“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Máximo Gómez y la memoria

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Foto: Alejandro Madorrán

Tomado de El Toque

El cadáver medía un metro y setenta centímetros, y quizás no llegaba a las 140 libras. El hombre tenía 69 años mal cumplidos. La guerra, el frío y el mal comer en los campos irredentoshabían pasado la cuenta a su cuerpo siempre esquelético y nervioso. Nunca tuvo suerte en los negocios. La vida le sonrió pocas veces y siempre de medio lado. A su primera novia la asesinó, a machetazos, un oficial español durante la Guerra Grande. Sus hijos pasaron hambre y él mismo tuvo que empeñar el reloj, el revólver y sus lentespara seguir peleando por Cuba.

Aunque hicieron falta veinte carrozas y una larga fila de personas para cargar las ofrendas fúnebres que acompañaban su cortejo (lo cuenta Ciro Bianchi en una crónica minuciosa), nadie se imaginó que el mismo día de su muerte, el general Máximo Gómez iniciaba la más cruenta de sus batallas: la que aún libra contra el olvido.

La casa donde murió, el 17 de junio de 1905, brinda un pobrísimo espectáculo en el centro del Vedado habanero, calle D esquina a 5ta. La visité hace poco y, aunque solo estuve unos instantes a su alrededor, me conmovieron el abandono y el aire de miseria que ronda el lugar: las paredes desconchadas, el césped despoblado y repleto de escombros, el busto macrocefálico sobre una columnata de cemento crudo.

Alguna explicación debe haber para que Máximo Gómez tenga tan poco éxito en el altar de la Patria. Cuando uno lo veía por primera vez no parecía un general, sino un estricto campesino de Baire o el Camagüey. Era flaco, de mirada viva y penetrante, modales ásperos. Así lo describe José Miró Argenter en sus Crónicas de la Guerra. También dice que su voz era invariablemente autoritaria, lo mismo con sus subordinados que con sus amigos, incluso, sus hijos.

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Foto: Alejandro Madorrán

Igual de inflexible era consigo mismo. Se acostaba al anochecer y se levantaba con las primeras luces de la mañana; comía rápido y sin alzar la cabeza; dormía en campo abierto como el más bajo de su tropa. Una vez le enviaron desde París una hermosa tienda y él la cortó en trozos para vestir a sus soldados harapientos.

No permitía robos en el campamento ni abusos de autoridad. Tampoco admitía bromas ni sobornos. Fue siempre una espina para aquellos que medraban a la sombra del coraje, una flor de piedra que solo prosperaba en lo más crudo de la manigua.

La vida lo enfrentó con sus iguales: Carlos Manuel de Céspedes lo cesanteó por un asunto de convoyeros; tuvo sendas disputas con Flor Crombet y Antonio Maceo. Pero jamás aceptó recibir compensación por sus servicios a la Patria. «Prefiero libertar hombres a gobernarlos», respondió cuando le propusieron la presidencia de la República.

Buscaba la tarja que explica el pasado glorioso de esta casa, cuando vi un andamio… o algo parecido. La custodio me observaba recelosa desde la puerta del edificio.

—¡Qué bien! — le dije — parece que están reparando el lugar.

—¿Reparar?, aquí no están reparando nada —respondió ella.

Traté de cruzar la cerca ruinosa, mirar un poco el espacio donde vinieron a despedirse de Gómez los generales Emilio Núñez y Alejandro Rodríguez, el presidente Estrada Palma, pero la vigilante me detuvo con gesto autoritario:

—No puedes entrar, esto es una empresa estatal.

—¿Qué hay aquí?

—Un atelier —dijo la mujer poniéndose las manos en la cintura con una especie de orgullo infantil.

—¿Usted no sabe que aquí murió el general Máximo Gómez?

La vigilante miró hacia todos lados con una risa incrédula.

—No hijo, claro que nooooooo —concluyó con una carcajada.

