“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Falsos liderazgos y participación formal

silhouettes-616913-825x510Tomado de Vanguardia

Hace poco más de un año una cobertura periodística me dio el pie forzado para las palabras que hoy escribo. Puede que les parezca un tanto lenta reacción, pero requería pruebas que corroboraran mi teoría. En fin, que aquí les va la historia.

Un central del territorio acababa de cumplir su plan de producción azucarera. Pasado el mediodía, el silbatazo estridente rebotó contra las paredes del batey. Y en medio de la plaza, sobre una tarima, micrófono en mano y con el sol castigándole la mollera, el representante del sindicato leyó su alocución. Vibrante, enardecida, hasta que adoptó un giro «poético» inadecuado. Al principio hubo aplausos; luego, risitas disimuladas y, en pocos segundos, la mayoría del auditorio se dedicaría a localizar la pipa de cerveza prometida.

A mi lado, Peje Flaco, uno de los obreros del ingenio. Se le notaba la confusión mientras negaba con la cabeza. «¿Usted escuchó eso?  Dice que los hombres de la zafra somos los artistas del machete y que nos perdemos tras las cañas como garzas… ¡garza será su….!!».

Esa misma tarde una secretaria me develaría el misterio tras la autoría del discurso. «Ay muchacha, imagínate, si la hija adolescente del director es la que se los escribe y se piensa que es poetisa».

De golpe comprendí muchas cosas. Las garzas y los artistas fueron, apenas, una raya más para el «tigre». Como mismo se escuchan a diario arengas distantes al ser de carne y hueso que habría de reconocerse en lo que alguien —lejano, extraño— piensa sobre su vida y sus necesidades, el sistema institucional del país continúa estableciendo políticas públicas y disposiciones administrativas que en poco se parecen a sus beneficiarios potenciales.

Mientras la participación popular se reduzca al estado de simple acto de asistencia, figuras intrínsecas de la democracia cubana—como el involucramiento activo y la acción colectiva— podrían asumirse en su peor versión.

Para no hablar en términos hipotéticos, prueben vincular el tema a nuestras asambleas de rendición de cuentas. El Poder Popular, como forma de organización del Estado cubano desde 1976, resulta la única institución política cuya labor avala la opción y el deber de que el pueblo participe. O sea, que el salto sociopolítico se dio 40 años atrás, al crearse las condiciones que nos instaron no solo a debatir, sino a cuestionar, a construir y a cambiar lo que debía ser cambiado.

Sin embargo, los problemas de Cuba se tornaron más grandes que los remedios, y la vida se hizo tan difícil que el individualismo se convirtió en el plan de escape de muchos. El cubano no se quebró nunca, pero algo había cambiado. Aquellas asambleas que antes fueron fiestas, incluso, en los barrios más humildes, se convirtieron, bajo la crisis, en el espacio para exorcizar quejas y amarguras. ¿Soluciones? Pocas, y voces autorizadas dispuestas a responder, explicar o, simplemente, solidarizarse con el prójimo, escasas o ausentes.

Tampoco nos ha ayudado el verticalismo con que transfundimos tantas de nuestras políticas públicas, sin excluir a las más justas y necesarias. Según establece la notable investigadora cubana María Teresa Caballero, el análisis de la participación real comprende las diversas maneras en que la población expone sus aspiraciones y necesidades, por lo que lleva implícito un nivel de compromiso con lo que se decide y hace. Por tanto, las estrategias de desarrollo del país habrán de contener dichos intereses.

En cuanto a la participación formal, Caballero explica que se expresa en el sistema normativo y queda en «letra muerta», porque su ejercicio no rebasa las apariencias. No obstante, me adhiero al criterio de otros tantos estudiosos del tema: la participación social solo es genuina cuando implica una capacidad efectiva de decisión

Veamos un segundo caso. En un balance provincial de la FMC con su secretariado nacional, una federada de Coralillo se mostró inconforme con el plan de superación que recibió una de las casas de orientación del municipio. Campesinas, amas de casa y mayores de 45 años en su mayor por ciento, llevaban un tiempo solicitando algún curso de moda artesanal, dada su afición y el conocimiento bastante generalizado de las artes del corte y la costura. Sin embargo, tal y como sucede en tantos otros escenarios de nuestra querida isla, la asignación venía «de arriba».

«De corazón se lo agradecemos, pero tenemos un problema. Ya casi ninguna de nosotras tiene cabeza o edad para ponerse a aprender inglés».

No obstante, seamos justos. De la misma manera que demandamos un espacio socialmente relevante, o no lo pensamos dos veces antes de denigrar el trabajo de otros y declararnos víctimas de la exclusión, nos cuesta cumplir con lo mínimo.

La participación no se comprende meramente a escala macro o como recurso exclusivo de los círculos de poder; la que se fomenta entre un grupo de vecinos que colaboran e intentan ayudar y resolver las carencias de su micro-patria, posee tanto o más valor.

Si no sanamos la dicotomía entre necesidades cercanas y pretensiones, obviaremos la posibilidad de participar con efectividad. Eso sí, la nación deberá desoxidar sus mecanismos, pues lo difícil ya está hecho, pero la perdurabilidad toca a todos y a partes iguales.

Oídos atentos y ojos bien abiertos han de detectar a los líderes genuinos de nuestras comunidades, pero no por el afán de encapsularlos en un molde «adecuado», sino para ayudarles a alzar una Patria que se parezca a sus mejores hijos.

 
 

4 thoughts on “Falsos liderazgos y participación formal

  1. Si pero la participación debe de tener verticalidad para que las informaciones puedan llegar bien desde arriba a la base. La base sola como podría informarse de las lineas del estado ???

  2. Amiga Liena: como pudiste ver, hay gente para todo en este ancho y diverso mundo. Tú planteándote cómo lograr que la comunidad se desarrolle más autónoma y racionalmente para su propio beneficio y el del país, y otras personas requiriendo perentoriamente la verticalidad y las orientaciones “desde arriba”, sin las cuales parecería que se sienten perdidas y asfixiadas, como sin oxígeno. Verdad que el hombre es un animal de costumbres.¡Ññaj…!
    Y, por cierto, me sorprendiste y ‘retrollevaste’ a un pasado casi remoto, con regusto nostálgico incorporado. Yo pensaba que cosas como las del discurso con fragmento “poético”, leído por el sindicalista azucarero, ya no sucedían en el país hacía tiempo. Tengo que actualizarme.

  3. como dice BF en su tema Dijo el diablo: al mundo lo va a podrir no la gente mala, sino la que se dice buena y no hace nada.
    si nos seguimos guiando por lo que llega de arriba vamos a la ruina, hace rato que muchos con su modesto trabajo, sin nada a cambio hacen mas por los ciudadanos de a pie que el propio estado y el glorioso partido. para colmos te tildan de problema politico ideologico cuando propones soluciones para tu comunidad porq a estos les interesa mas su caceria de brujas que el progreso de la gente

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