“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Granma, la comunicación y el debate

debate-cuba-cubanosTomado de Granma

Comunicar es un proceso, sí, pero también cada vez es más arte. Para que ese infinitivo sea factible, se requiere al menos de dos personas dispuestas a intercambiar entre sí los trajes de emisor y receptor. Y he ahí, en esto último, donde radica mi mayor preocupa­ción: por un lado se tornan mayoría, con frecuencia vertiginosa, quienes hacen (ab)uso de la palabra y, en el otro extremo, escasean en mayor medida personas del tipo “soy toda oídos”, al punto de convencerme de que se trata de una especie signada por el peligro de la extinción.

La vorágine de la cotidianidad, las rutinas (im)productivas… en fin, el tiempo (auto)li­mitado permean el espacio para el intercambio, la conversación o la comunicación en ge­neral.

¿Será que vivimos la impronta de la contemporaneidad, donde Cronos anda siempre apurado, o que hemos sido abducidos por la mutación inconsciente del diálogo abierto al monólogo desmesurado?

La sociedad cubana de estos tiempos —sin caer en incómodas e injustas generalizaciones— no escapa a esa realidad tendente a pon­derar el yo-emisor, distintivo de una (in)cultura del debate, y a relegar a planos secundarios lo que el otro quiere decir, como elemento de feed-back (retroalimentación).

El demérito como respuesta a quien osa franquear —muchas veces con razón— los muros del criterio personal, la ira ante la frustración y el temor absurdo a quedar en ridículo son los síntomas más tangibles de un aborto comunicacional.

En un intento de decodificar los abrumadores porqués, la realidad busca explicaciones anafóricas: el convertirnos por momentos en autómatas de recetas comunicacionales que no siempre funcionan, o el supeditar las relaciones —y por tanto, la comunicación— interpersonales al prisma de otros procesos.

También la distorsión de frases que nunca abogaron por centralizar las discusiones y que, sin embargo, desembocaron en camisa de fuerza criterial, sujeta en no pocas ocasiones a la verticalidad del “ordeno y mando”, e incluso el cansancio de escuchar, en una reunión sindical, por ejemplo, los mismos arcaicos argumentos de años y años sobre el porqué no se llevó a término una buena idea, al punto de hacernos perder el estímulo por la confrontación sana… “¿para qué, si es más de lo mis­mo?”.

Y a ello se añade la peligrosa tendencia de no aprovechar espacios concretos de discusión, sea por la incapacidad de quien las conduce para abrirse a los argumentos de los otros y trunca “a modo de conclusión” el de­seo de intervenir de los demás, o bien por el acomodamiento extremo al silencio de quien asiste pero no participa del intercambio. Es­to último puede ser a veces por sobresaturación del mo­nólogo desplegado por el persona­je de arri­­ba, o por la desesperación de salir a resolver “diligencias mayores”, o porque —simplemente— permanecer callado resulta có­modo y detesta salir de su zona de confort. De cualquier mo­do, cede ese espacio concebido para ejercitar los músculos del debate, que a falta de práctica se han puesto sedentarios.

Tampoco escasea quien escudriña la clásica frase de líneas arriba (“todo oídos”) para intentar convencerte de que te escuchará y cae, chapuceramente, en más de lo mismo: oídos sí, pero que solo oyen y nada escuchan. Un personaje que se va haciendo endémico, a fuerza de abuso del rango o estatus en un espacio determinado, y que busca deleitar a sus órganos receptores del sonido con una prolongada retórica en ocasiones carente de sentido, una intervención unipersonal.

La agresividad al exponer (o imponer) los argumentos, la tendencia peligrosa a absolutizar, la práctica ampulosa de demonizar a la ju­ventud cual si fuese un grupo etario casi ex­traterreste al que se culpabiliza buena par­te del tiempo por malas maneras, y la retirada ex­plosiva con ademanes de molestia o resentimiento cuando —en el cenit de una controversia— sobran las palabras pero faltan argumentos, parecen caracterizar los debates o discusiones de un segmento de los cubanos y cubanas de hoy.

Sobre todo la ironía azuzada y el amor a satirizar lo que expresa el interlocutor, cuando muestra inconformidad con lo que plantea­­mos. Si es en un espacio público, donde la autoestima puede verse menoscabada, la carta debajo de la manga suele ser la de los “trapos sucios”. Y qué decir del falso mito de que “ha­blando, no hay quien nos gane a los cubanos”.

Cuando se intenta imponer algún criterio, este pierde fuerza, y a falta de ella, se minimiza o esfuma la razón. No se trata de vencer al otro en una confrontación de ideas, sino de convencerlo con fundamentos sólidos, o de simplemente decir lo que se piensa y respetar la diversidad de pensamiento.

El sentido común, ese al que se le tilda de ser el menos común de los sentidos, debe aflorar antes de la exaltación que conduce a la ofensa, porque en el mejor de los casos discutir no se traduce en convocatoria para caerse a pa­los en el clímax de un entronque de cri­terios.

Saber debatir también implica preparación y disposición dialógica, pues no sale airoso aquel al que más se le hinchen las venas, o quien crea tener en su boca la verdad absoluta por el rédito de un cargo o estatus, y mucho menos el que, en el afán de “salir por la puerta ancha”, desate su rebuscada labia, a veces saturada de ornamentos huecos que poco comunican, o lo hacen mal.

