que me hayan arrestaron, y lo hice otra vez”, dijo.

No fue una mala apuesta: Bauta pasó dos meses en la cárcel y unos siete meses bajo arresto domiciliario.

Luego de esa experiencia con la ley, pasó a realizar un trabajo legítimo, en la venta de flores al por mayor, dijo.

“Los cubanos que solo hemos vivido en un sistema comunista, llegamos con una mentalidad de querer ganar dinero fácil”, dijo. “Hoy, yo sé que el sueño americano es – trabajar, vivir bien con mi familia, tratar día a día de mejorar mi vida”.

Altamente organizado

El investigador de fraudes a la industria de los seguros de automóviles en el sur de Florida Fred Burkhardt dice que los esquemas criminales a pequeña escala de una década atrás han evolucionado, convirtiéndose en fraudes “muy sofisticados, muy organizados”.

“Alguien está elaborando una estrategia, analizando dónde ubicar las clínicas y de dónde vendrán los pacientes”, dijo Burkhardt, un agente de supervisión del Buró Nacional de Crímenes de Seguros, con sede en Illinois, una organización no lucrativa que coordina esfuerzos con la policía. “Hay una estructura en pie. Hay funciones específicas para los participantes”.

Los investigadores han visto una organización similar en las casas de cultivo de marihuana. “Tenían los mismos paneles de cableado; tenían la misma configuración hidropónica. Era como si tuvieran una fórmula”, dijo Dana Coston, portavoz del Departamento de Policía de Cape Coral, al suroeste de Florida.

Las casas de cultivo cubanas son a menudo “copias a carbón” unas de otras, dijo Timothy Wagner, director del High Intensity Drug Trafficking Area del sur de Florida. “No hay duda de que llegan aquí desde Cuba ya contratados y capacitados. Y no vemos eso con otros países”.

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En sólo un día en octubre, la Policía de Miami-Dade hizo redadas en 13 casas de cultivo de marihuana, confiscando 586 libras de marihuana valorada en $2 millones. Los agentes arrestaron a 11 personas, todas cubanas, según el teniente José González de la unidad de narcóticos de la Policía de Miami-Dade.

Algunos de los involucrados en el fraude también informaron que aprendieron su oficio en la isla. En Coral Gables, una mujer detenida en un caso de tarjetas de crédito falsificadas le dijo a un oficial de la policía que fue entrenada en Cuba, dijo la portavoz de la policía Kelly Denham.

La policía de Nueva Jersey se quedó sorprendida por las técnicas utilizadas en una casa de cultivo que descubrieron en marzo, ocupada por un inmigrante cubano que acababa de llegar de Florida y por su pareja, y 200 plantas de marihuana valoradas en unos $200,000. La instalación incluía algunas piscina, tal y como tienen algunas de las casas de cultivo de Florida.

“La piscina se usaba para recoger el agua de la lluvia. El agua de la lluvia se filtraba hacia el sótano. Era una instalación impresionante, luces por todo el lugar”, dijo el capitán Christopher Ruef del departamento de policía de Egg Harbor Township. “De inmediato, dije: ‘Esto es organizado”.

En el condado de Volusia en Florida Central, un detective que investiga una red de casas de cultivo calcula que unas 80 personas estaban involucradas. Uno testificó que se fue a vivir en las casas de cultivo de su hermano inmediatamente después de su llegada de Cuba en 2009. Se le pagó $200 por adelantado y de $5,000 a $10,000 más cuando se cosecharon las plantas.

“Me dieron instrucciones acerca de cómo cuidar la casa, de cómo alimentarlas”, testificó Alexis Méndez-Baez, contando que le dijeron “que para progresar en este país tendría que involucrarme en eso”.

En robos de carga, otro crimen favorito de las redes, los recién llegados a menudo comienzan en la parte inferior de la organización como descargadores de mercancías, cargando camiones y ascienden poco a poco a otros roles.

“Una vez que aprenden el comercio ilegal pueden separarse y comenzar su propio grupo”, dijo Morales, el ex investigador de robos de carga en Miami-Dade. “Esto es lo que ha ocurrido y por eso tenemos tanta gente en esto”.

