“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Katia, una ciudadana del mundo

1063154425Tomado de Sputnik News

Para alguien como Catalina Sin Chesa, no es fácil responder la pregunta ¿de dónde eres? A sus 76 años, la vida la ha llevado por rumbos tan distintos que no puede evitar sentirse un poco “de todas partes”.

“Pero mi alma es rusa”, dijo a Sputnik Catalina Sin Chesa. “En Rusia nací y viví mi infancia y juventud, esas etapas marcan más que ninguna”.

La historia comienza un poco antes en Huesca, Aragón (España), hacia el final de la Guerra Civil Española, cuando su padre, Ismael, es perseguido por su labor en el Gobierno republicano y su madre, Asunción, se queda sola, embarazada y con dos niños pequeños. “Mi padre era miembro del Consejo de Aragón, era responsable del pago a los luchadores. Mi madre era ama de casa, y la última vez que se encontraron en tierra española acordaron que tenían que huir”.

“Llegaron a Francia y ambos cayeron en diferentes campos de concentración para refugiados. A papá lo conocían y lograron sacarlo para la URSS. Él consiguió avisar a mamá a través de un periódico, en clave y ella pudo salir en el último barco que llevó españoles a la Unión Soviética. Llegando a Gorki, nací yo, la primera niña de la colonia española allí, y me nombraron Catalina Ismaílovna, pero siempre me dijeron Katia”.

Poco duró la paz para los Sin Chesa. “Al año y medio, aproximadamente, la Alemania nazi ataca la URSS y mi padre se incorpora a las guerrillas, porque no podía ir como soldado. Participó en la voladura de 27 trenes alemanes en Bielorrusia, se quedó medio sordo por eso. Una vez, casi lo matan sus propios compañeros de otro destacamento porque, como no hablaba ruso, lo confundieron con alemán.”

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Catalina Sin Chesa.

Tras la victoria sobre el fascismo, la familia se reúne nuevamente. “Ya en el 45, regreso con mamá a lo que por entonces eran las afueras de Moscú y hoy pertenece a la ciudad, Kosinó. Ahí estuvimos del 45 al 52, en la antigua vivienda de un ricachón ruso, una casa de dos pisos donde vivían unas 15 familias, tres de ellas españolas. En esa época empecé la escuela. A los 8 años, había que atravesar un bosque y un lago para llegar a la escuelita, que estaba a tres kilómetros de donde vivíamos. Después nos dieron un apartamento en Moscú, ya dentro de la ciudad. En una habitación vivíamos nosotros, y en la otra un aviador héroe de la guerra. Pero éramos todos como una sola familia”.

Ya de mayor, Katia estudió en el Segundo Instituto de Medicina de Moscú ‘Pirogov’. Fue por ese tiempo que su vida tomó un nuevo rumbo. “En el año 1962 me mandaron como traductora de español para la delegación cubana al Festival de la Juventud de Helsinski, un idioma del que yo no conocía nada, porque, aunque mis padres me hablaban, y entendía, yo siempre les contestaba en ruso.

Al terminar, fuimos a descansar al Mar Negro (al campamento estudiantil en Alushta). Allí conocí a Fernando, un cubano que estudiaba en Kiev, y en los 15 días que duró la estancia en el campamento de Crimea donde coincidimos, me visitaba diariamente. Nos comunicábamos como podíamos, me recitaba poemas de Lorca o de Martí, y yo no entendía ni la mitad, pero me gustaban”. Dos años de viaje constante entre Kiev y Moscú terminaron en boda. “Se gastaba todo el estipendio en pasajes. Cuando le dijimos a papá que queríamos casarnos, nos respondió que alguien tenía que terminar los estudios para que pudiéramos tener independencia económica. Nos casamos solo cuando yo terminé de estudiar”.

El nacimiento del hijo, el viaje a Cuba, el estudio de la especialidad de cardiología y una trayectoria laboral impecable en hospitales habaneros, se dicen fácil. Durante 22 años laboró en el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de Cuba, obteniendo los grados primero y segundo de especialización y categorías de investigador y docente, cumpliendo misiones internacionales en los marcos de CAME. Más adelante creó el Departamento de Rehabilitación Cardiovascular en el Hospital Nacional ‘Julio Díaz’. Pero este tiempo guarda infinidad de anécdotas, momentos difíciles, nostalgias que no caben en una entrevista.

“Fue complicado adaptarme al principio, pero me he sentido bien. Después de tanto tiempo soy un poco cubana también, aunque enseguida me descubren por el acento”, bromea. “Ahora ya estoy jubilada. Vivo con mi esposo en Fontanar, en las afueras de La Habana. Ahí me siento en casa, pues aprendí a querer este país, donde sufrí y trabajé por el bien de su pueblo durante tantos años. A España he viajado varias veces, pues tengo familia allá y me ha hecho feliz reencontrar mis raíces. Como mi hijo vive en Moscú, pasamos parte del tiempo con él y con su esposa, que es rusa. Nunca dejaré de amar profundamente a una URSS que me formó y ya no existe. Por eso me enorgullezco cuando me dicen ‘la rusa'”.

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Catalina Sin Chesa con su marido.

 
 

7 thoughts on “Katia, una ciudadana del mundo

  1. Cuantas historias de héroes en tiempos de luchas, cuando todavía había gente que quería mejorar el mundo. Héroes que nada tienen que ver con las películas americanas sino con el tesón y la voluntad de hacer un mundo más justo.

  2. Todo el que por diversas razones ha tenido que abandonar su “Terruño” tiene esa sensación de desarraigo, de ser extranjero en todas partes, hasta en su propia tierra, sea por guerras, por motivos económicos, por situaciones políticas la emigración es un fenómeno doloroso. Nosotros los cubanos que estamos fuera que añoramos nuestro país, pero que la gran mayoría sabemos que regresar a la patria en las condiciones actuales no es factible, ya que aprendimos a vivir como dice Pánfilo en su último comentario en Facebook con cosas tan insignificantes. como estas. “Aquí todos estos refrescos (todos) están fríos. ¿Qué hay que hacer para tomarse un refresco frío en Cuba?

  3. Gracias Fernando por adjuntar el artículo. Natasha Vazquez es una de esas periodistas cuyas crónicas y documentales sobre historias personales valen la pena disfrutarlas una y otra vez

  4. para historias de desarraigo…..nada Nuevo que contar…..al final,no le ha ido tan mal,verdad ?? Con un padre tan intranquilo,pues eso es asi !!….27 trenes volados !!!Vivio en casa de un ricachon ruso y en cuba,por donde vive,en casa de otro ticachon cubano,no esta mal,buen record !!

  5. Una más dentro de los tantos emigrantes que hay en este mundo, unos por aqui otros por allá, pero hay que reconocer que desde dentro de la barriga de su mami, tiene unos cuantos kilometros recorridos. Saludos

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