“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Las galerías privadas no existen pero las hay

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Durante todo el día, los artistas entran y salen de una deteriorada mansión ubicada frente al parque José Martí, en Cienfuegos.

Algunos guardan su almuerzo en una cocina justo al lado de un espacio separado para galería, o se sientan en una ventana soleada para dar los toques finales a sus lienzos. Cuelgan sus propias obras, y cuando llueve con fuerza, bajan algunas de ellas porque el techo tiene goteras.

“El mayor problema que tengo son los materiales para pintar, que son muy caros y difíciles de encontrar”, dijo el artista plástico Yanzel Medina Pérez, de 22 años.

Pero, más allá de la escasez y los altos precios, es difícil para un artista en ciernes ganarse un espacio en una galería de arte administrada por el gobierno. Para remediar estas dificultades y más, un grupo de 15 artistas se han unido para ayudarse unos a otros y alquilar su propio espacio de galería privada.

“Estoy haciendo realidad mis sueños y los sueños de todos estos artistas”, dijo Yusimí Arias, de 40 años, quien es la fuerza detrás de Yusi Art Alliance.

Técnicamente, Arias no es una agente de artistas ni una galerista, y Yusi Art Alliance tampoco es una galería. En lugar de eso, es un estudio/taller, y ella está clasificada como una trabajadora por cuenta propia. Pero eso le permite vender las obras de los artistas y recibir una comisión del 10 por ciento.

“El término ‘galería’ no está reconocido legalmente en Cuba para una entidad privada. De modo que los artistas tienen que crear en este espacio y tener sus materiales aquí, y entonces su obra se puede vender en este espacio”, dijo Arias. “Hemos tenido que sortear una pila de obstáculos porque lo que estamos haciendo aquí es algo nuevo en Cuba. Pero la cosa se va poniendo cada vez mejor”.

Aunque a los artistas les gusta la visibilidad de su estudio/taller, ellos temen que el edificio acabe siendo vendido a alguien que vea su ubicación como una excelente oportunidad de urbanización.

Mientras tanto, los artistas unen sus recursos para pagar el alquiler. Todos los artistas tienen que tener una licencia y pagar a organizaciones estatales tales como el Fondo Cubano de Bienes Culturales, el Consejo Nacional del Patrimonio Cultural o la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) los impuestos correspondientes, dijo Arias.

“Todo el mundo tiene que tener una licencia [como trabajador por cuenta propia] y pagar impuestos”, dijo. “Somos sobrevivientes de la nueva era ‘cuentapropistas’ (de trabajo por cuenta propia)”.

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Artistas venden sus obras en la galería taller Yusi Art Alliance, que comparten 15 creadores en Cienfuegos. Atrás, Yusimi Arias, que maneja la galería. Al Díaz

El alto costo de los materiales

Eso no significa que las cosas les son fáciles. Un tubo de pintura puede costar más de $11 en un país donde los que dependen única y exclusivamente de los sueldos del gobierno ganan un promedio de alrededor de $26 al mes. Diez metros cuadrados (unos 108 pies cuadrados) de lienzo pueden costar alrededor de $80. “A veces no es de la mejor calidad; a veces es chino”, dijo Medina, alzando las manos al aire.

“Cuando hay óleos disponibles, alguien va a la tienda y los compra todos, y luego los vende al doble del precio”, dijo. “Los artistas famosos tienen prioridad, y ellos también se pueden pagar esos precios altos”.

Pero los artistas que forman parte de Yusi Art Alliance se ayudan los unos a los otros. Si uno está corto de materiales, puede que otro que haya viajado al extranjero y traído suministros los comparta. Cuando se venden las pinturas y se quitan de las paredes, los marcos se reciclan para otros artistas si los compradores no los quieren.

Ellos improvisan. Si el lienzo cuesta demasiado, usan cualquier superficie que pueden conseguir. Arias señala un lienzo de un uniciclo del que brota una palmera y luego lo vuelve del otro lado, revelando que ha sido pintado en un pedazo de sábana.

“Hay una amistad en todo esto, ayudarse a sobrevivir los unos a los otros”, Arias.

El arte en la galería es muy variado, desde obras experimentales, temas primitivos y bronces de pequeño formato a retratos hiperrealistas, paisajes, lienzos con connotaciones políticas y otros con motivos de peleas de gallos y santería.

Varios de los artistas son jóvenes o todavía no han conseguido la reputación que les permitiría exhibir en las galerías estatales.

“Aquí hay mucha experimentación”, dijo Arias. “Algunas de estas obras no serían aceptadas en galerías estatales porque se consideran extrañas”.

Arias ha dado a Medina, quien estudia diseño cinematográfico para el teatro en La Habana pero tiene familia en Cienfuegos, la oportunidad de montar su primera exposición. Mientras él está estudiando en la capital, dijo Arias, ella le vende sus obras y le envía los fondos que él necesita para vivir.

