“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Silenciando periodistas

09herrscher-ES-master1050Tomado de NY Times

El video es angustioso de ver. Marine Le Pen, la candidata del ultraderechista Frente Nacional de Francia, está hablando con periodistas cuando Paul Larrouturou, reportero del programa Quotidien de la cadena francesa TF1, le pregunta por las acusaciones de que su oficina usó fondos del Parlamento Europeo para pagar al personal de su partido. En ese momento, obedeciendo una orden invisible, dos enormes y macizos seguratas se llevan a Larrouturou a rastras hasta la puerta. Le Pen sigue contestando como si todo fuera normal. El periodista apela, cada vez más nervioso, a la libertad de prensa y a su derecho como reportero acreditado. Lo empujan. Sigue protestando. Lo cachetean. Le pegan. Solo otros dos periodistas reaccionan para defenderlo. Los demás toman los gritos del colega apaleado como una molesta interrupción.

El periodista radiofónico alemán Hans-Günter Kellner, expresidente de la Asociación de Corresponsales en España y formador de periodistas de América Latina en temas de memoria histórica, dice: “Si ya el mero hecho de que se emplea violencia física contra un periodista por el motivo que sea es grave, resulta incomprensible que los demás medios sigan con la cobertura como si no hubiera pasado nada, realizando preguntas a la candidata sin dar aparentemente importancia a que le ha pasado a su compañero. Esto recuerda a los peores momentos de Europa y especialmente de Alemania; los periodistas no pueden aceptarlo”. Detrás del ataque, la espantosa normalización.

La Europa de hoy está viendo crecer movimientos xenófobos violentos, poco amigos de la prensa independiente. En Grecia el partido filofascista Amanecer Dorado declaró la guerra a los reporteros de diarios de izquierda. En 2013, al salir de los juzgados en una de las causas en su contra por amenazas, su vocero Ilías Kassidiaris —quien luce una esvástica nazi tatuada en el brazo— escupió a los periodistas que querían entrevistarlo al grito de “¡Abrid paso, no grabéis o empezaré a romper cosas!”.

Esto no es nuevo. El trato hacia los reporteros preguntones es desde el comienzo de la prensa de masas uno de los signos para identificar a los candidatos y gobernantes autoritarios. El presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt, quien gobernó de 1901 a 1909, ya había acuñado un nombre para los periodistas que lo molestaban: muckrakers, paleadores de estiércol.

Pero el drama se está intensificando en ambas orillas del Atlántico a medida que surgen y llegan al poder líderes populistas que apelan a un lenguaje violento hacia los inmigrantes, los defensores de los derechos de las mujeres y otras formas de sexualidad, y todos los que osan criticar sus ideas o sus políticas o investigar sus manejos de dinero público, empezando por la prensa.

En Estados Unidos, el entonces candidato republicano Donald Trump ya había incursionado por este camino, aunque con menos violencia explícita. El 25 de agosto de 2015 el periodista mexicano-estadounidense Jorge Ramos fue sacado a empujones de una conferencia de prensa de Trump por hacerle una pregunta incómoda sobre el muro que este prometía construir. Y los demás periodistas también siguieron haciendo preguntas como si nada.

El peligro de no ver la amenaza que representan los líderes que atacan a los periodistas incómodos ya lo había visto en 1933 Noel Panter, del Daily Telegraph de Londres. Panter fue el primer corresponsal extranjero que tuvo el honor de ser expulsado de la Alemania de Hitler por escribir sobre lo que veía. Su delito: describir con precisión una marcha de 20.000 tropas de asalto en Múnich.

En su libro Reporteando en la Alemania de Hitler, Will Wainewright cuenta esta historia, y enfatiza que si no hubiera sido por la presión del gobierno y la opinión pública en Gran Bretaña, la suerte de Panter hubiera sido mucho peor. Panter “fue increíblemente valiente porque muchos corresponsales en Alemania obedecieron a los nazis: sabían que si decían algo que les disgustaba serían expulsados”, escribe Wainewright.

Y después nos preguntamos por qué el mundo tardó tanto en enterarse de qué pasaba dentro de las fronteras de Alemania.

Lo que ocurrió en la Alemania nazi resuena en lo que sucede hoy, tanto por la orientación política como por los métodos de los partidos de corte autoritario que surgen a la sombra de la crisis, la frustración y la ignorancia.

En América Latina también han arreciado en los últimos años los ataques de líderes contra los reporteros que les hacen preguntas incómodas. Desde caudillos de derecha como el colombiano Álvaro Uribe, quien sindicó peligrosamente a periodistas críticos como aliados de la guerrilla, hasta populistas de izquierda como el ecuatoriano Rafael Correa, quien se ha querellado contra medios opositores exigiendo sanciones draconianas, América Latina muestra que la estrategia de silenciar el mensaje atacando al mensajero no es solo de neonazis y nacionalistas europeos o de Donald Trump.

