“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

¿Quién pone las reglas para el debate?

cuba-censura-ciberespacioTomado de La Esquina de Lilith

Alguien me mandó vía email, hace unos días, el texto Reglas para el debate o cuestión de principios de Rafael Cruz, publicado en el diario Granma, en el que el articulista propone dos reglas excluyentes sobre con quiénes o no, a su juicio, debatiría en el complejo proceso de construcción social que vivimos.

Yo discrepo con algunos de sus planteamientos, pero esto no es una respuesta sino una reflexión, digamos que palabras sacadas por otras, palabras desde mi realidad, mi edad, mis convicciones…

Ciertamente el que se nos viene encima, es un debate intenso. Un debate en el que entrarán  en juego nuestros principios, esos que defendimos durante tantos años de todas las maneras posibles, desde todas las historias, o esos de los que se separó gente también de las más disímiles formas, desde sus propios devenires y dolores.

Y este es el primer punto. Yo creo en la superioridad del socialismo como sistema social, como forma de justicia social, y por tanto creo en esta especie de socialismo tropicalizado que estamos  viviendo pero que necesariamente debe aspirar a más: desde el comienzo fue un camino, no un destino en sí mismo.

Pero que yo lo crea, que lo crean los noticieros, que lo crea una porción de la sociedad, que lo crean las personas que conforman el poder nunca será suficiente.

El socialismo, la apuesta por el socialismo debe volver a pasar por el consenso de todos los cubanos, de todos los que están aquí, ya que parece todavía lejano el momento en que puedan tener voz todos los que quieran ejercerla, no importa dónde vivan.

A fin cuentas, cada reto en su construcción siempre será un reto social, como lo ha sido hasta ahora. La resistencia, lo que tenemos hoy, es el resultado de millones de historias de resistencia, de gente que se comía un arroz con frijoles y se iba a trabajar, de la madre que inventaba zapatos para que sus hijos no dejaran de ir a la escuela, de gente que ha optado por quedarse pagando los duros precios de la soledad.

Y dentro de esos millones de historias también están las de los que no están de acuerdo con el socialismo o con el tipo de socialismo que conocen en Cuba, y a pesar de ello están aquí. Hay que aceptarlo: esas personas, nos gusten o no, formarán parte en ese debate: así es como es, y como debe ser.

El tema, en definitiva, es que dar por sentado el socialismo, que el pueblo en general seguirá apostando por él y sentarnos a esperar que ello ocurra, a estas alturas es un error político que no podemos cometer, y más nos vale tomar nuestras notas y actuar después de los reveses de la izquierda latinoamericana.

Han cambiado los escenarios, no importa que los años desde aquel momento en el que como pueblo mayoritariamente firmamos por la irreversibilidad del socialismo en Cuba sean relativamente pocos, y ha cambiado la gente.

Las más evidentes radicalizaciones de nuestro proyecto social, hasta ahora, casi siempre ha sido una reacción a una acción en nuestra contra, no importa desde dónde se gestara, desde la proclamación del carácter socialista de la revolución cubana en la década del sesenta del siglo pasado, hasta la más reciente reforma constitucional del 2002.

De modo que no se nos puede escapar el hecho de que la reforma constitucional anunciada por el presidente Raúl Castro será la primera, desde el Triunfo de la Revolución, que se hará sin la presión de la guerra declarada con Los Estados Unidos, y que ahora toma tintes más suaves, aunque no menos peligrosos.

La sociedad cubana también es diferente a la de hace una década. La gente del 2016 pasó de una estado totalmente benévolo, que subsidiaba todo para todos, a uno que en pos del avance económico y la sostenibilidad aunque sin renunciar a los principios de la justicia social y la inclusión, ha ido eliminando subsidios, impulsó un proceso de reacomodo del empleo estatal que dejó disponibles a miles de personas y abrió las puertas a un sector privado que impone sus propias reglas.

Una sociedad además signada por un proceso de emigración que ha desmembrado familias y que hace bien poco vio cómo miles de sus hijos se quedaban varados en centroamérica mientras trataban de llegar a Los Estados Unidos, y que en menos de seis meses ha recibido a Barack Obama, los Rolling Stone, un desfile de Coco Chanel, y una megaproducción de Hollywood.

Tampoco podemos obviar que la reforma será la última que verán en el poder los líderes de la generación histórica, esa que luchó por lo que tenemos hoy y cuyo mérito y estancia en las altas esferas de la dirigencia del país, son apoyados por la inmensa mayoría de los cubanos y seguidos prácticamente sin cuestionamientos.

La generación que acceda al poder, y que ya se asoma en algunas figuras, tendrá que abrirse paso desde la ética y el ejemplo, desde la comunicación política y desde un proyecto de país con el que sean capaz de identificarse desde la generación de mis abuelos, hasta todas las que han crecido después, aunque ninguna sea igual a la otra.

Porque tampoco, según lo visto hasta ahora, hay en todas nuestras esferas públicas un solo líder comparable al menos con el liderazgo carismático de Fidel, quien  sacó adelante a este país a cuenta del orgullo nacional y la unidad hasta en los peores momentos.

Pensar, trabajar en esos consensos, creo, es más importante que sentarse a delimitar quiénes pueden o no participar en un debate que debe ser inclusivo si en  realidad quiere llegar a algún sitio para bien de la nación. Dialogar es incluir, así no salgamos de acuerdo: Limitar, excluir siempre será reductivo y enajenante.

Y en medio de ese diálogo, que ojalá sea duro, que ojalá sea movilizador…, tendremos que lidiar con nuestros errores como país, con el daño que ha causado el oportunismo y la hipocresía, con las consecuencias de todo lo que hemos hecho y lo que no: eso también puede resultar edificante, cohesionador, esperanzador incluso.

