“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Los hijos de los exiliados descubren Cuba

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La joven cubanoamericana Miranda Hernández (centro) habla con otras personas que viajaron con el programa CubaOne. Foto: Ramón Espinosa-AP

Los abuelos de Miranda Hernández lo perdieron todo cuando huyeron de Cuba en los años 1960. Ella creció pensando que la isla era “una Corea del Norte con playas bonitas”, dijo.

Cuando cuatro jóvenes cubanoamericanos lanzaron un programa para enviar a la isla a otras personas con lazos similares para explorar su herencia después del descongelamiento de las relaciones entre los dos países, Hernández se inscribió.

El viernes, después de una semana en La Habana en que visitó a emprendedores, artistas y familiares a quienes no conocía, Miranda Hernández, de 20 años y alumna de último año en la Universidad de California en Berkeley, regresó a Estados Unidos con impresiones que ciertamente molestarán a muchos de la generación de sus abuelos.

“Voy a decir de plano, con toda honestidad, que aquello no es tan malo”, dijo el jueves por la tarde mientras visitaba el apartamento habanero donde una vez vivió su abuela. “Mucha gente piensa que Cuba es un lugar terrible donde la gente no está feliz, pero ese no es el caso”.

El acercamiento de Estados Unidos a Cuba fue posible por el suavizamiento de la línea dura que mantuvo durante medio siglo la poderosa comunidad cubanoamericana de la Florida. Las expectativas de una temida reacción violenta sobre cualquier acercamiento con Cuba se fueron reduciendo cuando a las primeras generaciones de cubanoamericanos exiliados se le sumaron nuevas olas de migrantes económicos, y los hijos y nietos de los que nunca experimentaron el comunismo.

Ahora el proceso de normalización entre Estados Unidos y Cuba se acelera y fortalece ese suavizamiento de actitudes. Inspirados por el restablecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales, los hijos y nietos de los exiliados viajan a Cuba cada vez más, frecuentemente como parte de programas creados para apoyar la reconciliación familiar y la normalización política.

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La cubanoamericana Miranda Hernández (derecha) habla con miembros de su familia en la isla junto al apartamento donde su abuela vivía en La Habana. Foto: Ramón Espinosa-AP

Entre los esfuerzos más notables en este sentido está CubaOne, el nuevo programa a través del cual Hernández viajó a Cuba. Inspirado en Birthright Israel, un programa que ha enviado medio millón de jóvenes judíos a Israel desde 1999, CubaOne espera enviar tres grupos de cubanoamericanos a la isla para febrero. Sus fundadores han invertido casi $100,000 de su propio dinero para impulsar el programa y esperan recaudar fondos suficientes para el futuro de manos de donantes individuales, así como aerolíneas, empresas hoteleras y otras compañías norteamericanas que comienzan a entrar al mercado cubano.

“Es una nueva comunidad y una nueva cultura en Miami”, dijo Daniel Fernández, cubanoamericano de 34 años y ejecutivo de la firma multinacional de servicios profesionales Ernst & Young, “Estar aquí y escuchar lo que 11 millones de cubanos tienen que decir, en vez de escuchar lo que dicen los medios de comunicación de Miami, es algo que todo cubanoamericano joven debe experimentar”.

Con un promedio de edad de 25 años, el primer grupo de CubaOne incluyó a artistas, emprendedores y escritores de todo Estados Unidos, muchos de ellos de familias del sur de la Florida.

Viajaron la región tabacalera de Pinar del Río antes de regresar a La Habana para seis días de visitas con empresarios independientes y artista, y se quedaron en casas particulares.

“Los cubanoamericanos jóvenes adoran a Cuba, pero expresamos nuestro amor de manera diferente que nuestros padres”, dijo Giancarlo Sopo, uno de los fundadores de CubaOne e hijo de un veterano de la invasión de Bahía de Cochinos. “Para nosotros, amar a Cuba significa ir a aprender sobre nuestra cultura, conocer a nuestra familia y relacionarnos con la gente”.

Al menos cuatro de los jóvenes vieron a familiares a quines no conocían, o sólo habían visto brevemente, entre ellos la propia Hernández, quien pasó dos días con su tío abuelo Jesús Cervello Ruiz, de 78 años y patriarca de los cinco familiares que quedan en la isla. Otros 14 parientes viven en Estados Unidos.

Junto con su hija Caridad y nietos mellizos de 16 años, Ruiz llevó a Hernández al hospital donde nació su hermana, la madre de Hernández, y al apartamento donde ella vivió cuando era joven.

Para Hernández, republicana igual que sus padres, la interacción con sus familiares y otros cubanos desestimó la caricatura de Cuba con la que creció, dijo.

“Nadie ha regresado, excepto yo”, dijo. “Aquí la gente está feliz, no necesitan muchas cosas materiales para sentirse genuinamente felices”.

Ruiz, mecánico retirado de un taller estatal, pasó el viaje haciendo chistes y provocando con suavidad a su sobrina nieta, los periodistas y otros miembros del programa que la acompañaban.

Pero al fina, parado junto a la puerta del apartamento donde vivió su hermana antes de la revolución, los ojos se le inundaron de lágrimas ante del dolor de vivir tantas décadas separado de la mayor parte de su familia.

“He estado aguantando este dolor, pero desde que llegué a este lugar ha sido muy emotivo”, dijo. “Son los recuerdos”.

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La cubanoamericana Miranda Hernández (sexta desde la izquierda) posa en el Malecón habanero con otros jóvenes que viajaron a la isla como parte del programa CubaOne. Foto: Ramón Espinosa-AP

 
 

7 thoughts on “Los hijos de los exiliados descubren Cuba

  1. Estoy de acuerdo con que Cuba “no es tan malo”, como lo puede pintar alguna prensa afuera.
    Sin embargo, creo que la percepcion que se tiene en un viaje de visita por una o dos semanas, no tiene mucho que ver con la realidad Cubana.

  2. Es muy bueno esto que esta pasando.La familia cubana se separo y hasta odios entre hermanos, padres con hijos e hijos con padres se vio.Mas ya todo va pasando, poco a poco,pues hoy aun, los que deciden irse ” arrastrados” son mirados con desprecio y no tienen delito; la mentalidad hay que sacarla de nuesta sociedad.

  3. Ese es el precio de la propaganda extremista que durante 60 años ha calumniado al extremo de que como dice esa joven, muchisimos alla piensan que en Cuba se vive peor que en Corea del Norte y como efecto real cuando vienen contrastan y entonces se dan cuenta de todo lo contrario. Si la propaganda de la extrema derecha fuera un poco mas inteligente buscaria los verdaderos problemas que aqui conocemos y sentimos y serian mas creibles, pero esa ya no seria esa derecha.

  4. Hace falta que manden a unos cuantos jovenes a USA y ven como es la vida en Kansas, NY, LA y otros Estados,,,,me gustaria saber la opinion de ese grupo cuando regrese a Cuba (si es que regresan)

  5. Una visita dirigida y cerrada al máximo, sin posibilidad de explorar por cuenta propia y de 7-15 días no dice nada de nada. Si yo voy a Haití y solo me llevan a ver a los emprendedores, las buenas escuelas, etc, etc y no camino por los barrios marginales, también puedo decir que no es malo, pura proñaganda.

  6. 56 años hablando basura los de aqui y los de alla, pero cuando los de aqui van alla y los de alla visitan aqui, ven que no son tan malos los de aqui ni los de alla y que tanto los de aqui como los de alla no somos de aculla si no cubanos.

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