El ladrón de carga Eduardo del Bono, condenado en 2011, explicó a los investigadores que no hay un solo sindicato que controla esta mafia, sino grupos por separado que cooperan, incluyendo algunos en su red. “Todos ellos se comunican… y hablan de lo que tienen, y luego intercambian mercancías entre sí”.

Ken Morman, un mayor jubilado de la policía de Tampa que investigaba a ladrones cubanos de carga, dijo que las redes buscan los compradores de la mercancía robada de antemano. “Están tan bien organizados que buscan qué robar y ya lo tienen vendido”.

45 estados, 60,000 tarjetas de regalo, $15 millones

El caso de una red criminal en 2012 con alcance a nivel nacional y profundas raíces en Cuba y Miami revela cuán sofisticada y arraigada estas operaciones pueden ser.

Las autoridades federales identificaron al cabecilla como Adrián Ortiz, entonces de 29 años, un ciudadano cubano y residente legal de Estados Unidos. Dirigió una operación que involucró a más de 20 personas – encargados de envíos de dinero, ladrones informáticos en otros países, compradores, propietarios de tiendas de descuento de dólar, y un estampador de tarjetas de crédito conocido como “El Gordo”.

En poco más de dos años, esta organización robó 22,000 números de tarjetas de crédito y las utilizó para comprar más de 60,000 tarjetas de regalo valoradas en $15 millones de las tiendas Wal-Mart en 45 estados y Puerto Rico. Una vez de regreso en Miami, la policía dice que miembros de la red usaron esas tarjetas de regalo para comprar mercancía en Sam’s Club, filial de Wal-Mart.

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En poco más de dos años, una red bastante bien organizada en Miami robó más de 22,000 números de tarjetas de crédito. Con estos números crearon tarjetas fraudulentas que distribuyeron a distintas personas que las usarían en tiendas Walmart alrededor de Estados Unidos, comprando tarjetas de regalo valoradas, entre todas, en $15 millones. Las tarjetas de regalo luego serían vendidas a dueños de tiendas de descuento en Miami, quienes las usaban en Sam’s Club para comprar cigarrillos, cervezas y otros productos que luego revenderían en sus tiendas, según la policía.

El lumpen de baja categoría dentro de la organización cableaba el dinero para comprar los números de las tarjetas de crédito robadas por los piratas informáticos en el extranjero. El Gordo estampaba las tarjetas de crédito falsas. Se avisaban a las mulas cuando las tarjetas con sus nombres estaban listas, luego eran enviadas en pares del Aeropuerto Internacional de Miami a las tiendas Wal-Mart de costa a costa.

Las mulas ocultaban las tarjetas de crédito falsificadas en el forro de su equipaje. Más tarjetas fueron enviadas a través de FedEx a sus hoteles, escondidas en mazos de naipes y juegos de Monopolio.

En las tiendas Wal-Mart, los delincuentes usaban las tarjetas de crédito fatulas para comprar la mayor cantidad de tarjetas de regalo que podían. Una vez en casa, los rateros recibían alrededor del 30 por ciento del valor de las tarjetas de regalo que compraban.

Uno de los acusados le contó a los investigadores que la red vendió las tarjetas de regalo por la mitad de su valor nominal a propietarios de tiendas de descuento. Los dueños de las tiendas las canjearon en un Sam’s Club en el Doral por millones de dólares en cerveza, cigarrillos y otras mercancías que luego llegaban a las estanterías de sus tiendas de Miami y Hialeah, según documentos judiciales.

En una redada de 2012, los agentes incautaron más de $1 millón en efectivo y detuvieron a 20 personas. En la casa de uno de los propietarios de tiendas de descuento, la policía encontró $888,581 escondidos en bolsas de plástico y cajas de zapatos.

Otro acusado huyó a Cuba y sigue desaparecido. Uno de los participantes le dijo a los investigadores que él conocía a los otros “porque son del mismo pueblo en Cuba”.

Ortiz, el cabecilla, recibió una condena de siete años y medio.

“Este no es un grupo aislado”, testificó Sam Fadel, un investigador de fraudes de tarjetas de crédito en la vista de sentencia de uno de los contrabandistas, en 2012. “Esto es parte de un gran esquema de crimen organizado que afecta gravemente a toda la economía”.

