“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Fidel

fidel-castro-cuba-revolucion

Tomado de Cuba Posible

Lo que sigue se plantea como un ensayo en la noche —en el desconocimiento de lo que queda por venir—, una simple tentativa, pues, de analizar con alguna consecuencia un exordio como el siguiente: “Quisiera aprender a vivir. Por fin”.

Jacques Derrida, Espectros de Marx

 

Bueno, pues, finalmente, no está más Fidel. Alguna vez leí que medía 1,86 metros. Según la postura política de cada quien, lo mismo podía parecer un hombre alto que un gigante descomunal; en todo caso, la cuestión de la estatura debe ser entendida como metáfora de algo más esencial, radical, profundo. Tal y como propuso Derrida a propósito de Marx, la muerte de Fidel nos libera de Fidel, de modo que, al fin, podemos leerlo.

Desde los momentos posteriores a la noticia, la propaganda oficial cubana invadió los medios con imágenes y textos del líder o sobre él: decenas de documentos audiovisuales en la televisión, no pocos de ellos escasamente conocidos; fragmentos de intervenciones públicas; testimonios de compañeros cercanos, de otros que compartieron con él apenas una vez, más las opiniones de muchos que sólo alcanzaron a escucharlo en alguno de aquellos largos discursos que pronunció. Una operación semiótica que enlazó persona, ideario, nación, Tercer Mundo, continuidad y eternidad en un enorme collage de sentimientos.

El lamento por la muerte quedó distribuido en tres grandes bloques: tres días de homenaje popular ante las cenizas en la Plaza de la Revolución, seguidos de un acto político masivo en el lugar, en horario nocturno; el viaje, a todo lo largo del país, de una caravana militar con las cenizas del líder (ocasión para repetir el homenaje en decenas de pueblos y ciudades); y, finalmente, el recibimiento y entierro de las cenizas en la ciudad de Santiago de Cuba.

El escepticismo crítico nos enseña que un sentimiento (esto lo entiende a perfección la ideología) es susceptible de, y casi que desea que así ocurra, ser “retumbado”, multiplicado, amplificado, y la pantalla televisiva nos regaló de esas imágenes en sobre-abundancia. En el extremo opuesto, la experiencia personal de la mayor parte de mis conocidos permite hablar de dolor, recogimiento, respeto, reverencia e incluso amor por el fallecido. Alguien me dijo: “Es increíble… ¡hasta murió en el momento justo!”. El caso es que, en un momento sin demasiadas ilusiones, se repitió el milagro de entendimiento con el líder en el cual centenares de miles de personas, de una a otra punta del país, transmitieron una imagen de unidad y fidelidad.

Mientras esto iba ocurriendo en Cuba, en una suerte de reverso especular, en Miami hubo alegría y celebraciones. Nada de esto fue transmitido por la televisión de la Isla, que continuó alimentando su propio relato, pero la Cuba de ahora mismo es otra: se multiplican los accesos a Internet, las conexiones internacionales mediante celular y la piratería de señales televisivas en la cual son blanco favorito los canales en español de la Florida; dicho de otro modo, todos sabíamos que los comportamientos marcaban diferencias. Al llegar a la casa de mi madre, al día siguiente del acto político en la Plaza de la Revolución, supe que un pariente había llamado “de allá” para decirnos que no creyéramos en las imágenes de la televisión, que esos reportajes eran falsos (ella había seguido la transmisión de CNN), que había llorado mucho al ver a “su pueblo” tan delgado. Mi hermana, que había permanecido en el acto político hasta bien entrada la noche, respondió que era verdad que todas esas personas habían estado en la Plaza y que sí se notaba un aire de tristeza en las personas reunidas allí y hasta en su trabajo y en el barrio. La pariente, según creo, no ha llamado más. Una vecina de mi suegra, de larga trayectoria en la disidencia política, fue entrevistada por alguna agencia de prensa extranjera para que hablase acerca de lo que estaba sucediendo en Cuba y respondió que, aunque no compartía las ideas de Fidel, respetaba el dolor popular y prefería no emitir juicios en ese momento. En esos mismos días escuché de numerosos casos de personas que, disgustadas con la forma e intensidad del odio anti-castrista expresado en las cuentas personales de Facebook, habían roto relaciones con familiares o amigos. Al mismo tiempo, otros muchos manifestaban en privado su rechazo o vergüenza frente a esa alegría en la que hubo momentos de vulgaridad.

