“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

¿Puede el Estado cubano manejar el mercado?

mercado-economia-cuba-cubanos

Tomado de Granma

Un largo expediente de incongruencias, papeleo, reservas ociosas y otros enredos acumula la planificación centralizada en Cuba. Las demoras para recibir los recursos programados hacen peligrar luego, muchas veces, la producción planeada y agudizan la desconfianza en este método de dirección.

La confección de los planes económicos adquiere más sabor a fastidio burocrático que a ejercicio de creatividad. El «corta y pega» de datos de un año a otro suele sustituir al estudio de mercado, oportunidades, inversiones, riesgos y beneficios, nuevas metas y la calibración de los recursos necesarios. En una suerte de pugna tácita, los de abajo reportan capacidades productivas inferiores a las reales y necesidades sobredimensionadas, convencidos de que los de arriba les aprobarán recursos en montos menores a lo solicitado y les exigirán resultados más altos. La vida es más compleja.

Sello de la economía socialista, la planificación constituye paradójicamente la gran deuda del socialismo y su garantía mayor.

Sin la planificación centralizada, Cu­ba no hubiera podido acometer, a partir de los años 60, transformaciones radicales de la economía y la sociedad, ni hubiera sobrevivido cuando quedó a solas en los 90, al desaparecer la Unión Soviética. La administración central de los menguados recursos disponibles permitió resistir la tormenta del Periodo Especial y desarrollar, en medio de esa agónica coyuntura, la biotecnología, la industria farmacéutica y la medicina, puntales hoy de las ciencias y los ingresos cubanos en moneda dura.

Pero, así como desató nudos del desarrollo de largo plazo, la planificación centralizada fracasó al intentar trazar, en el mismo mapa, los planes anuales —de corto plazo— del país, de los territorios y de cada unidad económica, cafetería y timbiriche de barrio.

Para reordenar ese sistema, y eliminar métodos burocráticos que frenan la gestión empresarial y gubernamental, el país transita hacia un modelo que se aferra a la planificación socialista como vía principal de dirección de la economía y defiende la centralización de estrategias, aunque rompe con la práctica histórica, al entregar gradualmente mayor autonomía a las empresas y los territorios.

Otro argumento se suma a favor de esa transformación. En la Cuba de hoy asoman zarzas que hacen peligrar y, a la vez, tornan más imperiosa la reforma de la planificación y su regulación. Desde la resistencia pasiva al cambio, que se deriva del hábito de administrar a la espera de una decisión superior, hasta la presencia del polémico mercado en un contexto monetario que ofrece más ventajas a las formas no estatales.

La descentralización y el mercado avanzan también por la entrada en escena de nuevos actores de naturaleza muy heterogénea: cooperativas, empresas privadas, cuentapropistas, compañías extranjeras y mixtas, y trabajadores asalariados en ámbitos no estatales, que conviven con las tradicionales formas estatales y los clásicos consumidores. Si alguna vez estuvieron bloqueadas, las relaciones mercantiles y contractuales del sector cooperativo y privado con las empresas, bancos, organismos gubernamentales y otras instituciones del Estado ahora tienden a destrabarse y regularizarse.

Las relaciones mercantiles ganan protagonismo. Es una realidad que exige, a mi juicio, de una administración central más diestra y firme que nunca, no solo para exorcizar la rectoría del mercado, sino para garantizar una planificación, con regulaciones y políticas económicas, que atajen el daño causado por desequilibrios estructurales como la dualidad monetaria y cambiaria.

La eficacia de la planificación queda en entredicho cuando las empresas y unidades presupuestadas se ven obligadas a concebir planes prácticamente en tres monedas simultáneas: pesos cubanos (CUP), pesos convertibles (CUC) y ahora los certificados de liquidez, los ya populares CL, último recurso del Banco Central para distinguir los fondos con respaldo financiero real. La información necesaria para planificar, ejecutar y controlar aparece envuelta en una nebulosa de difícil lectura hasta para un Premio Nobel de Economía.

Igual distorsión padecen los intentos de regular la actividad no estatal, aun mediante impuestos y otros mecanismos indirectos, más avanzados que el desgastado ordeno y mando de la administración centralizada tradicional. El Estado no puede hacer mucho cuando las entidades estatales y no estatales operan internamente con tasas de cambio casi opuestas. De la diferencia entre la tasa de Cadeca, la tasa oficial y alguna otra intermedia, emergen precios, ganancias y negocios que colocan en franca desventaja al sector empresarial y laboral que carga con el peso mayor y fundamental de la economía, una contradicción que pone en riesgo hasta los planes de crecimiento económico del país y amenaza con perpetuar males como la inversión de la pirámide social.