Cuando la escuché decir eso pensé con amargura lo caro que Máximo Gómez pagó su rectitud y sobriedad. Su osadía de aconsejarle al pueblo cubano que no eligiera ministros ni administradores que alfombraran sus casas y usaran carrozas mientras las espigas no maduraran con abundancia en los campos de la Patria. Su escarnio público al mismo Estrada Palma, a Manuel Sanguily, a Calixto García y todo el que se puso a tiro de su lengua insobornable.

Comenzó a recorrer ese calvario aún en vida, y poco a poco lo despojaron de todo lo que había ganado con sudor y sangre. Le quitaron su cargo de general en jefe del Ejército Libertador, quisieron expulsarlo a Santo Domingo. El colmo fue que un político y libertador eminente amenazó con fusilarlo porque Gómez se negó a apoyar el empréstito del banquero Cohen. Y aunque el primer gobierno republicano le regaló esta casa para que muriera en paz, ella también ha comenzado a desmoronarse.

Después que tanto ha llovido solo se le cumplió al viejo general la promesa que le hizo Martí cuando reclamó sus esfuerzos para iniciar la Guerra del 95: «no tengo más remuneración que ofrecerle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres».

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Foto: Alejandro Madorrán

 
 

23 thoughts on “Máximo Gómez y la memoria

  1. No sabia la historia de esa casa. Y como yo, muchos. Una pena pero no me sorprende. Tantas casas y edificios con pasado ilustre sufren similar destino.

  2. El venerable y glorioso “viejo”. Valentía, honestidad, perseverancia, todas personalizadas en este héroe épico. Más que en templos de ladrillos vive en el corazón de todo buen cubano. Le admiramos y le queremos.
    Saludos

  3. Concho… la verdad que es doloroso que no se rinda homenaje con uno cuántos ladrillos y pintura a un hombre tan grande como El Generalísimo en la tierra a la que consagró su vida… 🙁 Por lo menos en mi mente sí tiene una admiración profunda y la tendrá en mis hijos también.

  4. Todos los adjetivos buenos del Castellano no son suficientes para describir a semejante Héroe que hasta su hijo Panchito murió por nuestra causa . Sí ha habido abundantes recursos para restaurar mansiones y hacer aburridísimos museos que nadie visita como el de La Marcha del Pueblo Combatiente en Playa , el de los CDR en Obispo , de Compay Segundo y qué se yo pero indiferencia total con esa casa en la cual murió aunque es de senalar que vivió durante un buen tiempo en La Quinta de Los Molinos , es una verguenza ver el abandono del lugar tan cerca del Parque Villalón . Gracias a Dios tiene un merecido y hermoso monumento cerca del Malecón y del Castillo de La Punta que paradojicamente se hizo en el ano 1935 , ! 1935 ! Los tiranos de La República le homenajearon y respetaron como se debe, nada , cosas que pasan . Saludos .

  5. Esta casa ilustra perfectamente la ingratitud e ignorancia de algunos hacia un prócer tan importante de la historia de nuestro país. Que verguenza.

  6. Por suerte la habitación en que murió Máximo Gómez en esta casa fue rescatada y trasladada a Cárdenas, por interés de Oscar M de Rojas y los miembros del Comité Protector del Museo y Biblioteca local. Desde 1986 está habitación se conserva y exhibe con todo el mobiliario original en el Centro de Veteranos General Maximo Gómez de Cárdenas, Ciudad Bandera de Cuba.

  7. es muy triste leer este articulo y saber que alguien que lo dio todo por cuba y los cubanos hoy este olvidado, pero que nos ha de sorprender sino los mas recientes luchadores por nuestra libertad eso que hoy los de arriba usan cuando les conviene para mantener el poder, de ellos nadie se acuerda, ni de los humildes combatientes de la revolución que hoy viven en condiciones precarias y sufren la ver que lo dieron por todo para hoy todo ser una gran mentira y de los internacionalistas que tanta gloria le dieron a nuestro país y liberaron tantos pueblos de africa tampoco nadie se acuerda de ellos, donde esta la historia que hemos vivido??’ perdida igual que el dinero que entra al país y que el pueblo no sabe nada ni recibe nada o casi nada solo palabras vacías que hoy ya nadie o casi nadie cree quizás solo esos olvidado combatientes, entonces no nos asombremos tanto, recuerden la ingratitud de los hombres casi siempre esta ahi en primera linea.