Facebook es un espacio de emoción personal, íntima. Nací en 1960 y cuando algún familiar, amigo de infancia o vecino abandonaba el país –la mayoría de las veces hacia Estados Unidos– era como si hubiesen muerto; en no pocos casos pasaban largos años hasta que llegaba cualquier aislada noticia sobre aquellos a quienes recordábamos, o también –tal y como ocurrió en muchísimos casos–, ni siquiera había cartas. Esta manifestación a sotto voce de la tragedia regresa como espectáculo en la dialéctica entre la celebración miamense (el afuera) y el duelo en Cuba (el adentro). El Facebook de la amistad y de la recuperación de antiguos vínculos, ahora separa. La vieja aseveración de Jesús en Mateo 10, 34 (“no he venido a traer paz, sino espada”), parece haber renacido.

Hace unos meses un amigo, profesor de una universidad estadounidense, estuvo en La Habana, junto con un grupo de estudiantes, para desarrollar un proyecto que le obsesiona: la investigación de lo que él llama “los legados de la Revolución”. En su opinión el legado es algo (una configuración equivalente a un modelo de mundo) que –luego de definir su forma según vaya siendo radical y duradero el tipo de cambio que una transformación socio-política, económica y cultural nos propone– “se deja y se recibe”. Se explica esto porque, sin importar el tipo de variación que nos proponga, todo proceso social que implique toma de poder y cambio instituido (mediante decisiones formales y regularizadas del poder político) genera conjuntos de leyes, cambios en las prácticas y conductas, en el saber y su transmisión, los límites de lo que puede ser expresado, las memorias de éxito o fracaso, etc.

Desde el punto de vista anterior, el legado parece emanar con mayor fuerza de las estructuras cerradas, que tocaron ya su término, como algo que sólo puede ser leído en una clara posterioridad a su causa. Parte de lo impresionante que rodea la muerte de Fidel es que tanto sus enemigos como sus seguidores han extraído del suceso impulsos para –alrededor del hecho del fin– reafirmar sus propias posturas irreconciliables. Según unos ocurre algo que deseaban y soñaron, preludio a una reparación de la realidad en el sentido de la extinción del régimen socialista en Cuba; para los otros, la desaparición del líder es percibida como un desafío orientado hacia la continuidad del ideario que desarrolló. Eso a lo que mi amigo llama “el legado”, además de manifestar condición de vida, es un campo de batalla donde se dirimen los sentidos del pasado, el presente y el futuro cubano.

“¿Cómo aprender a vivir? Por fin.” Prestemos atención al hecho de que, a la pregunta fundamental, radical, el filósofo agrega (y esto, quizás, sea lo básico) la valoración sobre el tiempo: “por fin”. Como si después de una larga cadena de pruebas y errores fuese posible arribar a un instante, “el instante”, en el que lo irreversible cristaliza. Así recuerdo que, en la gigantesca batalla de símbolos, el Comandante tenía reservada una sorpresa: la expresión de última voluntad en la cual pidió –además de la incineración–, ser enterrado en una tumba sin destaque alguno, así como que su nombre no sea empleado para dar nombre a escuelas, fábricas, calles u otro lugar público, ni sus fotografías colocadas en estos, ni construidas estatuas ni otro tipo de monumento para homenajearlo. Cómo dijera José Martí, el gran héroe cubano, “sé desaparecer” o a la manera de una salida borgeana, desaparecer detrás de la obra. Pero si así el líder elige esconder su presencias detrás o debajo de sus ideas y su obra, la decisión de la directiva de la Revolución cubana de grabar –en una pirámide de piedra justo a un lado de la tumba de Fidel–, las oraciones del concepto “Revolución” según este lo definiera en el año 2002, no deja de ser una reverencia al monumento, con todos los peligros de actitud formal que lo acompaña.

Disipación, desvanecimiento, evaporación, son palabras con las que describir el proceso durante el cual una forma –a la que estábamos habituados– se esfuma ante nuestros ojos. La última voluntad de Castro, acaso el más esperanzado de todos sus gestos (en el sentido cristiano de la virtud de esperanza), es este de entregar el cuerpo perecedero para que resplandezca la idea. En este punto, Derrida nos responde: “Y ese ser-con los espectros sería también, no solamente pero sí también, una política de la memoria, de la herencia y de las generaciones.”

