Hacia la tierra de los kunas
Kuna Yala, la tierra de los kunas, es uno de los últimos paraísos naturales que existen en el planeta. Ubicada en la costa norte de Panamá, cuenta con una franja montañosa de bosque tropical y 378 islas situadas en el mar Caribe, de las cuales solo unas 40 están habitadas. El turismo aun resulta mínimo pero algunos de los visitantes son artistas famosos y políticos que llegan en sus veleros para fondear junta a una u otra isla.
Los kunas tienen un gobierno autónomo, logrado en 1925 tras un enfrentamiento armado con las autoridades centrales de Panamá, lo cual les ha permitido resistir varios intentos de lanzar un desarrollo turístico masivo. El último fue el cantante Rubén Blades, quien durante su periodo al frente del Ministerio de Turismo intentó convencer a los kunas de que aceptaran el ingreso de las grandes cadenas hoteleras a su región. “Le dijimos que no queremos una entrada incontrolable de turistas y que en nuestra región solo pueden tener propiedad los kunas”, nos explica el abogado Atencio López Presidente del Instituto de Investigaciones y Desarrollo de Kuna Yala.
“Para nosotros se trata de un reto el desarrollo del turismo porque buscamos lograr un equilibrio que proteja la naturaleza y nuestra cultura”, expresó el abogado y agregó que “necesitamos que vengan turistas pero no queremos que la cantidad sobrepase las posibilidades de las islas, mañana llegan más de 200 personas a una de ellas y nosotros nos preguntamos cómo resolver el problema de la basura sin afectar el ecosistema, por ejemplo”. Por lo pronto, crearon una secretaría de turismo en el Consejo y han enviado 25 jóvenes kunas a estudiar turismo en Barcelona para poder administrar el inevitable crecimiento de visitantes a la zona.
El sociólogo Blas López, sub Secretario General Kuna y miembro de su Consejo gobernante nos cuenta que “hasta ahora nuestra zona se ha vendido como un destino de sol y playa pero aspiramos a un turista que se interese también por nuestra cultura y que respete nuestras costumbres”, agregó que los kunas son “una comunidad profundamente espiritual que cuenta con un Consejo del la Cultura que vigila porque las decisiones tomadas por el Consejo de Gobierno no afecte las tradiciones, costumbre y cultura kuna”. Explica que incluso promueven la educación bilingüe de los niños en un proyecto que se financia con ayuda española para el desarrollo.

Los turistas que vienen en crucero solo ven a los kunas una tarde, cuando bajan a comprar artesanías. Foto: Fernando Ravsberg
En la actualidad alrededor del 40% de los ingresos de los kunas provienen del turismo, en el futuro será aun mayor y la iniciativa individual crece. Un buen ejemplo es el caso de Blas Tejada, el primer kuna que jugó en la liga nacional de básquetbol de Panamá. Tras su retiro deportivo decidió regresar a la comunidad y asociarse con Anicio Sarez, propietario de una de las islas. Juntos crearon un restaurante que recibe todo tipo de turistas pero “principalmente gringos, vienen muchos Boy Scauts y estudiantes que acampan en la isla”, nos explica Blas y agrega que pronto construirán 4 cabañas para alquilar. Para acampar en la isla se requiere un grupo no menor de 5 turistas que la disfrutaran en exclusividad, cuesta U$D 70 por persona por un mínimo de 2 días con todo incluido, incluso el trasporte marítimo. El precio de las cabañas será de U$D 120 por el mismo periodo. La comida en la isla se basa en langosta o pescado, plátanos fritos y arroz cocido en agua de coco. Todo está preparado de forma exquisita no en vano los kunas presumen de ser los mejores chef de Panamá.
Como se pueden entretener en las comunidades Kunas
Para no aburrirse de estar en la misma isla se puede alquilar una lancha con motor y hacer una expedición, lo que le costará por todo el día alrededor de U$D 30. Si al llegar al embarcadero contrata el bote de Elías Pérez y su esposa -maestros en una de las comunidades kunas- además de recorrer varias islas podrá oír mucho sobre la historia, las tradiciones y cultura de esa nación. Es recomendable pagar un poco más y conocer los “Cayos Holandeses”, quedan un más lejos pero son totalmente vírgenes, están deshabitados y difícilmente se encontrará allí a otro turista.

Las mujeres kunas tejen en las piernas de los visitantes sus adornos típicos. Foto: Fernando Ravsberg
Una buena alternativa para los amantes de los fondos marinos es el buceo aunque los kunas solo permiten las inmersiones a pulmón. La prohibición de utilizar tanques de oxigeno es para ellos un medio de proteger el ecosistema. No existen puntos de buceo predeterminados pero como contrapartida se puede elegir cualquiera de las abundantes barreras coralinas, prácticamente vírgenes y con una riquísima vida marina. La aventura puede seguir en el barco hundido que hay junto a la isla Achu-tupu, totalmente devorado por los corales.
En Kuna Yala todo es muy sencillo, los platos se basan fundamentalmente en mariscos y pescado y las cabañas se construyen con paredes de caña y techos de hojas de palma, imitando los hogares de los habitantes de la región. La única forma de hacer un turismo más lujoso es a bordo de uno de los cruceros que de vez en cuando recalan en las islas. La comodidad es mayor pero el contacto con la naturaleza casi nulo y la relación con los kunas se limita a una tarde de compra de artesanías en la isla de Cartí.
La mejor forma de conocer la región parece ser a través de la agencia de viajes del Consejo General Kuna. Comunicándose con ellos a nangabayai@congresogeneralkuna.com le pueden organizar unas vacaciones maravillosas donde combine el turismo de sol y playa con el conocimiento de las tradiciones y cultura de la única comunidad autóctona de América Latina con autogobierno. Los precios son bastante asequibles, 6 días y 5 noches cuesta menos de 500 euros por visitante y le incluyen traslado desde Ciudad de Panamá, viaje en lancha hasta la cabaña, desayuno, almuerzo y cena, actividades culturales y visitas a las diferentes islas.


Deje su comentario