“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

La guerra de las palomas

Tomado de Chicago Tribune

Los cielos de Cuba viven una guerra de seducción. Los combatientes se llaman “Azul Buchetu”, “Coliblanco”, “Cenizos de los huecos”, “Ripiado” y “El Mexicano” y campean por los aires mostrando sus pechos tornasolados o estirando sus alas.

Muchos cubanos crían palomos que son lanzados cada día al aire para intentar atraer hembras a sus propios tejados. Son aves entrenadas para cautivar o, en el lenguaje local, “palomos de conquista”, una práctica que gana adeptos y en la que se mezcla la competencia, el comercio de pichones y la venta de ejemplares adultos para prácticas religiosas afrodescendientes.

“Es un vicio”, dijo a The Associated Press Edison Campos, un barbero de 28 años que comenzó a criar “palomos de conquista” cuando era niño. “Te quitaste la paloma… y estás en (la heladería) Copelia o en cualquier lado y te pones a mirar para arriba a las palomas. Sueñas con palomas y son las 10 de la noche y estás con las palomas”, agregó.

En miles de tejados de La Habana hombres jóvenes y viejos dedican horas a esta actividad, interconectándose con sus vecinos por otros techos -algunos desvencijados-, extendiendo puentes con tejas de zinc para llegar a las jaulas, esquivando cables o intercambiando animales u opiniones sobre los machos más “galanes” para conquistar hembras y a los cuales en su jerga llaman “ladrones” o “asesinos” pues, aseguran, tienen “mucha seducción”.

En los barrios populares la actividad causa furor y ha formado una red de “palomeros” -como se denominan entre sí los criadores- que conversan sobre las mejores jaulas, la forma de alimentación y medicación y las técnicas de entrenamiento. También los hay enemistados entre sí por algún pájaro lastimado, sustraído o reintegrado a su dueño tras un pago -que llaman “multa”- y que puede alcanzar hasta los cinco pesos convertibles, igual cantidad en dólares.

Además de afición, la cría es un buen negocio. Una paloma para ritos de santería -de las que un buen macho puede atraer dos o tres a la semana- se vende por el equivalente a cuatro dólares y los pichones de padres seductores por unos 10 o 20 dólares.

Mientras tanto, los vecinos de los abarrotados edificios multifamiliares adonde los palomares se convirtieron en ciudades avícolas sobre los tejados se quejan de la moda que está estropeando aún más las azoteas, destruyendo antenas de televisores y provocando accidentes desde las alturas.

En La Habana -y según varios criadores consultados en toda la isla- hay incluso varias asociaciones no oficiales y una gubernamental con reglamentos estrictos para sus miembros sobre las condiciones de los palomares y que organizan competencias para elegir al mejor palomo.

 
 

2 thoughts on “La guerra de las palomas

  1. Es cierto q esa “practica la hemos importado d Cuba, cuando llegue las palomas andaban sueltas y la gente las alimentaba, ahora las cazan; q pena con tanta cosa buena q traimos y q podiamos traer, traer “practicas tan …feas para d alguna manera nombrarlas

  2. Como me gusta este tema, me identifico, en mi adolecencia,en Cuba criépalomas,consumía toda mi energia, aprendí mucho de ellas, son recuerdos inborrables, sé que esa “enfermedad” contagiosa sigue en los techos de los barrios en Cuba, en cualquier pasillo,en cualquier rincón, acá tengo otras situaciones, ya soy un “viejo” y no es igual, acá es frío, en mi isla se siente, se vive cada vuelo, cada conquista, cada perdida, gracias por este escrito que ya leí en otro medio de informacion pero sin duda retrata a muchos cubanos que vivimos esos años que nos marcaron las palomas buchonas,mensajeras,satas, en fin gracias.

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