Tan desmesurada es la figura de Fidel Castro que ahora no queda sino preguntar si acaso llegó el momento (“por fin”) de “aprender a vivir”… para la memoria, la herencia y las generaciones. O, para expresarlo de otro modo, en una interminable cadena de interrogaciones: ¿quién fue; qué hizo; qué circunstancias permitieron al líder y pueblo de una pequeña Isla enfrentar al poder militar, económico y cultural más grande que la humanidad haya conocido; cómo pudo ocurrir esto a lo largo de casi seis décadas? ¿Hay manera de atravesar la telaraña y el estorbo de las retóricas ideológicas, llegar a algún sitio y desde allí preguntar? ¿Qué preguntar? ¿Vivir?

Mientras veíamos (todavía hoy mismo) decenas de testimonios de personas que aseguran deber a la Revolución lo que pudieron hacer con sus vidas… ¿qué hay de verdad en eso? ¿Qué es y qué alcances tiene una Revolución socialista en un pequeño país subdesarrollado, a sólo 90 millas de Estados Unidos? ¿Qué es Estados Unidos y cuál es su relación con Cuba? ¿Por qué, para hablar de “futuros cubanos”, necesito hablar de otro país? ¿Es sensato, loco, manipulador, revelador? ¿Qué transformaciones tienen lugar en las mentalidades de un país subdesarrollado y socialista, qué se acepta y qué se rechaza, a qué se aspira y qué se desprecia, qué memorias pasan entre las generaciones y alimentan o llevan al colapso la idea de Revolución? ¿Qué es un fracaso y qué un logro, además de… para quiénes? ¿Cuál es el mundo sin Fidel ya que, por mucho que la maquinaria de propaganda oficial cubana utilice toda la energía del mundo, el caso es que el gran líder –al menos como presencia física– no está más? ¿Cuáles van a ser ahora las preguntas? ¿Podemos, al fin, sentirnos libres de Fidel y “leerlo”? ¿Cómo entender el dueto Castro-Cuba sin el tipo de desmesura que provoca el efecto Castro? ¿Puedo hablar de Castro-Cuba sin mencionar el subdesarrollo? ¿Acaso no es manipulador olvidar o disminuir la angustia del subdesarrollo al hablar de Cuba? ¿Y la cuestión de la soberanía e independencia nacional, es importante, cómo se manifiesta, hay alguna amenaza, por parte de quién, cómo y con qué consecuencias?

Democracia, Soberanía, Desarrollo y Justicia son mis peores preguntas, mis pesadillas, metas, desafíos, impulsos, el aire y la sangre. Ahora, cuando Fidel ya no está, caigo en la cuenta de que son los temas que me he pasado la vida (tengo casi el mismo tiempo exacto que la Revolución cubana) discutiendo con él, a su favor o en su contra, intentando entender el por qué de las decisiones que no entendí, balanceando su opinión con la de sus enemigos, haciéndome mi propio juicio.

Y claro que quiero un país mejor, no soy un estúpido.

Y es así como aparece, para seguir la discusión, ese mismo Fidel Castro al que acaban de enterrar.

¡Qué obstinación, qué eternidad, qué desmesura!

Bibliografía

1. Jacques Derrida. Specters of Marx. The State of the Debt, the Work of Mourning and the New International. Routledge: New York/London, 1994.

 
 

26 thoughts on “Fidel

  1. No soy periodista pero este artículo me da la impresión de una entelequia academisística. Dice y no dice, “ayuda” y siembra duda. Y si las pesadillas del autor son las que dice, está muy desubicado en su mente. Que defina su posición. Así que ahora es “el momento de aprender a vivir”. Infeliz, gracias a Fidel y a la revolución es que vives.

  2. baracoa (1), yo a usted no lo conozco, no se nada de su historia personal, pero esa expresión suya de que “(Infeliz) gracias a Fidel y a la revolución vives” no es la primera vez que la veo; resulta muy común oírla en boca de personas mayores con un origen rural, de gente que antes del 59 estaban en la tea y solo después aprendieron a leer, escribir y fueron operados de los cordales (hasta ahí su concepción de la dignidad).
    Ya una vez tuve una discusión con mi suegro (comunista de línea dura), y él me dijo algo similar. Le respondí que sí, que gracias a Fidel es que vivo, con el poder que tenía Fidel en sus manos bien podría habernos encarcelados a todos, fusilados, habernos puesto a pasar hambre (de hecho, lo hizo) y ni aún así personas como usted (y como mi suegro) lo hubieran dejado de aplaudir. Por suerte la cosa con Fidel para mí se quedó en arengas y en el hambre que pasé antes de largarme.

