“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Siguen los accidentes de tránsito

Tomado de Granma

Sales de casa con la convicción de que será un día como cualquiera, como el anterior… Sobre todo, uno más. La confianza tiene, a menudo, esa terrible carga: más de las veces que quisiera termina recordándonos que hay cosas que no debemos dejar al azar. La vida, por ejemplo, viene a ser una de esas recurrentes lecciones.

Estás parada cerca de la esquina de Tulipán y Boyeros, una intersección peligrosa de la capital, de las 19 que han sido identificadas por las autoridades. Vas junto a un oficial a recorrer la vía. Son días en los que tránsito, precaución, accidentes, han sido palabras reiteradas en las noticias.

Pasa un niño entre sus padres sobre una moto. Los miras doblar, alejarse… Es una imagen sublime. Y, sin embargo, un niño entre sus padres, sin casco de protección, sobre una moto, es la imagen de la desgracia que acecha. Ninguna de las urgencias cotidianas debería llevarnos a ese riesgo.

Si te fijas, hay pórticos nuevos, no solo en Boyeros, sino también en calles como Quinta Avenida y Vía Blanca, dice el oficial. «Facilitan la visibilidad a los conductores y son más fuertes y duraderos para enfrentar las afectaciones climatológicas», explica mientras comienzas a mirar conscientemente a la esquina del semáforo, por donde pocos cruzan, mientras otros van de lado a lado de la avenida, sorteando los carros.

En solo 6,7 kilómetros, 20 accidentes y seis lesionados. Ese es el saldo de siniestros de tránsito que el primer trimestre de este año dejó en uno de los llamados tramos peligrosos de la capital: Boyeros, desde Salvador Allende (Carlos III) hasta 26 y Carlos Manuel de Céspedes.

No muy lejos hay un agente que vela el tránsito. La palabra que sale como ráfaga, cuando se le pregunta por las infracciones de mayor peligrosidad que detecta en su turno, es velocidad. Sí, la velocidad, que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) está en la base del problema mundial de las lesiones por el tránsito.

Poco tiempo pasó para poder presenciar cómo en plena zona de escuela, donde el límite máximo establecido es de 40 km/h, un conductor fue detenido por superar los 70 km/h.

Entre las siete de la mañana y las siete de la noche, cada día, alrededor de 50 infracciones de este tipo son detectadas solo en este punto de la vía, a las que se suman las cometidas por peatones y los cambios innecesarios de senda.

Son estas, además, algunas de las principales causas de que en el 50 % de los territorios del país aumentara en el año 2017 el índice de accidentalidad, si bien disminuyeron las muertes. No obstante, las alarmas se dispararon este primer trimestre del 2018 cuando hasta el 19 de marzo se registraron 14 accidentes masivos.

Quien conoce los medios y el mundo de la comunicación, sabe bien el peligro de «naturalizar» las cosas. Las noticias son capaces de volver lo terrible en «cotidiano», o viceversa. Y sabes que detrás de cada gran titular en los periódicos sobre graves colisiones ocurridas en algún lugar del país, del mundo, hay cientos, miles de otras de las que nadie más allá de los afectados, sabrá. Pero que están.

«Muchos de los vehículos, explica el oficial, no estaban diseñados para la transportación de pasajeros». Con esta idea llegas a la Terminal de Villanueva. La fila de camiones con destino a las provincias centrales y orientales es grande; y la inspección técnica de los mismos antes de que comiencen viaje, así como la revisión de los documentos y que lleven chofer acompañante, es una prioridad hoy para las autoridades, con resultados palpables.

Al menos ninguno de estos vehículos, desde que se comenzara a implementar esta medida a mediados del 2017, se ha visto involucrado en un siniestro de tránsito, dice el oficial.

El contrachequeo que en la autopista nacional y la carretera central se realiza a los camiones dedicados a la transportación masiva de pasajeros, y no solo a estos, sino a todos los vehículos –tanto por los inspectores del transporte como por los agentes– ha sido decisivo. Velar por los requisitos anteriores y corroborar que no haya exceso de pasaje son acciones indispensables.

Si se voltea la otra cara de la problemática, contrasta saber que «más de 3 400 personas mueren diariamente en las carreteras del mundo. La mitad de ellas ni siquiera viajaba en automóvil. La devastación que estos incidentes causan a las víctimas, las familias, los amigos y las comunidades es incalculable», señala la OMS.

Resulta alentador entonces pasar por el paso peatonal de 100 y Boyeros, hoy mucho más que una medida eficaz para proteger al peatón. Recuperar esta obra representa la tranquilidad de cientos de personas, entre ellos estudiantes, niños, que cada día transitan por este lugar, ahora, más seguros.

Los mal llamados «accidentes» –pues la primera convicción es que son prevenibles y evitables– y entre los cuales se contemplan los de tránsito, ocupan en Cuba, de acuerdo con el Anuario Estadístico de Salud del 2017, la quinta causa de muerte en el país, con una tasa de 49,7 por cada 100 000 habitantes, y
5 591 defunciones el pasado año. De estas muertes, 880 correspondieron a siniestros de vehículos de motor y 124 a otros «accidentes» del transporte.

Que todas las arterias no están transitables y en varios casos se encuentran en pésimas condiciones, es cierto. Que el estado técnico de los vehículos es un tema pendiente, también. Pero no son, y los datos son claros, el principal factor de desenlace fatal en un «accidente». Hoy, de hecho, con un mayor parque vehicular es menor el número de incidentes.

Cada 12 horas en Cuba hay una víctima fatal en la vía, refieren las estadísticas de la Comisión Nacional de Seguridad Vial. Crees que es exagerado, quizá, hasta que el oficial que te acompaña recibe el aviso.

Y en la escena, entre las marcas del pavimento, los destrozos de lo que era una moto, y a solo unos metros del camión que debió golpearlo, está un joven sin vida.

Velocidad, oyes decir a alguien. A unos pasos, se encuentra el «casco» que debió protegerlo. «Quita multas» le dicen.

Y te martilla la idea de cuánto nos falta en esta apuesta de entender que la prevención de los siniestros es un problema de quienes deben velar por el orden, pero también de todos los usuarios de la vía: peatones, pasajeros, conductores… A fin de cuentas,  somos en la calle,  el eslabón más débil.

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