Estos ataques no son solo contra los periodistas. Son una amenaza contra todos los que no están dispuestos a obedecer sin chistar.

Este es el mundo que viene si no nos unimos y lo paramos. Vienen tiempos duros. Si los reporteros no son capaces de unirse para defender a un compañero de grandotes como los de Marine Le Pen, nos agarrarán de uno en uno. Los guapos del barrio se saldrán con la suya y podrán seguir mintiendo y exigiendo respeto y obediencia. Solo los podrá parar la unidad y la valentía colectiva, de los periodistas y de la población.

Los periodistas deberíamos prepararnos para estos ataques que, me temo, apenas comienzan. Si un político o funcionario se niega a contestar la pregunta de un colega o siquiera a escucharlo, hay que dejar de preguntar hasta que le haga caso. Si se expulsa a uno de los nuestros, exigir que vuelva o amenazar con salir en masa. Y si se le zarandea o pega, como pasó con Larrouturou, protegerlo y arroparlo y enfrentar juntos el mal.

Ojalá el gremio se ponga de acuerdo para defendernos y defender el derecho del público a saber la verdad. Pero me temo que hasta hoy muchos periodistas siguen sin entender la gravedad de lo que está pasando y actúan como corderos frente al lobo.

 
 

8 thoughts on “Silenciando periodistas

  1. Los propios periodistas muchas veces por no perder el empleo son quienes terminan ayudando a que monstruos lleguen al poder

    Son los propios periodistas quienes tienen que darle mas respaldo e independencia a los sindicatos y organizaciones que defienden sus derechos a preguntar,investigar y publicar

    Estoy seguro que muchos individuos estariamos dispuestos a crowdfunding para financiar periodistas independientes ,,,,,hagan la prueba y veran

    yo miro todas las noticias,,,,,miro todas las televisoras y al final valoro mas a los periodistas freelancers que arriesgan todo para buscar la verdad

  2. Eso de echar a un periodista a empujones no es nada. Después el periodista escribe un artículo muy enfadado atacando a quien ordenó que le empujasen.

    El problema está en los gobiernos que articulan leyes para silenciar las críticas. La persecución del presidente ecuatoriano Correa contra la prensa es un buen ejemplo.

    En el 2011, le impusieron 3 años de prisión y 40 millones de dólares de multa a los periodistas Emilio Palacio y tres directivos del Universo. El motivo fue que escribieron un artículo que “atentaba contra el honor del presidente”

    A modo de comparación los tribunales ecuatorianos condenaron a la administración de Ecuador a una multa de dos millones de dólares por la tortura y asesinato de los hermanos Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo.

    Es decir, por torturar y asesinar dos personas el castigo son dos millones de dólares; pero por escribir un artículo contra el presidente el castigo son 3 años de cárcel y 40 millones de dólares de multa.

  3. Están en la conciencia ética de los profesionales del periodismo en cerrar filas y apoyar a cualquier colega agredido, sea de donde sea, independientemente si es de otros medios, pero se ha vuelto tan obcecionado la competencia, la primicia que están inmune a la profesión y al compañerismo. Mientras sigan cada cual por su lado, más serán abusados los periodistas, y da vergüenza como señalan a países dictatoriales y en EUA y otros países desarrollados ya se cuestiona la libertad de de expresión, de prensa, la importancia de los médios informativos, ya el Twitter es más seguido, ya se inventaron “verdades alternativas “, no sé en realidad que está pasando.

  4. En. Cualquier pais del mundo que la. Libertad. De. Expresión del. Pueblo. Y. Mas. Aun el. Periodismo. Critico. Sea. Penalizado. Y callado esta. Mal va. En. Contra. Del.hombre. de. Defender. Sus. Derechos

  5. De forma general la libertad de expresion y la democracia siempre estarán subordinados a los poderes. Y los poderes andan como que se quieren repartir el mundo otra vez. En europa se está perdiendo la calma.

  6. La derecha en el mundo esta ganando simpatizantes gracias a la falta de tacto de la izquierda que reparte y reparte sin producir nada a cambio y en este momento esa sonando la alarma cuando el tanque del auto esta al vaciarse.
    Ahora vendrá el momento de parar las repartidera y producir, para mas adelante, comenzar con un nuevo ciclo.

  7. Los periodistas no son una especie humana singular. Tienen un oficio, como lo tienen los abogados, los medicos, los policias, los curas o los ingenieros. Los hay buenos y malos. Muchos son honestos y muchos son oportunistas. Los hay irreverentes y los hay sumisos. Pocos tienen como mision informar y casi ninguno es neutral. Persiguen difundir una idea casi siempre pre establecida, para cuya fundamentacion procuran datos, citas e imagenes. La independencia de lo que publican es extremadamente escasa, pues responden a la politica edotorial de quien les paga. No son necesariamente los amigos, pero tampoco los enemigos.

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