  3. (1) Siéntase orgulloso de lo que USTED, con us esfuerzo, ha logrado. Agradézcale a su familia por darle alegría a sus días, dígase por darle vida. Pero no a ese señor, ese señor no lo parió a usted.

  4. Baracoa, No logras de veras entender el sentido del texto de Fowler? La ultima linea lo resume bien. Mas agrego: solo subiendo la parada en el concepto (y realizacion) de un socialismo post comunista, dejaremos- quizas- de reflejar Cuba en Fidel.

  5. Baracoa (1): Coincido contigo en que no es un artículo fácil de “digerir” en la forma de su redacción, pero el hecho de que te cueste un esfuerzo extra lograr tratar de comprender el mensaje y la dialéctica detrás de esas palabras no justifica que una vez más arremetas con calificativos poco cordiales (usas: “Infeliz…”)contra el autor o los protagonistas de las historias. Acostumbras con cierta frecuencia a hacerlo cuando algo te “huele” a criterio contrario a nuestros cánones “revolucionarios” que dada su inmutabilidad en el tiempo dejan de cumplir per se la condición de cambiantes (o sea de revolucionarse). En otros comentarios sobre otros artículos igualmente te auto-arogas la posición de enjuiciador de actitudes o pensamientos ajenos. Compadre, el que te habla admira la figura de Fidel, con sus luces, pero también con sus manchas, tan humanas como las mías y las tuyas, pero que por actitudes idólatras de personas fanáticas han sido la mayor desgracia en nuestro proceso.

  6. Cuando se Idealiza una figura viva (e incluso una no viva) se le emula a una divinidad y por tanto sus ideas (correctas o erradas) se convierten en la mente de sus adeptos en algo así como un designio sagrado, irrefutable e incuestionable.Eso ha dejado muchas veces (y no sólo en la figura de Fidel)que malas decisiones perjudiquen más de lo que ayudan, muy a pesar de las supuestas buenas intenciones con que se toman. Sí tenemos que “aprender a leer” su obra, la buena y la no tanto, para que el dichoso concepto que enunció en el 2002 adquiera vida en la cotidianidad más que sólo en las palabras de unos cuantos acomodados.

  7. baracoa, sigue teniendo esa actitud de ofender. en primer lugar una persona vive antes que todo, gracias a su madre y padre que le dieron la vida. 2do, nadie niega la genialidad de Fidel, pero como ser humano al fin tambien errores cometio y no fueron pocos. tercero, Marti, Gomez, y muchos mas dieron su vida por toda una causa y de ellos tambien es todo el merito, no caiga usted en fanatismo. cuarto, no hay una tal posicion, de hecho eso nos tiene ciegos, hay quien simplemente reconoce lo bueno y lo malo de las personas, sin idealizar. mucho hizo Fidel, mas nos toca hacer a todos los cubanos aprendiendo de los errores del pasado. pero descuide, usted habla tal y como su generacion, le apuesto una edad mayor a 50 años, es comprensible. saludos

  8. “…reafirmar sus propias posturas irreconciliables….”

    El probema no es el odio o el amor hacia una figura politica. Lo normal es que un politico sea amado por unos y odiado por otros. Por ciudadnos todos de un mismo pais que quizas no se reconcilien ante su oponion sobre el personaje en cuestion, pero que ante vivir y construir un pai no tengan problemas.

    El problema es que Fidel hizo de Cuba un pais donde el que discrepa y que no queria a el, o lo que el representaba, o su ideologia, era apartado de la vida del pais.

    Por favor… las cosas en su justa dimension. Que el principal papel de un politico es el bien de su pueblo y no plantarle cara a una potencia extranjera.

    No es el objetivo fundamental.

    Es gracioso como lo quieren hacer pasar por humilde ahora en su muerte. Un sujeto que ya senil estaba prensente en todo. Siempre.

    Saludos

  9. Hola,

    Fidel nos dividio como pueblo. Le quito a muchos cubanos el derecho a su pais. El que se le oponia ideologicamente era un paria social.

    Los benefecios sociales insostenibles. Solamente entrar a un hospital hoy. Y esa lamentable mentalidad que creo de que hay que agradecerle por todo…

    Es de verdad yo no veo como la balanza de la historia lo ponga en un lugar que no sea bien para lo malo, malisimo.

    Otros sujetos con similares metodos de todo poderoso y eterno presidente, aplastadores de ciudadanos con ideas contrarias, tambien han tenido sus cosas buenas.