La exposición de Medina se inaugura el 29 de septiembre, y explorará algunos de sus temas favoritos, entre ellos la simbiosis entre la naturaleza y los seres humanos, y los ancianos, quien, según él, “siempre tienen historias que contar”. A él le gusta manipular imágenes fotográficas en Photoshop y pintarlas luego al óleo en blanco y negro en un estilo hiperrealista.

“En muchas galerías del estado, las obras se exponen por un tiempo muy breve y luego cambian”, dijo Arias. “Aquí podemos exponer las obras todo el año, y los artistas y escultores tienen más posibilidades de exponer sus obras que en las galerías estatales”.

Muchos expresaron críticas y dudas cuando Arias decidió crear la alianza. Ella no es artista, y ha pasado la mayor parte de su carrera trabajando en la industria del turismo o como traductora e intérprete. Arias, madre soltera de dos hijas, habla holandés, francés, italiano e inglés, y ha vivido en los Países Bajos y en Venezuela.

Tiene además mucha habilidad para tratar con la gente, lo cual la ayuda en su nueva línea de trabajo. Luego que un amigo le dio trabajo como vendedora de galería, ella empezó a conocer artistas y la idea de la alianza empezó a cuajar. “Decidí trabajar con un grupo de artistas y crear nuestra pequeña empresa propia”, dijo.

Llevan solamente seis meses en su sede actual. Cuando empezaron, el estudio/taller estaba en un lugar más oscuro y distante. “El dueño de esta casa vio que nos estaba yendo bien –incluso en ese lugar– y nos preguntó si queríamos venir aquí”, dijo Arias.

Del otro lado del parque está la galería/estudio, bien iluminada y alegre, de la grabadora Annia Alonso. Pero ella es una artista muy conocida cuyas obras son expuestas en museos y exhibidas internacionalmente, y su situación es diferente.

“A mí las cosas me son un poco más fáciles. Tengo ciudadanía española, de modo que cuando salgo del país compro suministros. Tengo que tener el closet lleno”. El proceso de colografía que ella usa para hacer sus grabados de edición limitada exige mucho trabajo y necesita una prensa pesada. A través de los años, a medida que ha crecido su reputación, la UNEAC le ha enviado remisiones y los compradores la buscan.

Alonso dijo que le gusta lo que está tratando de hacer Arias.

“La admiro. Le di algunas de mis obras para su galería. Yo sé que es muy difícil esperar que la gente venga, pero le di algunas piezas mías porque para ella es prestigioso tener mi obra en su galería”, dijo.

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Yusimí Arias en Yusi’s Art Alliance, la que maneja como trabajadora por cuenta propia. Esto le permite recibir una comisión del 10 por ciento por la venta de los cuadros. Al Díaz

Vender a turistas estadounidenses

Durante el verano, dijo Arias, las ventas en general fueron escasas.

Pero ahora que llegan vuelos diarios de American Airlines a Cienfuegos procedentes de Miami, a todos los artistas les gustaría vender más a estadounidenses. Arias se esforzará por acomodar sus necesidades. Si los compradores no pueden llevarse las compras en el avión, ella dijo que se las enviará por DHL.

El nuevo acercamiento entre Estados Unidos y Cuba ya ha empezado a insinuarse en las obras de algunos de los artistas.

Alonso, por ejemplo, convirtió un grabado del 2007, Las marianas en la marcha, el cual comenta sobre la falta de marcas internacionales conocidas en Cuba y en el que aparecen figuras femeninas que sostienen una pancarta con banderas cubanas, en una obra de técnica mixta por medio de añadirles banderitas estadounidenses.

En otra pieza se ve una taza de café Cubita (el café es uno de sus temas preferidos), pero también tiene matices políticos. “Es como una invitación a tomar café, compartir el café con amigos”, dijo Alonso. “La primera edición se vendió rapidísimo”.

Otro grabado, El anteojo y la ola, muestra una ola gigantesca que se abalanza hacia la isla desde Estados Unidos, y a una muchacha parada en Cuba con un anteojo muy largo que mira la ola turbulenta.

En Yusi Art Alliance, algunas de las piezas expuestas comentan sutilmente, y a veces no tan sutilmente, sobre la nueva relación entre los dos países.

En un lienzo, se lee la frase I kiss you en inglés a lo largo del borde inferior, y un chimpancé con los labios exageradamente apretados aparece sobreimpuesto a una bandera cubana. Se trata de un comentario sobre la prohibición de contactos culturales antes de la reanudación de las relaciones, dijo el artista Yagnolis Ocampo.

“Yo también hago paisajes, pero me gusta crear lo que estoy pensando en un momento particular”, dijo.

Otra obra muestra las banderas de los dos amigos/enemigos pintadas lado a lado, un globo dirigible decorado con estrellas y franjas flotando encima de la pequeña isla de Cuba, y pequeños collages con encuentros improbables: Fidel Castro con Hillary Clinton y el presidente Barack Obama colocado junto al Che Guevara.