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José Martí
 

Medio siglo del Ballet de Camagüey

Tomado de Portal principe

El Ballet de Camagüey celebra medio siglo de existencia. Entrevistamos en exclusiva a su directora por más de veinte años, Regina Balaguer.

El primer día de diciembre de 1967 tuvo lugar la primera función del Ballet de Camagüey, bajo la dirección de la maestra Vicentina de la Torre. Con los años se consolidaría como uno de los más importantes colectivos de la danza cubana. Para hablar sobre la historia y los retos de la compañía conversamos con su actual directora, la licenciada Regina Balaguer.

—¿En qué se parece y en qué no se parece el Ballet de Camagüey actual a la compañía que surgió hace cincuenta años?

—Se parece en el tesón, en el ahínco, en el amor por lo que hacemos. Trabajamos todos los días porque la compañía salga adelante, sea reconocida, que cada vez sea mejor. Se parece en el empeño por conservar la escuela cubana de ballet. Pero claro, todo lo hacemos sin quedarnos anquilosados, mirando lo que se hace en el ballet y la danza actual, porque somos una compañía de estos tiempos.

“Ahora somos una compañía muy joven. Pero cuando surgió, hace cincuenta años, también era una compañía muy joven. Las personas con las que trabajó Vicentina en aquella primera función eran las alumnas de la escuela. Ellas formaron el cuerpo de baile, pues los roles protagónicos fueron asumidos por bailarines del Ballet Nacional de Cuba.

“Se parece también en que mantenemos las dos vertientes del ballet: el repertorio más tradicional y las expresiones más contemporáneas. Es un sello que la compañía adquirió en la década del setenta y que ha mantenido todos estos años. Es vital para el desarrollo de nuestros más jóvenes artistas: poder hacerlo todo sobre el escenario: un clásico y algo muy contemporáneo.

“Insisto, vamos con los tiempos. No nos quedamos atrás. Estamos al tanto y participamos de los cambios que vive la sociedad”.

—¿Cuáles han sido los principales hitos de esta compañía en medio siglo?

—Es muy difícil resumirlos. Primero el empeño de Vicentina de la Torre porque Camagüey tuviera su propia compañía de ballet. Trabajó mucho para eso. Después los años de dirección del maestro Joaquín Banegas, maitre del Ballet Nacional de Cuba. Y el más importante de todos: la presencia y permanencia del maestro Fernando Alonso, desde 1975 hasta 1992, como director de la compañía. Fue una suerte, un privilegio. A partir de ahí el Ballet de Camagüey comenzó a ser más reconocido. Se comenzó a hablar más de nuestro Ballet en el país. Siempre se dice que Fernando logró la proyección nacional e internacional del Ballet de Camagüey; pero hizo mucho más que eso. Si hoy tenemos una compañía respetada, con tantos seguidores, es gracias en buena medida al trabajo del maestro Fernando Alonso.

—¿Por qué es importante para Camagüey contar con una compañía de ballet?

—Esta ciudad tiene una tradición danzaria. Y no solo estoy hablando del fortísimo movimiento de las danzas folclóricas y populares. Fue una ciudad con gran vuelo cultural desde los años de la colonia. Y, hablando específicamente de ballet, tuvimos la suerte de tener, por ejemplo, a Gilda Zaldívar, de la que se habla muy poco, pero que fue una artista que llegó a bailar para los reyes de Dinamarca. Ella tuvo su academia. En algunos colegios de la ciudad había salones para el ballet. Hay otras figuras: Marta Matamoros, que fue maestra. Y por supuesto, Vicentina de la Torre, que fue alumna de la Academia Alicia Alonso, que a su regreso a Camagüey creó su propia academia. Allí no solo admitió a las niñas que tenían recursos, sino que también les otorgó becas a niñas con condiciones, aunque no tuvieran el dinero para la matrícula. Esos son antecedentes importantes para una compañía.

“En segundo lugar, contamos con un público para la danza, específicamente para el ballet. Si hemos podido existir durante medio siglo, a pesar de las dificultades, de las limitaciones económicas (y el ballet es un arte inmensamente caro), si hemos podido mantener determinado nivel técnico y artístico… todo eso te dice que Camagüey merece una compañía.

“Claro, esta compañía no es solo de Camagüey. Es una compañía de Cuba. Somos representantes de la cultura cubana. Somos productos del sistema de enseñanza artística que creó esta Revolución. Cuando salimos al extranjero no representamos solo a Camagüey, sino a toda la cultura cubana. Con mucho orgullo decimos que somos una compañía camagüeyana; pero también somos una institución de la cultura nacional”.

—¿Qué retos impone la circunstancia de ser una compañía nacional… a 500 kilómetros de la capital?

—Muchos. De alguna manera somos víctimas del fatalismo geográfico. No llegan muchas figuras de la cultura internacional a Camagüey. A veces decimos que nos pasan por arriba, porque van de La Habana a Santiago u otras ciudades. Y esta es una ciudad cultural por excelencia. Nosotros, al mismo tiempo, pudiéramos hacernos más visibles en otros circuitos. Pero hemos tenido la capacidad de convertir algunas de esas dificultades en fortalezas. Nos han instado a trabajar con más ahínco, como una gran familia. Es importante mantener la unidad, la cohesión del equipo. Todos tenemos el mismo objetivo, desde el principio.

—Le ha dedicado prácticamente toda su vida profesional al Ballet de Camagüey. ¿Cómo valora estos años? ¿Cómo imagina el futuro de esta compañía? ¿Imagina su vida lejos del Ballet de Camagüey?

—Veinte años llevo al frente de esta compañía. Soy la persona que más tiempo la ha dirigido. Te aseguro que no ha sido fácil. Cuando yo asumí la dirección, la asumí por seis meses, de manera provisional. La compañía tenía un nombre, un prestigio. Yo era bailarina y en ese momento trabajaba en el regisserato. Pero no es lo mismo ser regisseur que la directora. Tuve que asumir tareas que iban a más allá del ámbito puramente artístico y yo no tenía esa experiencia. Por eso me apoyé en las personas que tenían más experiencia: profesores, maitres, bailarines… Y los seis meses se convirtieron en todos estos años.

“Recuerdo esa etapa con mucho cariño, porque fueron los años de mi crecimiento como artista y como ser humano. Cuando miro la compañía hoy, siento que aquí está el granito de arena que he podido aportarle. Pero yo lo digo siempre: una compañía no la hace una sola persona.

“Yo a veces me digo: si no estoy en el Ballet de Camagüey, ¿qué hago con mi vida? Pero estoy convencido que sin mí, seguirá habiendo Ballet de Camagüey por mucho tiempo”.

 
 

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