“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Lecturas en tiempos de guerra

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Tomado de Inside

Recuerdo que una buena amiga de mi madre pensó que yo sabía leer con apenas cinco años. Su error fue motivado por mi costumbre de repetir al pie de la letra la historia infantil que me habían contado sin dejar de “leer” cada página del libro infantil que sostenía en mis manos. Eran buenos tiempos a pesar de que los muñes rusos se infiltraban también en los libros, muchos de ellos calados y con hermosas figuras. Fui creciendo y descubrí primero a Maurice Leblanc y su Aguja Hueca que a Onelio Jorge Cardoso con sus Tres Pichones. Eran buenos tiempos, donde el salario alcanzaba para comer, vestir, adquirir el correspondiente cupón de juguetes y comprar libros infantiles para niños, no para tontos o para superdotados.

Después llegaron Salgari, Verne, Conan Doyle y las novelas policiacas de la Editorial Cubana Capitán San Luis. Pasaba largas horas sumergido en sus páginas y mi mente viajaba 20 000 leguas, peleaba en los mares o ayudaba a resolver un crimen. El éxtasis llegaba a las 7:30 PM cuando mis personajes favoritos se vestían de aventuras en blanco y negro primero, a color después. Eran buenos tiempos, mucho antes de que Elián Gonzáles estuviera a punto de ahogarse y hubiera que reclamarlo, o que dedicáramos interminables mesas redondas a Los Cinco Héroes.

Dejó de venir entonces la “desinteresada” ayuda soviética y con ella dejaron de venir los muñes rusos, los libros calados y con figuras y hasta los libros nacionales y las aventuras del patio fueron exiliándose hasta casi desaparecer. Estas últimas se convirtieron en tristes caricaturas de sus hermanas mayores y ya los niños en las calles dejaron de jugar con espadas para imitar a los Tres Mosqueteros, olvidaron como hacer un arco para disfrazarse de Robin Hood y hasta perdieron la alegría de empinar un papalote como Los Papaloteros. Los héroes de los libros se perdieron en tiempos de apagones y hasta los propios libros dejaron casi de hacerse ante necesidades más imperiosas y elementales.

El mundo cambió, Cuba cambió y ya casi nadie piensa en libros, ni siquiera los que lo hacen. Salgari, Verne y Conan Doyle fueron exiliados de las librerías cubanas, mientras que los policías en Cuba parece que no tienen nada que investigar, por eso ya nadie pierde el tiempo en escribir historias sobre ellos. Las bibliotecas están más calladas que nunca, porque ahora las tareas elementales no utilizan como bibliografía los libros, sino Wikipedia y EcuRED. Ya ningún niño se viste como el Zorro o Robin Hood, sin embargo, cada año más y más se disfrazan para Hallowen o juegan en sus móviles, porque ya no hay Papaloteros “serios” de los que daban risa, o Pequeños Campeones que nos hacían soñar con conectar un jonrón. Es mejor imitar al reguetonero de turno, que probablemente nunca se haya leído un libro completo.

Son tiempos de Guerra Fría ahora que dicen que se acabó la Guerra Fría. Los libros bien lo saben, por eso los estantes de las librerías acumulan el polvo por las decenas y decenas de volúmenes con literatura política o agrios títulos del patio, malos, pero nuestros, un orgullo que no impide que nadie los quiera comprar. Pretendemos que nuestros hijos no olviden la lectura, que se sumerjan en ellas y que el proceso sea educativo, pero a la par divertido, mientras que las bibliotecas en las escuelas son meros espacios donde se emplea el tiempo en hacer la tarea o conversar de cualquier tema, muchas veces indigno de ser publicado en un libro.

La política cultural de Cuba no tiene el rumbo perdido, simplemente no tiene rumbo, porque lo que gusta no es “políticamente correcto”, y lo que tiene el visto bueno del PCC, simplemente no gusta. Dejo de escribir para irme a ver una serie americana en mi “cajita”. Ahora mismo extraño las revistas Sputnik, políticamente correctas y, sin embargo, entretenidas. Hay que conformarse con ver Designated Survivor.

 
 

7 thoughts on “Lecturas en tiempos de guerra

  1. Es verdad que se ha perdido la costumbre de leer,recuerdo que en mi casa hacíamos cola cuando encontrábamos un buen libro,las librerías no son lo que eran antes,tambien se encontraban buenos libros que los jubilados vendian en algun portal.

  2. Todo ha cambiado, y cambiara, es algo inevitable. Los medios ya no son los mismos tampoco, un mal dia alguien dijo en Cuba “no se oiran mas los Beatles”, y casi se cumplio, hoy no es posible hacer algo similar, es casi imposible, por suerte………….

  3. Pues será que vivimos en Cubas distintas, porque en la que yo vivo, siguen apareciendo Salgaris y Julios Vernes en las librerías, a lo mejor no tanto como antes pero sí que se encuentran.

  4. Buenas tardes,
    Los buenos lectores, entre los que me incluyo, nos estamos convirtiendo en una especie a extinguir, donde vivo la juventud apenas lee si acaso lo que tienen que leer por obligación en la clase de literatura y muchas veces esas lecturas no son precisamente para incentivar el deseo de buscar más libros. Pero no todo está perdido, si los padres nos ocupamos de inculcar el amor a la lectura desde pequeños se puede seguir la tradición, hoy puedo decir con orgullo que mis nietos, que aún son muy chicos, no se van a la cama sin que antes les lean un cuento, mis hijos aprendieron la lección y ahora la aplican en sus propios hijos.
    Otra cosa ya sería la variedad que se pueda encontrar en las librerías cubanas, pero seguro que hay personas que conservan libros en sus casas que aún pueden dar mucho jugo.
    Saludos,

  5. Tristemente cieto, queda muy poca costumbre de leer en nuestra isla y las librerias meten miedo, ni el lector mas empedernido encuentra algo de su gusto y para que decir de la feria del libro, si no es en CUC no encuentras nada que valga la pena.

  6. No todo es tan malo, el desarrollo no solo es jueguitos de celular o series extranjeras, algunas tan buenas como Juego de Trono, Los Sopranos o Vikingos. La Wikipedia es súper interesante y se puede utilizar para alcanzar una cultura general muy amplia, increíblemente amplia. Por otra parte gracia al internet se pueden “bajar” libros tan buenos como los de Padura que habla sobre los policías cubanos, de Julio Verne y una ECT gigante e infinita. En lo personal no leo porque para eso tengo el celular, con un programa que me lee, pongos mis audífonos y escojo un libro bajado de internet, actualmente tengo como 40. Se que muchos puritanos pegaran el grito en el cielo porque me lee el celular pero es algo muy útil pues no necesito luz, no tengo que cargar con una mochila pesada de libros y sobre todo al no tener que leer protejo mis ojos que la naturaleza no hizo para leer las cantidades de horas que lo hago yo.

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