“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

La obra de Eusebio Leal vista con ojos extranjeros

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Foto: Tony Hisgett

La Habana te deja un sabor contradictorio; agridulce. Y en esto no tiene nada que ver la mística política o el estupor, o la ideología o lo que hemos interiorizado, desde nuestra óptica de acomodados consumidores occidentales, como pobreza. Lo de La Habana es una melancolía muy distinta a la que te queda cuando visitas La India; una alegría también muy diferente. Creemos que este sentimiento es fruto de la proximidad. Caminar por las calles de la capital de Cuba te somete al esfuerzo de no caer en la ficción de que estás en casa. Como sucede, por ejemplo, la primera vez que paseas por la Avenida de Mayo en Buenos Aires y tienes la impresión de que el avión se ha pegado once horas dando vueltas para aterrizar otra vez de incógnito en algún aeropuerto desconocido a un par de horas de Madrid. Porque La Habana tiene un mucho de Cádiz ; un poco de Las Palmas ; un bastante de sur y el Mediterráneo español en el Caribe.

Un deje que nos habla de un pasado esplendoroso pese a los desconchones; la humedad; los socavones y las fachadas que anhelan por una mano de pintura. Pese a eso, La Habana es hermosa y luminosa. Una ciudad que se renueva y que aspira a recuperar ese viejo esplendor a través de un ambicioso plan de restauración y apertura que está facilitando mucho las cosas al viajero independiente. Más allá del revoque de fachadas y la recuperación de edificios y empedrados, el casco histórico se ha convertido en un polo de desarrollo turístico con la apertura de alojamientos privados, restaurantes, galerías de arte y todo tipo de negocios. Afortunadamente, son los propios vecinos de la zona los que están protagonizando esta revolución dentro de la revolución. Una bendición para los que huyen de los resorts y los amantes del turismo urbano.

Una ciudad que mira al mar a través de su afamado Malecón, un interminable paseo de ocho kilómetros que une la desembocadura del Río Almendares y el Castillo de San Salvador de la Punta (Horario: LD 9.00 – 17.00), una de las dos fortalezas que defendían el canal que da entrada a la Bahía de la Habana y que hoy alberga una impresionante exposición sobre la Flota de Indias, el servicio de conexión marítima entre España y La Habana durante la época colonial. Justo enfrente se alza la El Bastión de los Tres Reyes del Morro (Horario: LD 10.00 – 18.00) con su famoso faro (hoy alberga un museo naval). Las dos fortalezas, símbolo imponente del pasado español de la isla, defendieron la entrada de la Bahía durante 400 años y son una magnífica forma de iniciar la exploración de esta fantástica ciudad (imperdible para los entusiastas de la historia como nosotros). La Lanchita de Casablanca sale desde la nueva Terminal de Ferrys y conecta las dos orillas del canal. Es un trayecto corto y a parte de ofrecer unas vistas impresionantes sobre la ciudad vieja, es una oportunidad única de alternar con la población local, algo que, en Cuba, es impagable.

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Foto: Michael Wood

Explorando la Ciudad Vieja

Sumergirse en la cuadrícula de calles que forman La Habana vieja es hacer un viaje al pasado. Esta parte de la capital, junto a su complejo sistema de fortificaciones, fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 1982 y apenas un par de minutos de paseo ponen de manifiesto el increíble valor histórico de la vieja ciudadela habanera: aún con los enormes problemas de conservación que hay, que no son pocos. Cuatro plazas articulan una trama urbana en la que se contabilizan más de mil edificios históricos . ¡Mas de mil! Una muestra de la importancia que tuvo esta ciudad para la América española durante cuatro siglos. Plaza de Armas; Plaza de la Catedral; Plaza Vieja y Plaza de San Francisco son los centros desde los que se organiza toda la trama urbana en la típica disposición en damero que alterna verdaderas joyas de la arquitectura colonial; palacios e iglesias barrocas y preciosos edificios Art Decó.

Hablar de todos y cada uno de los palacios, conventos, viejas iglesias coloniales y fortalezas que se desparraman por la Vieja Habana requeriría de mil artículos como éste. Entonces, ¿qué hay que ver? Cualquier lisado sería subjetivo. Una buena idea es visitar primero el Museo Maqueta de La Habana Vieja (C/ Mercaderes, 114; Tel: (+537) 866 4425; Horario: LD 9.00 – 18.00) y echarle un vistazo de gigante a una espectacular reproducción del casco histórico realizada a escala . Es una buena forma para ir identificando los lugares más importantes e ir planificando el paseo. A dos pasos, a orillas de la bahía, se encuentra el Castillo de la Real Fuerza (C/ O’ Really, sn; Tel: (+53) 864 4490; Horario: LD 9.00 – 18.00), que fue la primera residencia del gobernador y eje de la vida colonial de la ciudad y el espectacular Palacio de los Palacios Generales (C/ Tacón, 1; Tel: (+53) 7869 7358; Horario: LD 9.30 – 18.00; E-mail: museologia@patrimonio.ohc.cu ), obra cumbre del barroco en América y hoy sede del Museo de Historia de la Ciudad.

