“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Entrevista a Leo Brouwer

FotoBrouwer2011BianchiniTomado de Vanguardia

Más de 25 años hemos esperado los villaclareños para tener a Leovigildo Brouwer Mesquida en nuestro suelo. Aquí está, para suerte de quienes le admiran. Este jueves en la Uneac, el público asistió a una conferencia memorable del guitarrista, director de orquesta y maestro de la composición con­tem­poránea.«Quiero hablar duro, de vez en cuando hace falta», dijo en determinado momento.

«Me siento muy feliz y debo decirlo. Hace mucho tiempo que no recorría mi isla, pero cuando casi ninguno de ustedes había nacido, yo hacía alrededor de 30 conciertos a lo largo y ancho de Cuba. Este festival significa mucho para cualquier compositor que haya dado un repaso a la cultura musical cubana».

Las sonoridades «feas»

«Alejandro García Caturla es un símbolo estético. Estuvo es­condido, haciendo música, en una provincia de un pequeño país, y no ha figurado lo sufi­ciente en el panorama univer­sal de la música contempo­ránea, al menos del siglo XX. Entre todos estamos resca­tan­do lo que se pueda. Ustedes con el festival ayudan en ese sentido.

«Caturla es el e­qui­valente en Cuba de Igor Stravinski, sin exagerar. Basta con la Suite cubana y las piezas para cuarteto de cuer­das, que, de paso, nun­ca se toca­ron. Las es­trena­mos 50 años des­pués, en el segundo festival que hicimos en La Habana, rescatadas del manuscrito guardado en el Museo Nacional de la Música.

«Muchas veces —con la premura de vida que todos tenemos, con la presión y la velocidad con que la infor­mación nos llega— estos elementos, que son patrimoniales, pasan inadvertidos. La televisión y la radio siguen su curso y repiten fórmulas comerciales de una música popular que durará un tiempo y después cambiará.

«¿El significado de Caturla? Lo veo como tomar las células musicales de nuestro país, quitarle el ”melao” y el maquillaje, y desnudar esas maravillas, que son células temáticas, y ponerlas con un lenguaje interesante.

«Tuve una pelea constante frente a la Sinfónica Na­cional por transformar los repertorios tradicionales en interesantes e inteligentes […]. Me interesa mucho nuestro patrimonio. Es que soy un loco, y me gusta más lo contemporáneo y algunas músicas que pueden calificarse de feas. Yo no escribo temas bonitos, solamente cuando los directores de cine me los piden para hacer llorar a las muchachas o cosas por el estilo. Así ocurre con Un día de noviembre, Lucía, Los sobrevivientes, Memorias del subdesarrollo».

Un recuerdo imborrable

«Cuando era muchacho iba a los conciertos sinfó­nicos que hacía González Mántici con la Orquesta de la radio. Se tocaban ahí los clásicos y muchos de los contemporáneos cubanos. Entonces no tenía un centavo para comprar siquiera un pianito de uso e iba a estudiar a las casas de música. No tenía dinero ni para adquirir las partituras. Entraba y les enseñaba las manos a los dueños de estos lugares, de quienes me hice amigo, y les decía: “Manos limpias, no te echaré a perder las partituras”. ”Entra muchacho, me decían”. Así crecí poco a poco desde mi punto de vista.

«Un buen día Mántici se enteró de que yo era com­positor, tendría más o menos 17 años, y me programó para tocar como intérprete en un concierto del nicaragüense Luis Delgadillo. Fui a trabajar con él. Ya tenía una obra con cuerdas. Ese mismo día José Antonio Echeverría asaltó Radio Reloj y fue asesinado por la policía batistiana. Yo estaba ensayando. Es un recuerdo imborrable y muy duro».

Maestro de juventudes

«Me acerco a los jóvenes cuando los veo sin ayuda. Vale hablar de lo que se puede mejorar y no de lo que ya está brillando. El hombre que va a transmitir es quien está incompleto. Nos hemos quedado casi sin profesores, desnudos de información. ¿Dónde están las partituras? Sabemos que existe el bloqueo y urgencias económicas, pero es una gran problemática que hoy tiene el país.

«Ayer, por ejemplo, había en el teatro una compositora de un talento notable (se refiere a Wilma Alba). Aborda el material con un gusto increíble, personal. Felicidades.

«Nos falta mucha información. En mi época faltaba por escasez de dinero. La música que da dinero tiene un cúmulo de éxito, lógico. Tocar reguetón se remunera más que lo que yo compongo. Indiscutible. Hoy mismo la cátedra de percusión del ISA tiene más alumnos estudiando tumbadora y bongó que percusión sinfónica, sin ser peyorativos. Es una alerta».

El instrumento que lo sedujo

«Viví siempre dentro de un piano. Pegaba mi oído a su interior, debajo de él, y oía vibraciones extraordinarias que me hacían soñar paisajes abstractos.

«Empecé solo y después de tres o cuatro meses ya tocaba piezas clásicas. Luego fui adonde Isaac Nicola, el gran patriarca de la pedagogía guitarrística en Cuba.

«La guitarra la encontré y me impresionó su dulzura, la forma portátil. Enseguida hice un análisis de ese instrumento maravilloso, para nada terrible, delicado, con esa figura de mujer, posiblemente la forma más bella que existe en la humanidad».

Ernesto Lecuona

«Lecuona visitaba a mi abuela todas las semanas. Cuando él venía, le decían el maestro. Era un hombre de mucha dulzura, adivinaba cómo pensaba y sentía la gente. Uno de los más grandes pianistas de concierto y de los mejores melodistas que he escuchado en mi vida. Cuando tenía veinte años fue el primero en Europa que tocó en un programa tres conciertos y los dirigió desde el piano».

Haydée y el grupo…

«El Grupo de Experimentación Sonora no lo inventé solo. Lo inventamos Haydeé Santamaría, Alfredo Guevara y yo, donde reunimos a Pablo Milanés, a Silvio, a Sara, a tantos. Era un grupo de grandes talentos y por qué no, genios.

«Haydeé no es solamente una heroína, que lo es, importantísima para la sobrevivencia de los revolucionarios. Ella descubrió el arte y la cultura, y se enamoró perdidamente. Todos los grandes llegaron a serlo precisamente por las editoriales de Casa de las Américas. Nos demostró que había una nueva canción en los años sesenta, una canción protesta».

 
 

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