Más dinero, menores consecuencias

Las redes se han especializado en delitos que pueden generar impresionantes sumas de dinero con poco riesgo de castigo severo.

Algunos de los botines:

?Cableado de cobre robado de almacenes en el noreste de EEUU en 2011: $25,000 por noche.

?Mercadería comprada en las tiendas Target de Florida Central en 2011 con tarjetas de crédito falsas: $73,577 en un día.

? Combustible robado de gasolineras del condado de Palm Beach en 2008 con tarjetas de crédito falsificadas: $25,679 en cuatro días.

Una red de fraude a seguros de automóviles con sede en Tampa recaudó $20 millones en solo un par de años. Antes de que la policía pudiera arrestarlos, los participantes del fraude habían comprado y revendido ocho viviendas valoradas en medio millón de dólares en la misma calle sin salida, y dos de ellos lograron huir a Cuba.

“Ellos están aquí como un año, y luego son millonarios”, dijo el detective Bill Brantley de la División de Fraude de Seguros de Florida.

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Raúl Echazaba, izq., fue parte de un grupo de inmigrantes cubanos del sur de Florida que fue convicto por vender cobre robado de almacenes vacíos en Pennsylvania, en una operación que según un detective les hacía ganar $25,000 por noche. De regreso a casa en Miami, los ladrones vivían ostentosamente, manejando autos de lujo, festejando por las noches en clubes nocturnos y pescando en un bote construido por encargo.

Los crímenes a los que apuntan estas redes suelen estar sujetos a penas relativamente bajas, son crímenes que en Florida usualmente resultan más de un tercio de las veces en libertad condicional, encontró el Sun Sentinel.

Incluso los que roban millones al Medicare enfrentan un riesgo mínimo – sólo una pequeña parte de los estafadores son procesados y, hasta hace poco, la sentencia promedio era de tres años. Ahora es cerca de cuatro años.

“La posibilidad de ganar cinco, seis y hasta $8 millones frente a una sentencia de muy corto tiempo en la cárcel es muy atractiva”, dijo Alex Acosta, ex Fiscal Federal para el distrito del sur de Florida.

Una red de 20 criminales de Miami, que fue intervenida en 2012 por orquestar incendios con velas y plantas artificiales, recaudó más de $1.5 millones en seguros de inquilinos, pero sólo dos fueron a la cárcel: uno por 364 días y el cabecilla por dos años y medio año.

Muchos de los participantes, recién llegados a EEUU, no tienen antecedentes penales en este país, lo que resulta en penas más leves, dijo el detective Mateo Cárdenas de la oficina del alguacil del condado de Fort Bend en Texas.

Las autoridades a menudo no saben qué antecedentes penales, si alguno, tiene el acusado en Cuba debido a las tensas relaciones diplomáticas entre los dos países. Los inmigrantes que llegan de países aliados que comparten información con EEUU son sometidos a controles más exhaustivos de antecedentes y se les puede negar la entrada o la residencia por delitos graves.

Cárdenas investigó una red de fraude de tarjetas de crédito y robo de combustible que le generaba a uno de los acusados $50,000 por mes. “Cualquier persona diría: ‘me arriesgaría a ir a la cárcel por unos meses, si pudiera hacer $50,000 al mes’”, dijo.

Medicare ha sido notoriamente fácil de estafar. Un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos calculó en abril que de $604 mil millones en pagos anuales, $50 mil millones no tenían sustento o eran fraudulentos.

Una de las razones: el gobierno ha históricamente pagado la mayoría de los reclamos antes de determinar su legitimidad.

“No se hacen preguntas durante 90 días”, dijo William Norris, un abogado de defensa criminal de Miami. “Para entonces, ya te has comprado tu segundo Maserati”.

Expandiéndose por EEUU

Cuando los policías empezaron a hacer redadas en las casas de cultivo de marihuana en Florida Central, se dieron cuenta de que todos los caminos parecían conducir a cierta ciudad en el sur de Florida.

“La mayoría de la gente que hemos encontrado han llegado de Hialeah’, dijo el teniente Brian Henderson, del Buró de Investigación de Volusia. “En cada caso vemos un vehículo que regresa a una casa en Hialeah. Alguna vez vivieron en Hialeah … Algunos de ellos fueron reclutados en Hialeah”.

