“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

¿Hay salida al déficit de la vivienda en Cuba? (II)

Foto: Raquel Pérez Díaz.

Escasez de recursos y soluciones probables.

En la publicación de Cuba al IV Foro Urbano Mundial de Naciones Unidas, en noviembre 2008, se describe nuevamente el ya viejo diagnóstico oficial del déficit:

“La principal limitante para el desarrollo de los programas de la vivienda en Cuba ha sido la insuficiencia de recursos materiales y financieros, agravados por los efectos del bloqueo económico, material y financiero impuesto por los Estados Unidos de Norteamérica durante 48 años, que ha impedido el acceso a los mercados y créditos para la adquisición de materiales, productos y tecnologías”.

Aun faltándole variables ajenas a los recursos, como es la restrictiva madeja legal, demos por bueno ese dictamen para evidenciar la solución a la que apunta: generar los recursos necesarios al hábitat cubano bajo la menor dependencia externa. Respondiendo la pregunta de cómo sería posible alcanzar esta meta desde un escenario de pobreza, al menos rozando su gestión integral, descentralizada y sostenible, sería recomendable implementar -también completar con otros aportes- las siguientes veinticinco propuestas enfocadas holísticamente -como un proceso sistémico y no como acción aislada- a la provisión de los recursos materiales, humanos y financieros que hoy resultan indispensables al hábitat cubano:

Incrementar la producción, movilización y aprovechamiento de los recursos materiales.

1. Desarrollo local y movilización de recursos a todas las escalas.

De acuerdo con la Constitución de la República, el Estado central no está obligado dotar a todos de viviendas sino a trabajar por favorecer el proceso. Parece oportuno entonces que libere las fuerzas productivas más involucradas en la atención del déficit y cree las condiciones para que los actores locales -en provincias, municipios y barrios- asuman con autonomía el peso mayoritario de la gestión, producción y movilización de recursos dirigidos a la vivienda. Libre autogestión local sería la clave

2. Promoción local de un sistema empresarial y una industria estatal blanda para los materiales.

Pequeños talleres estatales, industrias recicladas (como las resultantes de la reconversión azucarera), industrias locales del Poder Popular y pequeñas empresas públicas municipales o barriales, deberán promover la producción y movilización de recursos locales que no puede atender la gran industria central. Incluirá el reciclaje de desechos y la producción de insumos tecnológicos -aparatos, herramientas, equipos para la pequeña mecanización-. La venta directa a la población es un prerrequisito para la movilización local y la accesibilidad a esos recursos a través de reglas de mercado socialista.

3. Socialización y extensión de tecnologías económicamente viables, ambientalmente sostenibles y culturalmente apropiables.

El inventario de las técnicas constructivas disponibles forma parte también de la reserva de recursos nacionales. La importación acrítica de tecnologías ajenas -sean alternativas o high tech- no evaluadas para el escenario cubano debe cesar y promoverse las que resultan cercanas al contexto, cultura, tradiciones, demandas y potenciales del país para introducirlas, sin ser impuestas, allí donde resulten adecuadas y viables.

4. Ampliar el sistema empresarial autogestionario y promover la pequeña y mediana industria no estatal de materiales de construcción enfocados a la vivienda.

El sector no estatal de la economía, en tanto actor irregular ya presente, deberá formalizarse y estimularse su potencial de pequeña y mediana industria para que contribuya a la producción y venta local de materiales. Los procedimientos deberán ser facilitadores y no restrictivos del proceso, lo cual no está reñido con su comprensible ordenamiento. Resulta indispensable que sean abastecidos de ciertos insumos por el Estado, tal como sucede hoy con otros productores locales.

Foto: Raquel Pérez Díaz.

5. Ajustar la economía de escala a la dimensión local de la industria de materiales y recuperar tradiciones, tecnologías y métodos de producción culturalmente apropiables.

Junto a la gran industria, con otros objetivos específicos que cumplir, prevalecerá la racionalidad que reconoce a la pobreza como un factor restrictivo y condicionante de la producción a la par que se estimulará la actualización de tecnologías locales que alguna vez ayudaron a reducir el déficit habitacional, desde fuera de los circuitos formales de producción. Serán bienvenidas también la tabla de palma, el barro y la cerámica, la madera del marabú, el tapial, el guano, la piedra labrada y cuanto recurso se sabe producir como acervo de la cultura arquitectónica local.

6. Liberación del mercado estatal de recursos y la libre importación, con fondos privados o públicos, en ambas monedas.

Los productores locales intermedios o las grandes empresas, los actores privados con ingresos en ambas monedas y demás involucrados que poseen fondos legales destinados al hábitat, deberán acceder fácilmente al mercado nacional de materiales y servicios a precios accesibles o, de ser preciso, a facilidades para la importación de insumos y equipamiento que éste no pueda garantizarles ahora.

7. Planeamiento, loteado, venta y traspaso de la Propiedad en parcelas urbanas estatales.

El suelo urbano es un recurso escaso, necesario y no renovable a corto plazo. La tierra urbana no puede ser regalada ni prestada. Es preciso facilitar su venta y propiedad a quienes asuman la construcción de viviendas por esfuerzo propio, lo cual no ha sido usual o siempre viable. Las entidades estatales y otras no privadas se someterán -también- a un mercado del suelo regulado por el Estado, regido y pre-diseñado por él a través de su sistema de planificación física.

8. Reanimación de la venta e intercambio de viviendas, terrenos y azoteas privadas.

Se recuperarán estas facilidades descritas en la Primera Ley General de la Vivienda, en 1984, y luego canceladas o entorpecidas. Su contribución al equilibrio de la demanda y la rotación de medios es muy positiva. Constituyen una herramienta muy útil en la densificación urbana, la optimización de la ocupación del suelo y la movilización total de los recursos locales, dinamizando su mercado.

9. Liberalización y flexibilización reglamentaria en la producción y manejo de los recursos.

Se facilitarán los procesos relacionados con la gestión producción y distribución de los recursos locales, generalmente presentes sin poder ser movilizados por motivos burocráticos o formales. No se proclama la desregularización a ultranza sino la flexibilización del tema, con lo que los gobiernos locales asumirán un rol protagónico y facilitador. Leyes, reglamentos y resoluciones deberán rediseñarse desde ópticas no restrictivas, que estimulen y movilicen también los recursos dirigidos a reparar o mantener el fondo habitacional existente. La justicia se hará presente ejerciendo su potencial represivo sólo sobre el incumplidor y no sobre el total de actores con iniciativas, forzando directamente al infractor y no a todo promotor-productor.

Foto: Raquel Pérez Díaz.

 
 

5 thoughts on “¿Hay salida al déficit de la vivienda en Cuba? (II)

  1. Si le manda copia a cada uno de los diputados se dara cuenta de a donde iran a parar cada uno de sus recomendaciones.Alli para pensar no hace falta mas gente.Los pensadores ya estan solo hace falta gente para levantae la mano.

  2. Interesantes propuestas que estimo deben ser implementadas. Ahora 2 preguntas ¿Que debe hacer el Estado para liberar las Fuerzas Productivas? ¿Que reglas del Mercado Socialista deben aplicarse para la venta directa de materiales a la poblacion?

  3. Libre autogestión local sería la clave, ademas el CONTROL sobre la CALIDAD y LA COMPETENCIA entre los Municipios, que es el MOTOR del desarrollo.

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