“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Mirtha y el cine

Foto: Claudio Pelaez Sordo.

Tomado de OnCuba

Para Mirtha Ibarra el tiempo corre a otra velocidad. Ella, uno de los rostros indiscutibles del cine cubano, conserva intactos su temperamento jovial y su mirada despierta. Sigue encantando en la gran pantalla… y fuera de ella.

Mirtha habla sobre cine con desenfado, de aciertos y desaciertos, de recuerdos y aspiraciones.

El séptimo arte ha hecho de ella una artista versátil, dispuesta a enfrentar aun los más disímiles papeles. Sin embargo, revela a OnCuba, no olvida nunca las enseñanzas del teatro y recuerda con nostalgia a Tomás Gutiérrez Alea “Titón”, su esposo y sin duda su segunda y definitiva academia.

Sus inicios fueron en el teatro, pero ha sido el cine el que ha marcado su carrera. ¿Su preferencia por este medio ha sido fruto del azar o resultado de una elección?

Yo creo que ha sido una mezcla de varias cosas. Uno se puede forjar un camino, pero la vida también te ofrece oportunidades que no puedes desperdiciar. O también tienes suerte para conseguir ciertas cosas. Yo empecé haciendo teatro. Ese medio para mí fue una escuela, pero no niego que me siento mucho mejor haciendo cine.

¿Por qué?

Porque el teatro tiene cosas maravillosas, como estar en contacto directo con el público; pero es muy efímero, y eso no me gusta. Salir al escenario y no perdurar en la mente del público me resulta un poco desagradable; y a todo actor, o a todo ser humano, le gusta perdurar en el tiempo. La idea de desaparecer, de que no quede nada de uno, nadie la asimila.

El cine tiene esa ventaja por encima del teatro. Tiene más perdurabilidad porque la obra queda para siempre y el actor tiene incluso la posibilidad de criticarse su propio trabajo. Además, el cine tiene un recorrido internacional mucho más amplio. Un filme puede tener un alcance mundial, mientras que para una obra de teatro es más difícil.

Recuerda con nostalgia a “Titón”, su esposo y sin duda su segunda y definitiva academia. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

Sin embargo, Obsesión habanera fue todo un éxito teatral, y recientemente hizo otra aplaudida obra para teatro: Neurótica anónima

Es cierto, pero lo hice porque necesitaba trabajar y tenía deseos de decir cosas, de bailar, de cantar. Si no me llaman para hacer nada, entonces una misma tiene que hacer las cosas. Ahora Juan Carlos Tabío quiere hacer una versión para cine. Estoy enfrascada en eso actualmente. Ya hicimos la sinopsis y el argumento; pero debemos elaborar el guion y encontrar un productor. Para eso hace falta dinero, que no lo tenemos. Lo estamos buscando, por algún lugar debe aparecer, aunque no es una producción muy cara. Los protagonistas seremos Jorge Perugorría, Joel Angelino y yo.

¿Cuánto le debe su comienzo en el cine a Tomás Gutiérrez Alea?

Todo. Yo empecé a hacer cine con Titón, pero solamente después de ocho años de matrimonio. Él decía que no me daría un papel hasta que no encontrara un personaje adecuado para mí. Mi primer personaje importante llegó entonces en el filme Hasta cierto punto. A partir de ese momento no solo fui su esposa sino una actriz que podía trabajar con él, y nuestra relación se hizo mucho más profunda.

¿Cómo considera que ha evolucionado el séptimo arte cubano desde su debut hasta ahora?

Desde los años 70 hasta principios de los 90 del siglo pasado se hicieron muy buenas películas en Cuba. Luego, a partir de la crisis económica y del Período Especial la producción empezó a mermar. Eso no ha sido bueno para el cine cubano. Titón siempre decía –y yo estoy muy de acuerdo– que para que hubiera una excelente película eran necesarias otras diez malas. O sea, tenía que haber una producción grande para que sobresalieran algunos filmes y, de este modo, poder seleccionar según la calidad.

Hacer eso es prácticamente imposible en estos tiempos, porque si no haces casi nada no puedes exigir que esas pocas películas sean buenas. Ahora salen algunos filmes interesantes, pero muchas veces se dice que no hay recursos para producir. Y eso nos afecta muchísimo a los artistas, porque no tenemos trabajo.

Entonces el principal problema del cine cubano ahora es económico…

¡Por supuesto! Es un problema económico que repercute en lo laboral. Por eso no pocos actores y actrices se han ido a trabajar a otros países como Colombia o los Estados Unidos. Si hubiera dinero se harían más películas.

Otros se han quedado haciendo teatro, pero ese medio es considerado la ovejita negra de la actuación, porque el esfuerzo es elevado y no se gratifica correctamente. No es fácil: el teatro no es económicamente gratificado y el cine se hace poco. Entonces, si no trabajas no cobras. ¿Sabes de qué yo estoy viviendo ahora mismo? Pues vendí dos cuadros preciosos para poder vivir.

Devota, como Nancy (“Fresa y chocolate”), de la Virgen de la Caridad del Cobre. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

¿No cree que también que hay carencia de buenos guiones en el cine cubano?

Sí, también escasean los buenos guionistas en Cuba. Aún quedan personas excepcionales de la vieja guardia, como Fernando Pérez. Hay algunos directores jóvenes que también tienen mucho talento, pero cuando hacen su primera película les cuesta mucho trabajo hacer la segunda.

¿Cree que la realidad cubana está fielmente reflejada en los filmes cubanos que se producen actualmente?

Creo que eso se debería analizar detenidamente, porque a veces se escogen los temas y se desgastan demasiado, se vuelven repetitivos.

