“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

La industria judía del diamante en Cuba

Tomado de El Nuevo Herald

Venían apretados en barcos. Habían vendido hasta la camisa para conseguir visados y pasaportes y lo primero que veían a la entrada de la bahía de La Habana era El Morro. Tras la fortaleza y el faro estaba la esperanza, pero también lo desconocido.

Eran los judíos que venían huyendo de la Europa ocupada por los nazis. Entre 1933 y 1944, 12,000 refugiados llegaron a Cuba.

Todo era extraño y no hablaban el idioma. Atrás dejaban obras de arte, negocios prósperos –fábricas o pequeños comercios–, empleos profesionales, y lo más doloroso, familiares que nunca volverían a ver.

La vida de estos refugiados de la guerra en la isla es el centro del documental Cuba’s Forgotten Jewels, a Haven in Havana, que se estrena en esta ciudad durante el Festival de Cine Judío (Miami Jewish Film Festival), que se celebra del 11 al 25 de enero en Miami Beach.

La primera función ya está completamente vendida, pero para la segunda, el jueves 18, a las 7 p.m., en el Miami Beach JCC (4221 Pine Tree Dr.), todavía hay entradas disponibles. Contará con la presencia de las directoras del documental, Robin Truesdale y Judy Kreith.

Es precisamente por la constante mención de Cuba en los recuerdos de la madre de Judy, Marion Finkels Kreith, que las realizadoras comienzan a reunir los testimonios de otras personas que compartieron esa experiencia.

Judy cuenta que su mamá recordaba con frecuencia el trabajo que hizo en los años que vivió en la isla: pulía diamantes en una industria que en Cuba no existía y que crearon los judíos para sobrevivir.

“Era una situación en la que todos ganaban porque esa industria contrataba tanto a refugiados judíos como a cubanos”, recuerda Judy sobre las palabras que repetía su madre, que llegó a Cuba con 14 años.

Marion Finkels Kreith tenía 14 años cuando su familia huyó de la Europa ocupada por los nazis hacia Cuba. En la isla trabajó en la industria de diamantes impulsada por los refugiados judíos. Ella es la inspiración principal para el documental ‘Cuba’s Forgotten Jewels, a Haven in Havana’. Cortesía

Muchos judíos intentaron vender corbatas, cuenta uno de los entrevistados en el documental, pero no todos eran vendedores.

La industria del diamante, y especialmente la laboriosa tarea de pulirlos, sí era un negocio que conocían.

Después de salir de Tiscornia, el campo de detención adonde los enviaban para cuarentena, en un lugar apartado junto a la bahía de La Habana, comenzaba su vida de desempleados.

Con bocas a las que alimentar, los refugiados crearon su propio medio de vida. Surgieron entonces los talleres donde pulían los diamantes que salían de África y que llegaban a la isla a través de Nueva York, el destino con el que la mayoría de ellos soñaba.

Siguiendo la legislación vigente, los talleres debían emplear un 50 por ciento de cubanos. El resto eran refugiados.

“Hoy no existe en la isla evidencia física de esos talleres, ni signos de que esa industria existió, y esa fue nuestra única dificultad”, dice Truesdale, que comenzó a filmar el testimonio de Marion para un archivo familiar.

“Una vez que empezamos a entrevistar a otros sobrevivientes del Holocausto y a escuchar sus historias, supimos que este documental tenía que hacerse”, dice Truesdale, que tiene una carrera como realizadora de documentales.

Judy, coreógrafa y profesora de baile, que había visitado la isla en varias ocasiones para estudiar las danzas afrocubanas y populares, trabajó junto a Truesdale durante dos años y medio en el documental. En el 2015 se trasladaron a La Habana para filmar.

“Estábamos fascinadas y sorprendidas de que muy pocas personas en Cuba sabían sobre la industria del diamante que existió en los años 1940”, añade Truesdale.

Refugiados judíos trabajan en la industria de pulido de diamantes, que se estableció en Cuba en los años 1940. Cortesía

Los testimonios se filmaron en Estados Unidos, la mayoría en Nueva York. Uno de los entrevistados es el hijo de Jack Grosbard, un empresario que trabajó junto a otros refugiados y más tarde abrió su propia fábrica. Se unió con un mecánico cubano y perfeccionaron la máquina que se usaba para pulir diamantes.

Como la mayoría de los refugiados se fueron después del fin de la Segunda Guerra Mundial, la industria no sobrevivió. Ni los gobiernos republicanos posteriores ni tampoco el castrismo se interesaron por mantener un récord histórico de esa industria.

“La mayoría de la información la encontramos en los archivos del Jewish Distribution Committee (JDC) en Nueva York, que ayuda a judíos en todo el mundo”, cuenta Truesdale.

El resto de los testimonios se concentran en cómo se adaptaron a la cotidianidad en la isla.

“Me encantaban los plátanos, íbamos al mercado en la calle Paseo”, cuenta una entrevistada.

“Había un color, una vida, un frescor en el aire”, recuerda otra.

“La primera vez que me pagaron tomé una moneda y me fui a la playa de la Concha”, dice otro testimonio.

Pero quizás es el más curioso es el de Felicia Rosshandler, que no sólo se convirtió en “una teenager cubana”, como ella describe, sino que encontró un amor. Rosshandler se enamoró entonces de un joven Edmundo Desnoes. Ella se fue de Cuba y años más tarde se reencontró en Nueva York con el autor de Memorias del subdesarrollo, con quien comparte su vida desde hace décadas.

Sus experiencias las recogió en el libro Passing Through Havana, A Novel of a Wartime Girlhood in the Caribbean.

Los refugiados dicen no haber experimentado antisemitismo en Cuba. “Nunca oí que se dijera, ¿qué hacen aquí?”, recuerdan.

“Siempre estaré agradecida a Cuba por abrirles las puertas a mi madre y a otros judíos cuando otros países se las cerraron”, dice Judy.

“Nos considerábamos afortunados, perdimos todo, pero no nuestras vidas”, resume una testimoniante hacia el final del documental.

Y de seguro hay muchos en Miami que pueden identificarse con esas palabras.

Fotos y recuerdos de los refugiados judíos en Cuba. Sus testimonios son fundamentales para reconstruir tanto sus experiencias en Cuba como un pasaje de la historia de la isla, la industria de diamantes que se estableció en los años 1940 y que murió con su partida. Cortesía

 
 

3 thoughts on “La industria judía del diamante en Cuba

  1. En la portada de su disco Rodríguez,el cantautor Silvio hace un panegírico de su padre Dagoberto enumerando los oficios que desempeñó y cita TALLADOR DE DIAMANTES.

  2. Buenas tardes,
    Recuerdo que a los judíos en general se les llamaba “polacos”, mi padre tenía amistad con varios que eran comerciantes. ¿Antisemitismo? Pues no sé cómo llamarle a la prohibición de que desembarcaran en Cuba los viajeros del San Luis , a esos infelices los enviaron de vuelta a Europa. Los humanos siempre tenemos que dar una de cal y otra de arena.
    Saludos cordiales,

  3. DE MI EXPERIENCIA PERSONAL
    La ¿industria? De la talla de diamantes sí sobrevivió, no sé a qué escala, hasta 1970 y un poco más.
    Nunca estuve dentro del taller, pero gracias a una joven que conocí en aquel entonces y con la cual comencé una relación, supe de la existencia de ese taller, que estaba situado al final del actual Banco Metropolitano que está en la calle Línea, casi esquina a Paseo.
    Ella era talladora y yo la recogía allí y merendábamos en el restorán.
    Siempre me admiré de que nunca antes había conocido de esa profesión en Cuba.

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