    No hay forma de regular esa balanza cuando hay tantas barbaridades cometidas.

    Saludos

  10. No me voy a repetir, porque pienso igual a Mercedes, solo añadiría que aún después de su muerte, para nosotros los de acá, sigue más que presente. Contrario a su petición, le rinden un culto peor que si lo hubiesen canonizado o convertido en el mismísimo Dios.

  11. El equilibrio lo trae el respeto, el respeto a las ideas de los demás, el respeto al derecho a discernir. Cuando los partidarios del Santo y el Diablo puedan respetarse unos a otros habremos crecido como nación y tendremos el tan ansiado equilibrio.

  12. No es de fanatismo, es de principios. Cuando se pone en una balanza los pro y los contra, el resultado es solo uno. O se está o no se está. Lo demás es pura retórica. Errores, si, tuvo fidel errores como los han tenido todos los hombres y mas cuando de esos hombres dependen la soberanía y el rescate de todo un pueblo que vivía en la ignominia como colonia y despues como pseudocolonia. No es exaltar la figura de Fidel, es darle su propia dimensión ya no como dirigente cubano sino de alcance mucho mayor.Y sí, soy revolucionario y he combatido lo mal hecho pero en aras de mejorar lo malo dentro de la Revolución. Por què quisieron eliminarlo físicamente tantas veces? Por impotencia.Y poner a Fidel casi como un fantasma, no sirve, es su dimensión lo que prima. Disculpen los que no están de acuerdo. No los critico, ellos saben sus razones, que no me importan. Juzguè el artículo por su estilo, contenido y posición dentro de matices pseudoacademicos Saludos

  13. (cont) Ese señor que analiza mi extracción rural y otras cosas, por lo que manifiesto, no se ganaría el pan si fuera analista de perfil psicológico en un marco policíaco. No le responderè en detalle, pero está muy lejos de pretender conocerme y de mi formación. Es una lástima. Saludos.

  14. Ninguna obra, por justa o elevada que parezca o intente ser, justifica la supresión de las libertades fundamentales de un solo ser humano, ni la obligación de pagar una deuda de gratitud de por vida.

  15. No, el resultado no es uno solo. El resultado que ha tenido los 60 años de Revolución para Mariela Castro no es el mismo que tuvo para Juan Carlos Cremata o Reinaldo Arenas. Los muchachones del reparto Kohly y de Siboney no andan como los de San Leopoldo y Cayo Hueso. Ponga su balanza, pero póngala BIEN. O el señor es responsable de lo bueno y lo MALO o no es responsable de nada y todos nosotros, cubanos, damos asco o somos el pueblo elegido.

  16. La inteligencia, el carisma, la tenacidad, la valentía, y, en general, la grandeza de Fidel, sirvieron para colocar a Cuba en el mapa mundial y en el imaginario de los pueblos de gran parte del mundo, donde permanecerá por generaciones. Cuba es Fidel para ellos, y viceversa. Siempre pensé que, como otros próceres, estaba predestinado. Recuerdo vívidamente cuando lo vi en persona, varias veces, en casa de un primo mío –un tipo importante en ese momento- a quien visitaba con frecuencia. De una vez me percaté, desde mi perspectiva de pre adolescente, de que no era una persona como las demás; tenía un aura, un misterio, una fuerza… Hasta ahora conservo aquella convicción de que nadie podía matarlo, ni siquiera vencerlo o doblegarlo. No fui a derechas fidelista, como no soy tampoco marxista o ningún otro “ista”, por costumbre. Pero hechos son hechos.
    Sin embargo estas características de Fidel tuvieron una innegable contraparte negativa.

  17. El halo de invencibilidad, que fue deviniendo infalibilidad -a pesar de muchas cosas que tienden a olvidarse, por no mencionarse nunca- y el excesivo poder que pudo acumular gracias a esas virtudes también trajeron el voluntarismo y la arbitrariedad que, quizá con la mejor de las intenciones, produjeron en el país la ineficiencia económica que seguimos sufriendo y una serie de iniciativas y disposiciones que le hicieron demasiado daño a miles de personas, y que creo que en muchos casos fueron daños que no tenían que haberse producido, pues tuvieron el resultado casi único de granjearse enemigos y detractores gratuitos.