Pero esta, en fin, es solo mi opinión, que puede o no coincidir con la de usted que me lee. Pretender la homogeneidad de pensamiento es una falacia mal concebida. El intercambio, el debate, queda abierto. Ahora sí, sin ánimo de sátira ni ironía, soy toda oídos.

 
 

12 thoughts on “Granma, la comunicación y el debate

  1. Gabriel, tu me debes una disculpa porque me acusaste de manipular a la gente en un artículo que ni siquiera había escrito yo. Como crees que funciona esto, llegas, difamas y sigues comentando como si nada hubiera pasado?. No señor, acá cuando uno miente o se equivoca pide disculpas o se va a comentar a otros blogs que permitan ese tipo de “perreras”. Un abrazo y espero que optes por seguir entre nosotros.

  2. La felicito por un texto de tal profundidad y tan bien escrito. Leyéndolo aprendí unas cuantas cosas y corroboré cuán deficitaria en debate está la sociedad cubana de estos días. Esto se debe a que en Cuba los procesos comunicativos institucionales adolecen de un enorme formalismo que deriva rápidamente hacia la falta de honestidad. En otras palabras, por unas u otras razones, con frecuencia se falta a la verdad en lo que se transmite: se edulcoran los hechos, se mutilan los hechos, se distorsionan los significados de los hechos, y hasta se hace como si algunos hechos jamás hubiesen ocurrido. De ahí la pérdida de eficacia de los mensajes, pues los receptores no son bobos e intuyen -al menos- cuándo se les dice una cosa por otra. Razones de Estado existirán siempre en todas partes, sin embargo, aún cuando estas justifiquen el tratamiento especial de los mensajes y los procesos comunicativos institucionales, son imperdonables la torpeza y la falta de honestidad.

  3. Todo muy bien expuesto y escrito pero inútil en una sociedad como la cubana donde el debate y las diferencias de opinión son anuladas, pisoteadas y burladas por el poder y la voluntad de un grupito que desde hace mucho tiempo es el que tiene el designio divino y la potestad para decidir sobre el presente y el futuro de todos los que tienen la dicha o la desgracia de nacer en esta bella isla.
    También donde los periodistas de los únicos medios de comunicación( estatales )deciden cuando alguien deja de ser cubano.
    Pero nuestra constitución dice que la nacionalidad cubana es irrenunciable, lo cual hasta que nos morimos seguimos siendo cubanos, le guste a quien le guste y le pese a quien le pese.

  4. Hola Fernando, creo que en tu blog estamos escribiendo 2 Gabrieles. Yo soy el que te escribí hace unos días sobre los médicos regulados y a la larga te pedí disculpas cuando me las exigiste. También me referí hace par semanas al muchacho de la UH cuando habló el Papa, y en esa ocasión también entendí cuando te referías a las opiniones basadas en las especulaciones. No fui yo quien te escribió en el artículo de la BBC sobre los cubanos refiriéndose a la manipulación de tus escritos, aunque sí escribí luego (hasta ahora sin publicar). No es esa mi opinión sobre ti. Revisa si puedes la dirección de los correos de las personas que te escriben y verás que no somos los mismos

  5. Muy buen artículo, un tema que estaba yacente en el tintero, y usted lo ha expuesto de manera brillante al leerlo me he sentido identificada y cuanto me alegraría que los cubanos pidamos un día conversar civilizada mente de todo lo humano que ocupa nuestros pensamientos, nuestros dolores, sufrimientos, separaciones y que lleguemos a un respeto total ante los criterios de los demás, creo honestamente, que ese exabrupto dicho en la televion cubana por un periodista en ejercicio de su profesión es lesivo para todos los que somos cubanos. Dijo Martí que ver en calma cometer un crimen, es cometerlo. Entonces andemos, reconozcamos si nos hemos equivocado, si alguien merece una disculpa, sea. Yo vi al deportista llorar con desconsuelo en la entrevista para televisión española ¿ era emoción por el triunfo de su medalla de plata?, habría que preguntarle antes de nombrarlo excubano. ¿Cómo llegó a ese podio de gloria? Solo dijo, fueron tres años muy duros.

  6. Las palabras no sirven cuando no aportan. Valen menos, si quienes tienen que recepcionarlas no las atienden. El error es humano, cualquiera se equivoca, pero lo que enriquece una discusion o una accion humana son los porque sí o porque no, luego la integracion y la materializacion:los hechos. A unos corresponden las palabras en busqueda de un modelo economico prospero viable, acequible y consensual y a otros integrar los criterios para gestionar la educacion, transporte, construccion de viviendas, etc. Si los mismos baches se repiten una vez y otra vez, quiere decir que determinados conceptos tienen que variar porque no aportan o ideas que pudieron considerase fueron pasadas por alto.Por eso no se cambio lo que debia ser cambiado y todo sigue igualitico que siempre en el mismo marco estrecho y sigue siendo pecado salirse del esquema.

  7. Gracias Fernando por publicar lo que nadie en este país hace, por tu blog es que muchas veces me entero de nuestra realidad, no la realidad del Granma que deja mucho que desear. Excelentes artículos.

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