  8. Excelente análisis sobre la posteridad de un verdadero héroe de la PATRIA. Llora la historia cuando tiene que guardar hechos como este. Gracias por este comentario. Roberto.

  9. Confieso que no tenía idea de dónde había muerto Máximo Gómez, pero –al fin- éste es un héroe desechable, habida cuenta la cantidad (e hipertrofiada proclamada calidad) de neohéroes de que disponemos, por obra y gracia de nuestros medios. Pero la verdad es que el estado de esa edificación es un insulto. Bueno, como tantos otros.
    Una vez vi un artículo en una publicación nacional mencionar a Martí como “el más universal de los cubanos… ¡DEL SIGLO XIX!” Ya supondrán a quién conferiría el escriba ese epíteto para el siglo XX, y seguramente para la más absoluta eternidad. Pero parece que fue demasiado para el D.I. seguir esa rima.
    En cuanto al busto que está en la foto, ojo a la expresión de Gómez: es un poema. Parece que quien lo esculpió conocía bien al “viejo” y al futuro que esperaba a su memoria, y que seguro el mismo prócer presumía; ese futuro que Martí le predijo con frase lapidaria: «no tengo más remuneración que ofrecerle que (…)la ingratitud probable de los hombres».

  10. Este artículo conmueve. No conocía el estado deplorable de esa casa, ni la historia contada. Es una vergüenza! Espero que la máxima dirección del país y de la Capital hagan lo que les corresponde en este caso. El sacrificio y heroísmo de Máximo Gómez por la libertad de Cuba no merecen tanto abandono. Gracias al autor. SALUDOS!

  11. Yo no estoy de acuerdo con la idea que proyecta este artículo. Ciertamente la figura de Gómez fue grande como ninguna en la gesta libertadora cubana, ademas de controvercial en sus relaciones con los demás líderes, y vilipendiada y maltratada por algunos en aquellos años desdepues de la guerra. Pero tengo la certeza de que cada cubano, de todas las generaciones, han llevado y lleva al Viejo en un lugar especial de nuestros corazones. Las calles de nuestros pueblos, las plazas, parques, escuelas, hospitales, los mismos pueblos, los centrales azucareros, llevan el nombre de Máximo Gómez Baez. El monumento glorioso mas hermoso y mejor ubicado de la Ciudad de la Habana se yergue en su homenaje. Por otro lado creía que Gómez habia muerto en la quinta de los molinos. Pero ni mi ignorancia, ni la desidia de los administradores actuales podran borrar, disminuir o desmontar el primerísimo sitio que Gomez tendra Siempre en los corazones de los cubanos.

  12. Hola Diógenes , yo lo supe hará pocos anos gracias a un texto de Ciro Bianchi , ahora mismo no recuerdo el título pero el libro trata sobre lugares con historias interesantes de La Habana .
    Ernesto , estoy completamente de acuerdo con ud y me referí con elogios al espectacular monumento erigido en el 35 pero el abandono de ese lugar contrasta con la actitud con que se manifiesta la prensa oficial cuando aparentemente se maltratan otros símbolos patrios ( Preguntar a F. R. ) Da verguenza que el busto del insigne prócer muestre ese estado y esa imagen , parece una burla .
    Ernesto Alvarez , le agradezco por esa información , quién dijo que todo está perdido . Ojalá algún día esa casa recupere su esplendor y la conviertan en un centro de estudio o algo similar y que puedan volver esas pertenencias para ser honradas como merecen , debería ser un sitio de peregrinaje obligado si se quiere no olvidar la Historia como tanto se cacarea . Sludos .

  13. Amigo Liborio, me parece que después de medio siglo sin que a nadie con facultades decisorias se le haya ocurrido nada al respecto (ni siquiera quitar piadosamente ese busto de ahí y darle, aunque sea -caso extremo- cristiana o agnóstica sepultura)es un poco tarde. Pero encomio tu optimismo de que algún día… ¡Menos mal que uno tiene en el chip eso del “algún día”!
    Pongamos que no se haga en esa edificación algo “sociocultural” o un museo; deje el “atelier”, pero al menos que se repare dignamente y se ponga una tarja. Quizá hasta la embajada de República Dominicana quisiera cooperar. Pero ¿qué cubano de a pié se atreve a gestionar eso? Va y sale -o “entra”- con el sambenito de diversionista o vendido al oro quisqueyano.

