“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Las cubanas por cuenta propia

bigstock-Three-Cuban-women-in-tradition-62752813Tomado de Rotativo

La apertura del trabajo por cuenta propia ha estimulado la inventiva de muchas cubanas. Aunque no resulta sencillo encontrar un nicho en el mercado de las actividades aprobadas para ejercer por cuenta propia, algunas mujeres han creado negocios reconocidos por la calidad de su servicio y originalidad.

Al clásico taller de reparación de bicicletas, la ingeniera cubana Nayvis Díaz Labaut le sumó cultura de servicio, capital humano preparado y una mirada empresarial. A Díaz Labaut le gusta romper con esquemas y se propuso, además, que Velocuba -el nombre que lleva la pequeña empresa- estuviera integrada por mujeres, una manera de romper con los prejuicios que conciben al mundo del ciclismo como un espacio exclusivo de hombres.

“Al principio éramos Dayli Carvó Interian y yo haciendo todo el trabajo. Dayli es licenciada en cultura física y ciclista por muchos años. Yo tuve que aprender del mundo de las bicicletas y empecé embarrándome las manos de grasa. Hacía de todo: limpiaba, atendía a los clientes, repartía sueltos promocionales en la calle, llevaba la administración y la contabilidad”, dijo Díaz Labaut a SEMlac.

Un estudio de mercado le mostró a esta licenciada en Ingeniería Industrial que los talleres de reparación de ciclos en la capital eran pocos y con servicios limitados. Así Velocuba amplió su oferta y, además de reparación de bicicletas, ofrece arrendamiento, asistencia técnica a ciclistas en la vía, servicio a domicilio y rutas por zonas de interés turístico en la capital.

“En septiembre de 2014 inauguramos el primer taller. Estuvimos sin clientes solo tres días, las personas llegaban con curiosidad y poco a poco contamos con la mejor herramienta de mercadotecnia que se puede tener en este país, que es “de boca en boca”. Las personas comenzaron a dar a conocer nuestros servicios y la seriedad con que trabajamos”, recuerda Díaz Labaut.

A solo dos años de creado, Velocuba cuenta con dos talleres; su ubicación privilegiada es práctica y atractiva para la clientela nacional y extranjera que frecuenta los locales emplazados en la barriada del Vedado y en el Centro Histórico de la capital, respectivamente.

La protección al cliente es una clave en este emprendimiento económico. Hacer crecer la clientela y mantenerla es un reto que afrontan con calidad, servicios de garantías, atención individualizada y alta profesionalidad.
“Buscamos que el cliente siempre se vaya complacido. Ese tipo de concepto creo que falta en el mundo empresarial cubano y es lamentable porque un cliente bien atendido se convierte en un cliente fiel y no va a buscar el servicio a otro sitio. Incluso. Yo tengo clientes que vienen de Habana del Este y de Matanzas”, comenta la licenciada en ingeniería industrial.

Formación de recursos humanos… un valor añadido

Díaz Labaut cuenta con más de 15 años de experiencia en la rama de recursos humanos del sector empresarial estatal cubano. Es por ello que ha decidido que el concepto de su negocio se diferencie por una cultura de servicio de excelencia. Para ello, la formación del personal que contrata es fundamental.

“Busco, principalmente, educación y valores personales. No me importan tanto los conocimientos técnicos, acá les enseñamos todo lo concerniente al mundo de las bicicletas. Por eso el proceso de selección es vital. Una adecuada entrevista y una buena selección garantiza el 60 por ciento del éxito”, opina la ingeniera.

La empresaria reconoce que cuenta con un equipo de trabajo y no solo personas que trabajan por un salario. A su formación dedica horas y pequeños programas sobre conocimientos técnicos y atención al cliente que ella misma prepara e imparte.

Comunicación horizontal, trabajo constante en la imagen y aprovechamiento de conceptos de mercadotecnia son otras de las herramientas que Díaz Labaut valora como fundamentales.