Investigadores en Texas notaron algo similar, al investigar una red de fraude con tarjetas de crédito que robó más de $1 millón de minoristas en varios estados.

“Siempre había un nexo con Florida: una dirección anterior o algún tipo de conexión: familia, un amigo, un pariente”, dijo Cárdenas. Uno de los acusados “de frente me dijo: ‘Esto es más grande de lo que tú nunca tu podrías haber imaginado. Tiene una escala global’”.

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Luis Soto y Miguel Almanza se conocían de Morón, Cuba, en la izquierda. Al llegar a Miami, abrieron compañías de equipos médicos, algunas con nombres de otras personas en Morón, y facturaron a Medicare cerca de $50 millones en reclamos fraudulentos. Soto, hoy de 48 años, fue sentenciado a cuatro años de cárcel; Almanza, de 42, fue sentenciado a 10.

Desde Miami, las redes de criminales cubanos se han expandido por toda la nación para aprovechar nuevas oportunidades delictivas o para escapar de una creciente intervención por parte de la policía.

Durante las dos últimas décadas, personas nacidas en Cuba con direcciones en Florida han sido condenados en 34 estados, Puerto Rico y Washington. DC, según el análisis que hizo el Sun Sentinel de delitos federales dominados por las redes criminales. Su ganancia en total: $74 millones.

Los accidentes automovilísticos orquestados para defraudar a las aseguradoras comenzaron en Miami a finales de los 90 y para 2007 comenzaron a expandirse hacia Fort Myers, Tampa, Orlando y Jacksonville, dijo Burkhardt, del Buró Nacional de Crímenes a las Aseguradoras.

Cuando las fuerzas del orden en Florida aplicaron mano dura, las pandillas cubanas de ladrones de carga desplazaron sus operaciones a Georgia, convirtiendo a ese estado en el eje de la logística, “un centro de gravedad para el robo de carga”, según un informe de 2006 realizado por la firma de inteligencia global Stratfor.

Las casas de cultivo de marihuana administradas por cubanos se expandió de Miami al resto de Florida, y para 2010 había llegado al sureste del país. “empecé a recibir llamadas de mis contrapartes en Jacksonville y Atlanta diciendo que estaban viendo cubanos”, dijo Wagner, el director del Área de Tráfico de Drogas de Alta Intensidad en el sur de Florida.

Alfredo Tapanes, un ladrón condenado por robo de medicamentos por prescripción, en una conversación grabada en secreto con un informante, discutió la necesidad de ir más allá del alcance de los investigadores del fraude al Medicare en Miami.

“Entonces si abres una clínica en Wyoming, ¿nada te pasaría?”, preguntó el informante.

“Claro que no… y tampoco en Nueva York”, respondió Tapanes. “Te siguen pagando en esos sitios. Todo lo que haces acá también puedes hacerlo allá”.

 
 

5 thoughts on “Sun Sentinel: Saqueando a América (II)

  1. Cría cuervos y te sacaran los ojos. Esa es la consecuencia de una política absurda y obsoleta del gobierno de EU que perjudica a todos. La ley de Ajuste Cubano, gústele o no a muchos de aquí y de allá, tiene sus días contados como bien dijo Fernando en un artículo anterior. Saludos.

  2. Conclusion: la dictadura cubana ro demasiado: convirtio a cuba entre otras cosas en un lugar donde todos se sentian con ganas de marcharse,en una fabrica de delincuentes donde el estado cautivo ampara la impunidad a todos los forajidos para su uso y beneficio,donde es imposible investigar nada y como en otras esferas,la cooperacion con otro estado esta subordinada a sus intereses y nunca es de buena fe

  3. 90% convencido que mas de la mitad de estos delincuentes, los siembran los delincuentes mayores del otro lado (sus amos).
    Entre unos los mayores resultados que buscan es este, dinamitar con el tiempo, la buena fama que el exilio se ha ganado con muuuuuuchos anos de esfuerzo y deseos de salir adelante. Lamentablemente, lo bueno no tiene mal olor, todo lo contrario a la mierda.

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