Ponerse a hablar de museos y casonas sería tedioso e interminable. En el mapa te mostramos los más importantes (por ejemplo a nosotros nos encantó el de Arte Colonial y nos defraudó el Arqueológico) y ya queda a tu elección dónde y cómo ir. Eso sí, ve a las cuatro plazas y permítete el lujo de sentarte y observar. Los entornos de las plazas se han beneficiado de un cuidadoso trabajo de restauración que está devolviendo a la capital cubana ese viejo esplendor que se perdió por años de abandono y malos cuidados. La Plaza Vieja es un verdadero placer y también una clase de arquitectura colonial. Y en la Plaza de la Catedral reina resplandeciente Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción (Plaza de la Catedral, sn; Horario: LD 9.00 – 17.00) una maravilla del barroco construida con piedra blanca del Golfo de México.

Después toca callejear sin dejar de pasar por las calles más populares y populosas del casco histórico: Obispo; Paseo del Prado; Mercaderes, el Callejón del Templete… Eso sí, cuidando de ir uniendo puntos los puntos de interés sin dejar de hacer las obligadas visitas al Floridita (C/ Obispo, 557) y a La Bodeguita del Medio (C/ Empedrado al 200), quizás los bares más famosos del mundo. Si no te importan las colas interminables y las aglomeraciones, aquí podrás comprobar si el axioma de Hemingway es correcto: “El Daiquiri en el Floridita y el Mojito en la Bodeguita”. O sentarse en el mítico Café del Oriente (C/ Oficios, 112) una joya del Art Decó en la que se puede comer y beber bien al ritmo de buen Jazz en directo. Otro buen lugar para comer es Doña Eutimia (C/ Callejón del Chorro, 60; Tel: (+53) 7861 1332) Fama bien ganada. Especialidades tradicionales de la gastronomía cubana con una factura superior a la media de la ciudad. Conviene reservar.

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Foto: Guillaume Baviere

Ecos de la revolución en La Habana vieja

Los grandes hitos de la Revolución Cubana en la capital se encuentran en los barrios que se expanden más allá del Capitolio (Paseo José Martí, 513) –con la Plaza de la Revolución como emblema-. Pero dentro de los límites de las antiguas murallas –hoy desaparecidas- se encuentran dos lugares que formarían parte de una hipotética ruta revolucionaria (marcada en el mapa con estrellas rojas). Justo en frente de la Estación Central de Ferrocarriles se encuentra la Casa Museo José Martí (C/ Leonor Pérez, 314; Tel: (+53) 7861 3778), lugar en el que el padre de la independencia cubana nació y vivió sus tres primeros años de vida. Hoy atesora objetos y documentos del propio Martí y es, también, una buena oportunidad para ver por dentro una casa colonial de clase media-baja.

Otro imperdible en una visita primeriza a La Habana es el Museo de La Revolución (Avda de Bélgica, sn; Tel: (+53) 7860 1524; Horario: LD 9.30 – 16.00) situado en el antiguo Palacio Presidencial –ya sólo ver el edificio por dentro es increíble- hace un recorrido histórico por los principales hitos de la historia reciente de Cuba a través de sus personajes y objetos de gran importancia histórica como el yate Granma, el barco que trajo hasta Cuba a Fidel y el Che (junto a otros revolucionarios) para iniciar la lucha armada en 1956. Al otro lado de la bahía se encuentra la Cabaña del Che (C/ Arret de los Cocos, sn –junto al Castillo de San Carlos-) primer lugar de residencia del mítico guerrillero argentino tras la toma de La Habana y en la que se ha habilitado un pequeño museo. Ideal para mitómanos y fanáticos de la historia.

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Foto: Jorge Elías

 
 

One thought on “La obra de Eusebio Leal vista con ojos extranjeros

  1. Esto es una guía , con algunos errores , apropiada para visitantes primerizos pero sin especificar la importante labor del Historiador en cada uno de ellos , de hecho , no se menciona a Eusebio Leal en el texto . De los errores : Palacio de Los Palacios
    Generales donde debió decir Palacio de Los Capitanes Gen…, la dirección del Palacio Presidencial no es Ave de Bélgica sino Calle Refugio entre Consulado y Ave de Las Misiones . Dona Eutimia es una paladar particular que no creo que sea obra de E L aun cuando él haya tenido que ver con la reanimación del Callejon del Chorro , la recuerdo en sus inicios y era la casa de Catá un coleccionista de antiguedades , pero en general , como programa de visitas está buena a pesar del olvido del Paseo de Paula con Los Almacenes San José al final . No se trata de La Cabana del Ché sino de La Fortaleza de La Cabana donde estuvo La Comandancia del Ché y donde suena el famoso Canonazo de las 9 pm . Saludos .

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