En Cuba hace falta una Ley de Cine que organice el trabajo. Ahora hay una dinámica que agota a muchos realizadores y por esa razón se sienten cansados. Están agotados de muchas cosas mal hechas. Pero lo peor es que no se acaba de ver un camino despejado para que las cosas puedan mejorar. Por ejemplo, parece que ya el ICAIC no puede brindar aquella ayuda económica para hacer cine, y eso mata muchas ilusiones.

Ha trabajado en varios filmes emblemáticos del cine cubano. ¿Cuáles le han aportado más desde el punto de vista artístico?

Yo creo que todas las películas me han aportado algo, pero Hasta cierto punto y Fresa y chocolate me marcaron muchísimo. La primera porque fue mi primer trabajo importante en el cine y tuvo una repercusión social grande en su momento. La segunda porque destapó problemas reales en Cuba. Y en ambos casos obtuve reconocimientos.

Fresa y chocolate fue un verdadero estímulo en mi carrera. Marcó un punto de giro en la mentalidad del pueblo cubano y logró un cambio en el pensamiento de algunos miembros del gobierno. También sirvió para que el mundo empezara a conocer un poco más sobre la realidad cubana de ese momento, en temas muy puntuales.

Mirtha Ibarra junto a Carlos Enrique Almirante en “Fátima o el Parque de la Fraternidad” (2014), de Jorge Perugorría. Foto: Cortesía de la entrevistada.

Para muchos, el mensaje de “Fresa y chocolate” tiene plena vigencia en la actualidad. ¿Comparte ese criterio?

Fíjate si tiene vigencia y se valora bastante, que la Academia de las Ciencias y las Artes de los Estados Unidos me invitó a presentar nuevamente el filme en Los Ángeles este 13 de noviembre.

Pero la vigencia que posee va más allá del tema de la homosexualidad y abarca algo mayor: la intolerancia. Ahora mismo estamos viviendo tiempos de mucha intolerancia a nivel mundial y la película defiende la necesidad de respetar al que piensa diferente, lo mismo sobre orientación sexual, política, religión… Ese abordaje le ha permitido trascender con toda su fuerza luego de más de 20 años.

¿Cree que la película ayudó a corregir errores?

No. Fresa y chocolate no subsanó errores, porque los errores están ahí y deben permanecer en la memoria para no volverlos a cometer. No podemos olvidar el daño inmenso que hicieron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) ni la discriminación que hubo en esos años. Eso afectó a muchas personas y brindó muy mala imagen al mundo sobre la Revolución Cubana. No obstante, creo que Cuba cambió un poco con respecto al homosexualismo después del filme.

Formó parte del elenco de Fátima o el Parque de la Fraternidad, un filme que aborda la homosexualidad desde un punto de vista más actual. ¿Ve una línea de continuidad entre ambos filmes y su recepción social?

Yo creo que después de Fresa y chocolate el tema de la orientación sexual se ha tratado en el cine cubano con mayor o menor intensidad. Pero es cierto que Fátima o el Parque de la Fraternidad lo aborda de manera más fresca, porque lo proyecta desde el prisma del travestismo. Esa es otra batalla a nivel de aceptación social y la película permite un acercamiento crítico a esta realidad. La gente debe seguir entendiendo ese fenómeno social.

Para muchos en Cuba, ver a un hombre vestido de mujer es algo muy difícil de asimilar. Causa rechazo. Pero es un rechazo fundamentalmente a nivel de sociedad, porque a nivel institucional hay cierta apertura, insuficiente aún, pero notable. Ahora los travestis pueden cantar o bailar en centros nocturnos. En ese sentido debo reconocer la labor encomiable de Mariela Castro. Ella me parece una persona brillante que lucha en un país con una cultura muy machista, heredada de los españoles.

Hace unos años realizó el documental Titón: de La Habana a la Guantanamera. ¿Por qué siendo actriz se enroló en un trabajo como este?

Porque Titón era un intelectual cabal y un estudioso en profundidad. Por eso su cine ha trascendido. Fue mi maestro en muchas cosas más. Era una persona muy honesta que sabía hacerles frente a los problemas. Se pasaba años concibiendo un guion, a veces tres o cuatro. Con Fresa y chocolate se pasó dos años, aunque su nombre no aparece como guionista, por una petición personal de Senel Paz. Y eso es importante que se sepa.

A Titón le debe mucho el cine cubano.

Este año el documental se estrenó en Miami…

Sí, pero no pude ir. Me dijeron que fue un éxito. No obstante, ese material ya se había exhibido en otras ciudades norteamericanas. Creo que, en sentido general, las producciones cubanas son bien recibidas en los Estados Unidos, en Europa, y en el resto del mundo. Respetan mucho nuestro talento. Pero para que veas: en mis visitas a los Estados Unidos casi nunca logro intercambiar con artistas cubanos radicados allá. Y el diálogo siempre es necesario para poder avanzar.

Mirtha conserva intactos su temperamento jovial y su mirada despierta. Foto: Claudio Pelaez Sordo

 
 

2 thoughts on “Mirtha y el cine

  1. Dos cosas relevantes para mi de esta entrevista:
    En relación a fresa y chocolate
    …”la película defiende la necesidad de respetar al que piensa diferente, lo mismo sobre orientación sexual, política, religión”….
    Ya vemos como el gobierno cubano ha respetado siempre al que piensa diferente
    En relación a la apertura institucional:En ese sentido debo reconocer la labor encomiable de Mariela Castro. Ella me parece una persona brillante que lucha en un país con una cultura muy machista”
    Tal parece que nunca nadie trató de hacer en Cuba una organización que defendiera los derechos de ese colectivo, solo la hija del gobernante se le ocurrió y sin ningún impedimento se lo permitieron.

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