Los tropiezos y resistencias, inevitables a medida que se profundizan los cambios, se sortean o aminoran si cada paso cuenta con condiciones propicias. El desafío, aún en deuda, es que el propio proceso de transformaciones consiga crearlas.

 
 

11 thoughts on “¿Puede el Estado cubano manejar el mercado?

  1. Ariel Terrero es de los periodistas con más prestigio en el conocimiento de la realidad cubana, y aquí expone problemas de antaño y otros nuevos q se mezclan en la ineficiencia productiva del país. Y?

  2. a juzgar por lo que el propio autor del artículo expone, y sobre todo por lo que no expone.. el estado no solo no puede manejar el mercado, sino que al parecer, tampoco quiere.

  3. Ya el estuvo haciendo su analisis economico en la revista que temprano se transmite por TV, primero vimos como se corto el pelo, y despues vimos como sus comentarios peliagudos, se tornaron maquillaje, y dejo de ser aquel comentario real que muchos esperamos. Que este publicando sus trabajos en la prensa plana oficial, es bueno, ahora lo que importa es que tomen en serio sus aciertos economicos, y se pongan en practica, o, esperemos que su columna se degrade y cambie el discurso, como paso en BUENOS DIAS, esperar, un infinitivo que tiene olor a decepsion, frustracion, y hasta cansancio para la mayoria de los cubanos.

  4. Indudablemente que si. Y no mercado capitalista sinó de cualquier tipo. Para el GC es facil: Da lo que hay, y punto. Lo demas es culpa del bloqueo o imperio da igual, la culpa es de otros. El reparto del socialismo es el reparto del carnicero: Mata lo que reparte. (Victor Hugo en Los Miserables).

  5. Me imagino estos economistas, que pueden ser muy buenos tecnicamente, pero atados de pensamiento, saben hasta donde da la soga y q d ahi no pueden pasarse, lod comprendo y m dan pena; saludos

  6. Le leí algunas vez al profesor Juan Triana que una cosa es planificar el desarrollo económico y otra muy distinta es planificar la economía. Aqui parece que Ariel Terrero, con otras palabras, le está dando la razón a Triana.

  7. Siempre me dio gracia que se les llamara Países de economía planificada a los socialistas donde la planificación es, en el mejor de los casos, un grupo de burocratas de buenas intenciones. Planificar macroeconomías requiere unos conocimientos matemáticos muy grande. Grandes centros de cálculos. Mas la buena voluntad antes mencionada.
    No veo nada de eso por aquí

  8. El artículo es sintético y abarcador y crítico, hasta donde el periodista se permite (tampoco hay pedirle que haga de iracundo kamikaze, que además de letal sería inútil), pero refleja entrelíneas una realidad incontestable: al Estado-gobierno le importa más mantener el poder como y donde está que mejorar las cosas para la gente y desarrollar el país. De ahí las decisiones que mantienen a toda costa el poder centralizado en las mismas manos desde hace mucho. Para ello ha contado con todo el tiempo del mundo, el mecenazgo de algún país (con sólo un período, el “Especial”, de desprotección) y la llave de los truenos apoyada por una retórica nunca cuestionada o rebatida, por lo que no ha tenido mucho apuro ni se ha sentido presionado por nada.
    Cada decisión que le ha alejado algo el control sobre vidas y haciendas ha sido tomada ‘obligatoriamente’, condicionada por circunstancias críticas, así que la demora en aplicarlas ha sido sólo un recurso táctico…

  9. De todas formas este Estado-gobierno al menos ha logrado en estos 58 años, entre otras conquistas, seguridad ciudadana y la posibilidad que tiene mucha gente en este país de vivir sin trabajar o ‘inventando’, aunque admitamos que con poca calidad de vida.

  10. He tenido y tengo la percepción de que el país hace tiempo se está manejando como una bodega, sólo mirando al día siguiente. La planificación central “total” no ha funcionado en ningún lugar. Hay actividades que la requieren pero a otras, las frena. Además todos sabemos, y Ariel también, que en nuestro modelo siempre ha habido algún “planificador en jefe” que en determinadas decisiones hace caso omiso de las instituciones creadas para esa función.
    Siempre los cambios generan resistencias por parte de los afectados y eso es bueno, para ralentizarlos y mejorar su control. Pero en nuestro proceso de transformación, la resistencia procede de los mismos que deben promoverlos; este caso excepcional no lo contempla ningún estudio de los muchos que se han hecho sobre teorías del cambio. No derramemos la totalidad de la culpa a “los de abajo” de la lentitud de los cambios; gran parte de ella sabemos dónde recae.
    Saludos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *