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José Martí
 

La sequía y los salideros

sequia-salideros-cubaTomado de Granma

Jamás, en los últimos 25 años, se había visto tanto ajetreo con el tema de la sequía en la provincia. Reuniones van, reuniones vienen, estaciones de bombeo paralizadas, pozos que aportan el último suspiro y otros totalmente secos, sectores hidrogeológicos que colapsan…

Es la realidad, aunque algunos todavía se resisten a entenderla y derrochan el líquido que va quedando debajo de la tierra, única fuente de abasto para quienes viven en este territorio, bendecido por las cuencas subterráneas y maldecido por el agua superficial, al no tener grandes —siquiera medianos— ríos, y disponer de siete presas pequeñas y medianas (pueden almacenar de conjunto poco más de 149 millones de metros cúbicos) que, hasta diciembre, represaban solo el 17 % de su capacidad total.

Autoridades del territorio se desvelan en la búsqueda de soluciones y si bien no pueden obligar a que el líquido salvador baje de las nubes, andan con la vista fija en cuanta medida eficaz puedan aplicar.

De hecho, la cruzada contra los salideros comienza a tener sus efectos y, aunque tenue, la presión de agua ha aumentado algo en los últimos días, a juzgar por la opinión de algunos vecinos.

La ingeniera María de la Caridad Liriano Álvarez, directora de ingeniería de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Ciego de Ávila, refirió que el trabajo mancomunado con fuerzas de los municipios cabecera, Majagua, Baraguá, Venezuela y Primero de Enero permitió arreglar el pasado año 214 grandes salideros, aunque todavía quedan 83 pendientes.

«Más de la mitad del agua que se bombea se pierde antes de llegar a los hogares, o puertas adentro, por el mal estado de las redes y por la irresponsabilidad de muchas personas», comenta.

El manto freático acumula menos del 29 % de su volumen, y continúan bajando los niveles en los 13 sectores hidrogeológicos de la cuenca Norte y los tres de la Sur, lo que obliga a las autoridades a emprender acciones emergentes para mitigar los daños. «Solo en los municipios de Florencia, Primero de Enero, Ciro Redondo y Ciego de Ávila, casi 50 000 personas reciben el líquido por pipas», advirtió Héctor Rosabales, director provincial de Acueducto y Alcantarillado.

La perforación de pozos, nuevas conductoras, montaje de equipos de bombeo, la reconstrucción de lazos, nudos de operaciones y registros pitométricos, forman el entramado para amainar la sed de agua en la provincia, donde el Estado ha dispuesto varios millones de pesos en el 2017 para, al menos, mitigar los efectos de la sequía, según declaraciones de Sergio Barrios García, delegado de Recursos Hidráulicos en Ciego de Ávila.

Sin ánimo de atemorizar, Barrios García detalla que la población, unida a empresas y organismos derrochadores, todavía no interiorizan la magnitud del problema. «Y el agua se acaba», advierte.

Ilustra con algunos datos que obligan a detenerse: «los 15 sectores hidrogeológicos de la provincia bajan sus niveles y de los 808 millones explotables en ambas cuencas, solo quedan disponibles unos 238 millones; tres de dichos sectores no tienen días de cobertura: el CA-1-5 (norte de Ciego de Ávila, Morón y Cayería Norte), el CA-1-9 (municipio de Primero de Enero) y el CA-1-11 (municipios de Primero de Enero y Bolivia), a lo que se agrega el avance de la cuña de intrusión salina por el norte y el sur. Si no llueve en los próximos meses, el cerco continuará cerrándose».

Por lo pronto, en la ciudad de Ciego de Ávila, la más consumidora de la provincia, comenzó la cruzada para reordenar o construir nuevas obras en el intento de dar un mejor servicio a la población.

Desde La Habana llegó Almín Vera Fernández, director de la unidad empresarial de base Occidente, perteneciente a la Empresa de Mantenimiento y Reparación de Obras Hidráulicas. Vino con una avanzada de 17 hombres y de inmediato comenzó las labores en el nudo número ocho, uno de los más deteriorados de la urbe avileña.

«Ya casi terminamos este nudo de operación (desde donde se conduce el agua para los distintos sectores). Nosotros excavamos, cambiamos las válvulas y los tramos de tuberías dañados, tapamos y seguimos. Se dice fácil, pero el trabajo se las trae», comenta mientras piensa en los otros 13 que quedan.

«El otro día nos acostamos a las 2:00 de la madrugada y a las 8:00 de la mañana estábamos de nuevo en la pelea, porque queremos terminar cuanto antes para restablecer el servicio y el acueducto sea más dócil a las operaciones», afirma Maikel Oliva Ricardo, jefe de la brigada cuatro.

Así es el día a día para mitigar los efectos causados por la falta de agua. Dicen que la sequía atenaza, pero no ahoga; sin embargo, Oscar Benedico Rodríguez, director del centro meteorológico de la provincia, no tiene halagüeñas noticias.

«En los últimos dos años, solo en cuatro meses llovió por encima de la media histórica. Pronosticamos que en los restantes del periodo seco (hasta abril) las lluvias serán muy deficitarias, al igual que en los inicios de la etapa lluviosa, que se extiende de mayo a octubre».

Ojalá las predicciones sean solo eso, predicciones, aunque a decir verdad, han sido muy acertadas. Unos claman porque las nubes lleguen cebadas de agua y descarguen donde más beneficioso sea; otros, simplemente, no creen en milagros. ¡Y hasta ahora tienen la razón!

 
 

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