  14. Estan tan preocupados con sus inutiles vidas, que no les queda un segundo para honrar a alguien que, a pesar de haber cometido sus errores, sí amo a Cuba entrañablemente. No dan mi pena ya. Esa casa merecia estar en otras condiciones.Se trata de nuestra historia, la cual nunca se ha dado la importancia que requiere.

  15. Puws mire ud, yo pensaba que el Generalisimo habia vivido en la quinta de los molinos. Cuando me casè tratè de ponerke el ramos de la novia en su tumba, no me dejaron y se lo puse en el monumento de la entrade del tùnel de la habana.

  16. Queridos hermanos, permitanme como cubano de dar mi modesta opinión al respecto. Si, es triste ver esa casa en ruinas.Sus muros son testigos vigentes de su propia historia. Solo ellos y el viejo, deberían tener derecho a opinar! El Generalísimo, no fue hombre de detenerse ante detalles como este.Si su alma se encontrará aún vagando por esa tierra madre,la imagino más sufriendo al ver cuánto dolor, discordia,odio y vacío existe entre sus propios hijos! Es verdad que esa casa es un monumento, pero si el viejo rompió una casa de campaña(tienda) para vestir a sus hombres, creen
    ustedes que le importaría ver está tumbando en ruinas? No lo creo! No lo creo porque sus obras dejan claro la diferencia entre lo material y lo humano. Me pregunto, cuantas veces hemos tomado el tiempo de sentarnos junto a nuestros hijos(me incluyo personalmente!)para hablarle de todos estos grandes tesoros que visten nuestra identidad Cubana?Seamos honestos! Un 🤗 a todo cubano por el 🌎!!

  17. “El Viejo”. Cuánta injusticia con ese líder. Entregó todo por la libertad de Cuba. Hasta varios de sus hijos: unos muertos en combate, otros por calamidades en la manigüa. Al terminar la guerra grande el Gobernador le ofreció una suma para que “recomenzara su vida” al igual que a todos los generales, él no aceptó la suya. Cuando Martí lo convocó para la guerra, mientras Maceo solicitó una suma de 10 000 pesos oro como condición, él sólo valoró la recompensa de volver sufrir por servir a Cuba.
    ¡Grande Gómez! Duele que no se le valore en toda su magnitud.

  18. Bello y necesario artículo pero hay algo errado en él.

    El vedado no existía en 1905. La zona donde mas de una década después se erigiera dicha urbanización era campo abierto en 1905. Se le conocía como el “Coto vedado” por haber estado vedada la caza en él durante la colonia. De ahi el posterior nombre de la urbanización.

    El Generalísimo murió en su casona del Cerro. No en el Vedado. Años mas tarde la casona iba a ser demolida y dos miembros prominentes de la masoneria cubana, Vicente Font Amador y Benito Lagueruela, gestionaron los fondos y se ocuparon de trasladar la habitación donde murió el Generalísimo a Cárdenas, la ciudad natal de ambos patriotas. Me ha dado mucha alegría conocer que esta aun se conserva y agradezco a Ernesto Alvarez Blanco por la información. Imagino que la labor de Oscar M de Rojas y del Comite Protector a que él hace referencia sea relacionada con los trabajos de restauración que se hicieron sobre 1986. Recuerdo haber leído sobre ellos en la prensa…

  19. Interesante su comentario,infelizmente en Cuba se le da mas valor a cosas que en realidad no merecen,y estas cosas que es nuetra historia,porque nuestra historia no comenzo en el 1953 con el asalto al moncada,la historia de cuba que es una de la mas linda de Latinoamerica,comienza cuado Hatuey es quemado vivo,por otro lado no se donde el sr Osmides leyo el articulo referente a un tal dinero que pidio nuestro Titan de Bronze para luchar por la independencia

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