  18. Analizar críticamente a FC es tarea grande y pendiente para muchos estudiosos de hoy y del futuro , una vida y un gobierno muy extensos , él vaticinó que La Historia lo absolvería y a mi juicio esa será una de sus grandes equivocaciones , apuesto que cuando los Castro sólo sean parte del pasado y el pueblo pueda sacar desde dentro su verdadero sentir y la doble moral deje de ser un modus vivendis , cuando la gente pueda sin miedo ser coherente con lo que piensa y dice vamos a ver muchas sorpresas .
    Para mi FC fue un político brillante con un poder de análisis casi profético , buen estratega militar , líder por excelencia , carismático , martiano de pura cepa y un montón de adornos más pero al mismo tiempo el peor administrador de la Economía que jamás existió de modo que ahora que ya no está lo que nos queda es un país en ruinas , una economía enferma , una burocracia opresiva , corrupción en todas las esferas y aquel hombre del manana por el que tanto luchamos sigue ….

  19. cont … y seguirá siendo una quimera pues el mismo Estado es el primero en reconocer la pérdida de valores que acompana a nuestra juventud , 60 anos de esfuerzo y eso fue lo que se logró y no podía ser de otra manera pues la misería saca a flote lo peor de la especie . Nunca aceptó que la Economía no se puede dirigir con medidas políticas y lo que hoy tenemos es el resultado , se concentró en dos aspectos claves : La Educación y La Salud Pública , ambos son eventuales , la gente estudia un tiempo y se enferma algunas veces pero vivir es cosa de todos los días y francamente la mayor parte de nosotros no hemos hecho otra cosa que sobrevivir . Saludos .

  20. Lei el articulo porque e trataba de Victor Fowler, no por el titulo que tiene y he quedado muy, muy desencantado.

  21. Felicito a Liborio y Diógenes, y soy parco en alabanzas. Sus comentarios son mejores que el artículo, y sus análisis(aunque no estoy de acuerdo con algunos aspectos) son muy objetivos y pienso son en un buen grado justos desde el punto de vista del análisis> No analizaron el artículo, analizaron en parte a Fidel y su trayectoria. Generalmente la pèrdida de un dirigente ,que además fue líder conlleva esos problemas que surgen o afloran. No solo hizo sino que con sus virtudes mas que sus defectos supo mantener a raya a algunos que hoy adolecen de indolencia y nepotismo. Al preguntarle a alguien (2 en este caso) no da una dimensión de las consecuencias. El voluntarismo para arreglar problemas posee el inconveniente de constituir una forma de actuar. Por un lado resuelve, por otro puede dañar.Indudablemente esa cualidad evitó que nos devoraran otros. Hoy debemos trabajar y unir esfuerzos para no ser devorados desde adentro, y EL lo previó. Diferencias personales no resuelven. Saludos.

  22. Para mi Fidel Castro- El Lider- evidentemente no puede contar contar con la uninanimidad de los cubanos; ni de los que lo amaron,o los que lo odiaron.Muchos muchos lo amaron por todas las razones expuestas en algunos comentarios,otros con buenas razones politicas o personales lo odiaron hasta el limite y su muerte desató muchas emociones.De ellas la más ridícula- en mi opinion-fue la del exilio; levantaron banderas de victoria sin darse cuenta que Fidel Castro- El Hombre- los derrotó a todos.Atentados,traiciones,complots….nada lo mato,ni lo derrumbo,murió tranquilo y en paz.Entonces esas banderas y ese júbilo ante el mundo y en el subconsciente de cada uno deberían reconocer la derrota.De los que lo amaron y lloraron muchos lo hicieron sinceros,otros simulandolo y los más bajos- que conozco tantos-pensando como dese ahora podemos lucrar con su nombre,manipular sus ideas como desde mucho se hace con Marti,El Che y hasta con la palabra Patria.

  23. Hola,

    Cuba (25).

    Bueno, sin lugar a dudas al exilio cubano Fidel los derroto, los aplasto e hizo añicos, talco los hizo, a todos y cada uno.

    Muy cierto. Les quito su casa, su pais, su vida. Por generaciones. Fue un implacable vencedor sobre los cubanos que discrepaban con sus ideas. De acuerdo.

    Y quizas de ahi la pachanga. Demasiada derrota personal, tener que dejar la vida que uno conoce y lanzarse a la maroma en una ciudad extraña. De ahi quizas que la muerte del vencedor absoluto se celebrara. Como mismo usted ve a Fidel a titulo personal venciendo y aplastando, asi mismo lo vio el exilio.

    Si caes en cuenta que ese exilio perdedor es buena parte de Cuba y cubanos, pues veras al personaje en toda su victoriosa dimension.

    Saludos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *