“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Idania, la clandestina

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Foto: Yaniel Tolentino.

Tomado de OnCuba

A primera vista, Idania del Río parece una adolescente. Menuda, desgreñada, de mirada limpia, casi inocente. Pero una vez que comienza a hablar su expresión cambia, sus rasgos se endurecen, y aflora entonces una fuerza insospechada en su delgadez.

Nacida en La Habana en 1981, Idania es una de las diseñadoras jóvenes más reconocidas de Cuba. Tras graduarse en el Instituto Superior de Diseño Industrial, ha acumulado un currículo que incluye exposiciones internacionales de carteles, ilustración de libros y revistas, dirección de arte de proyectos teatrales, trabajos de animación en Uruguay y premios como el Cubadisco de diseño gráfico.

“Un trazo puede tener una gran cantidad de significados”, afirma cuando le pregunto por su vocación. “No hay nada más apasionante que poder sugerir, que poder transmitir una o muchas ideas con una imagen”.

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Foto: Yaniel Tolentino.

Habla sin vanagloriarse, pero con evidente propiedad. Si el tema de conversación es el diseño, muestra la madurez de una consagrada. Apela a la visión artística materializada en su carrera. Camina sobre tierra firme.

Descree de la falta de estilo del diseñador, de que este solo deba ser el canal entre un mensaje y un cliente como suele afirmarse en la academia. “Conectar cosas es fundamental”, asegura, “pero también lo es crear, proponer. Por eso he ido confiando cada vez más en lo que tengo que decir”.

Y lo que tiene que decir Idania del Río es sorprendente.

Su estética cautiva por su aparente sencillez, por un dibujo que recuerda lo infantil aunque no hay nada ingenuo en sus propuestas. El humor, precisa, es una de sus claves creativas.

“No soy la persona más divertida del mundo, pero creo que el sentido del humor ayuda mucho cuando uno enfrenta los problemas, las cosas que pasan todos los días. Es algo que disfruto, porque la vida en general es bastante difícil, y si no tienes sentido del humor, entonces es más dura todavía. Por eso mi obra tiene siempre un poco de humor, de una especie de positividad que me es muy inherente. Yo quiero que todo esté bien, que todo sea bonito, aunque no por ello estoy ajena a que las cosas realmente no son así”.

Idania siente su labor creativa como “una zona de mucha paz”. “Cuando tengo problemas, siempre me viene bien hacer algo. Cuando pasan cosas buenas, también. De alguna manera me he protegido de esa forma”.

Sin embargo, lejos de la apacibilidad que sugieren sus palabras, ella pasa hoy gran parte del día “molesta por el estrés del trabajo”. La suya, dice, es una “molestia creativa”, un “impulso para ponerme en marcha”.

La culpa de ese estrés la tiene Clandestina, la tienda-estudio de diseño que abrió en febrero de 2015 en La Habana Vieja junto a la española Leire Fernández. En ella, la artista ha volcado toda su experiencia y voluntad.

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Foto: Yaniel Tolentino.

“Clandestina ha sido para mí como una cápsula donde he podido desarrollar muchos aspectos de mi profesión. He trabajado la identidad en el diseño, que es algo que siempre me interesó, y siento que he crecido mucho. Pero también me molesta que haya cosas que no pueda hacer. Todavía hay muchas limitaciones tecnológicas, de materiales, de percepción, y eso puede ser frustrante. Pero sobreponerse a todo ello para lograr un producto competitivo es siempre la mejor parte. Es como un aprendizaje diario”.

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Foto: Yaniel Tolentino.

Los inicios, reconoce, fueron complejos. “Cuando empezamos éramos sencillamente dos entrometidas, dos outsiders en un mundo casi desconocido, unas clandestinas. Esa era nuestra filosofía. Y aunque hemos tenido que aprender sobre la marcha, nos interesa mantener ese perfil, seguir alejadas de la moda más homogénea, del fast fashion”.

Uno de los conceptos que distinguen su proyecto es el de 99 % cubano. La propia Idania lo lleva en su camiseta durante la entrevista. “Sabíamos que podía funcionar porque es provocador. Al cubano le gusta resaltar lo propio, así que nos ha servido como carta de presentación. No es 100 porque sería muy absoluto, muy aburrido, y creo que no se debería ser 100 % de nada”.

Con conceptos como este y líneas como Clandestina y Vintrashe, el proyecto se ha consolidado. Camisetas, jabas, sombreros, fundas de almohada, pósteres y vasos son algunos de los productos que se comercializan en la tienda, a pocos metros de la habanera Plaza del Cristo.

La diseñadora ve en el reconocimiento alcanzado no solo un éxito individual sino también colectivo, el logro de personas –ella, Leire, sus trabajadores– comprometidas “en llegar lo más lejos posible”. Pero Idania es, sin dudas, el alma de Clandestina.

En marzo de 2016 estuvo entre los emprendedores cubanos que se reunió en La Habana con Barack Obama. Entonces defendió ante el presidente estadounidense los beneficios que el fin del embargo podía traer a la economía de la Isla y, en particular, a su naciente sector privado.

Un año después, en tiempos de Donald Trump, Del Río sigue siendo optimista. “Cuba está en un buen momento ahora”, afirma. “Hay mucha gente mirando, personas de todo el mundo interesadas en lo que está pasando aquí, y yo le insisto a mis amigos en que se pongan las pilas porque no sabemos cuánto va durar esta ventana”.

Idania lamenta no poder hacer más, no poder materializar como quisiera todos sus intereses creativos. Al mismo tiempo, siente orgullo de haber podido inspirar a otros a seguir su camino, en especial a las mujeres.

“Me gusta que las mujeres puedan vernos como una especie de modelo. Y lo digo sin autosuficiencia, porque con nosotras trabajan hombres también. Pero creo que lo que hemos logrado demuestra que sí se puede, que vale la pena intentarlo, que tienes que creer en ti misma para sobreponerte a las dificultades y seguir”.

Con esa brújula Idania del Río mira hacia el futuro.

“Me gusta imaginarme cosas grandes, pero he aprendido que los éxitos se logran día a día. Poco a poco, sin correr, hemos ido acumulando experiencia, tenemos más trabajo que mostrar. Eso nos ha ido abriendo puertas y así pensamos seguir para que Clandestina sea lo que soñamos. El trabajo es siempre la llave”.

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Tienda Clandestina, a pocos metros de la Plaza del Cristo, en La Habana Vieja. Foto: Yaniel Tolentino.

 
 

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