Dialogar es el punto y lo que, a fin de cuentas, hicimos cuando luego de más de medio siglo de enemistad con Los Estados Unidos, una enemistad que fue de palabra y de hecho, con muertes incluidas, y dolores que todavía no sanan, decidimos restablecer relaciones diplomáticas con ese país y empezar un proceso de normalización que, no obstante, todavía tiene varios pendientes.

Al final, creo que hemos crecido en un país lo suficientemente bien formado como para que cuando llegue el momento, cada quien sepa dilucidar, distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre el espejismo y la realidad, entre el patriota y el que opina según quién pague.

 
 

9 thoughts on “¿Quién pone las reglas para el debate?

  1. Los diálogos en Cuba han sido meros monólogos de un ególatra. Luego, ni eso. Ni en las alturas hay diálogos, solo intercambios de impresiones acerca de los mejores modos de mantener el poder, de las mas expeditas vías para el robo al pueblo. Un dialogo abierto daría libertad de expresión y de ahi la exigencia de reglas descaradas para garantizar su fracaso. El monologo del poder seguirá mientras puedan mantenerlo.

  2. Muy coherente el articulo, aún bordeando aquellos miedos de llamar las cosas por su nombre como puede ser “disponibles” en lugar de desempleados.Como ella, creo que en lo duro y movilizado r del diálogo que se establezca se juega, nuestra sociedad una importante carta de credibilidad de las generaciones más jóvenes.

  3. No se vale cambiar las reglas finalizando el partido. El socialismo siempre se nos dijo que es el camino, y por ende, el destino. Solo que, en Cuba, fue camino para establecer una tiranía de más de 57 años. Una tiranía que anuló la libertades de su propio pueblo y es cruel, intolerante, abusiva, corrupta, y por ende, como madre de todos los males, la apoya la izquierda internacional (dudo que lo publiques)

  4. Cada párrafo de este articulo merece un comentario. No hay tiempo para hacerlo. Socialmente, reconozcanlo, Cuba esta hoy muy atrasada. Nececita un aprendizaje que lo esta tomando con el acceso a las redes. Que saben de otros socialismos que no sean el unico y totalitario cubano?. Oimos decir de otros, me contaron esto, y asi. La social democracia europea, Obama ha sido un socialismo “light”, les gusta?. Se que es un asunto para debatir todos pero de ejecucion puramente de la juventud. Por favor, no queremos mas viejos en los mandatos!! A trabajar!

  5. Nunca leo el Granma (así como no veo el Noticiero ni ningún espacio informativo transmitido por la Televisión Cubana -incluida, por cierto, toda la programación de TeleSur, que me parece un medio de instrumentalización ideológica y de escamoteo por parte de unas élites políticas, y de la legión de pseudoinformadores y pseudoacadémicos que las sirven, de la noción misma de “pueblo latinoamericano”-).
    Soy cubano, soy -incluso desde un criterio estrictamente estadístico- joven; vivo y trabajo en Cuba, y no creo en “en la superioridad del socialismo como sistema social”, ni siquiera en lo que se refiere a “esta especie de socialismo tropicalizado que estamos viviendo”.
    La gente que piensa como yo no necesariamente tendría que ser una minoría (como festinadamente afirman la articulista y cuanto corifeo se pronuncia sobre el particular), en vista de la ausencia absoluta, en Cuba, de mecanismos confiables de medición de la opinión pública, y de la inexistencia de una sociedad civil que…

  6. …Y solo dos (apresuradísimos) comentarios sobre el contenido del artículo:
    1) Cuando la autora habla de “aquel momento en el que como pueblo mayoritariamente firmamos por la irreversibilidad del socialismo en Cuba”, exhibe una ingenuidad enorme. Pues no tiene en cuenta que la legitimidad de esa consulta, al no ser de carácter secreto, inmediatamente se cancela (yo mismo, lo confieso, lo firmé en contra de mi conciencia, por temor a represalias: estaba estudiando en la Universidad y no quería que me expulsaran, como había pasado con los estudiantes que tuvieron el valor de respaldar el Proyecto Varela, y como pasó –y pasa, hoy nuevamente- con los venezolanos que ofrecieron su firma a favor del Referendo Revocatorio, que son objeto de intimidación por parte del gobierno).
    2) Falta a la verdad la autora (la ingenuidad y la simpatía son atenuantes solo hasta cierto punto) cuando declara que el régimen, justo hasta el otro día, encontraba su realización en “un estado totalmente…

  7. Opiniones son opiniones y como en el Arte, en la política todo discurso es polisémico, pero…Lo que está sucediendo en Brasil y lo que pretenden hacer en Venezuela es el mismo guión de la película made in USA que nos quiere regalar. En ningún sistema las reglas las dictan los de la clase media hacia abajo…Eso es ciencia ficción.

  8. Esta senora da por sentado que el pueblo mayoritariamente apoya el camino que los ha llevado al lugar donde se encuentran es decir que estan razonablemente contentos con el estado de las cosas, jamas se han sometido a una eleccion libre, quiere decir x lo menos sin el control total de todos los medios de difusion, no es mas que una mas en la comparsa de seguir ganando tiempo, para los que ostentan el poder y todos los privilegios se mantengan asi, yo diria no es una voz es solo un eco mas en el coro

  9. para mi un articulo mediocre,empezando porque el pueblo jamas voto,jamas tu palabra en alguna decision,2 ancianos se tomaron la atribución de mandar toda su vida y el resultado económico y social es pésimo,lo peor,entonces que quire decir

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