“Una buena comunicación interna se refleja en la atención al cliente directamente. Nosotros defendemos la atención personalizada y hemos tomado medidas para que sea factible. En ambos talleres tenemos libros de incidencia, por lo que un cliente puede venir con su bicicleta y, si al siguiente día lo atiende otra persona, no tiene que hacer el cuento una vez más porque todo se registró en ese libro”, comenta Díaz Labaut, de 40 años de edad.

De vuelta a la comunidad

Nayvis Díaz Labaut defiende el precepto de que al negocio privado no le es ajeno el compromiso social y ambiental. En sus talleres las sillas de ruedas se arreglan gratis y hay descuentos de 50 por ciento para niñas y niños y de 30 por ciento para estudiantes universitarios y personas jubiladas.

“Ese trabajo se paga a los trabajadores y, aunque signifique un descuento de las ganancias, es nuestra manera de apoyar a la comunidad. Esta es una práctica que existe en el mundo, aunque no todas las personas comprenden lo beneficioso que es para todos. Los vecinos de nuestros locales perciben nuestro compromiso con la comunidad y además van a cuidar nuestros negocios y los van a promover”, reflexiona.

Velocuba ha presentado proyectos de colaboración para actividades comunitarias al Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) y a la Oficina del Historiador de la Ciudad, iniciativas que buscan incentivar el uso de bicicletas, una práctica que fue casi masiva en Cuba durante la crisis económica de la pasada década de los noventa.

“La gente le ha cogido terror a las bicicletas porque les recuerda el período especial. Pero la bicicleta tiene tres beneficios fundamentales que hoy en el mundo entero se valoran: ayuda a disminuir la polución en las principales ciudades, reduce los gastos económicos de las personas por transporte y, sobre todo, ayuda a mantenerse saludable porque montar bicicleta es un ejercicio muy completo. Quisiéramos que en Cuba retomemos esa cultura”, afirma la dueña de Velocuba.

Sorteando los baches del camino…

Al igual que otros negocios privados que existen en el país, Velocuba sufre la carencia de un mercado mayorista donde adquirir equipos, herramientas y piezas.

La posibilidad de importar grandes cantidades de estos insumos es exclusiva actualmente de las cooperativas, que cuentan con la personalidad jurídica indispensable para hacer este tipo de operaciones.

Nayvis Díaz Labaut quisiera cobrar a mitad de precio las piezas con las que hoy repara las bicicletas, pero es casi imposible, pues tiene que “hacer cola para comprar una goma cuando la sacan en la tienda” y gastar más recursos en restaurar “piezas de bicicletas desahuciadas”.

“También hace falta que se agilicen los trámites burocráticos. Por ejemplo, es muy difícil hacer una cooperativa en este tipo de servicio, aunque no imposible. Ya tenemos dos talleres, podríamos ser perfectamente una cooperativa y tener la posibilidad de hacer la importación. El principal beneficiario serían los clientes, que es el pueblo” opina.

Pero esta emprendedora no piensa en los límites, ni reduce la velocidad. Aspira a “abrir cuanto taller pueda en la ciudad y, si existe la posibilidad, en otras provincias”.

En las próximas semanas la página Velocuba estará disponible en internet, principalmente ofreciendo un servicio a turistas que viajen a la isla del Caribe. Su nombre veloencuba.com anuncia a viajantes la posibilidad de encontrar en el país las bicicletas con las que pueden hacer recorridos por la ciudad.

 
 

2 thoughts on “Las cubanas por cuenta propia

  1. Seguro que esta es la solución para Cuba. Y no solo cooperativas de arreglar biciletas, celulares…lo que sea. Pienso en grande y me imagino cooperativas de científicos que investiga con créditos extranjeros en temas no cubiertos por los centros estatales y luego pueden vender sus inventos y descubrimientos a cualquiera “abroad”.
    Y hasta en el celular y la tablet cubanos hechas por una cooperativa y así sucesivamente.
    Pero bueno, eso debe demorar porque las cooperativas son tratadas como si fueran el peor engendro del capitalismo del siglo XIX.

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