“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

El periodismo que no llega…

En un país que no presenta división de poderes ninguno, las funciones del gobierno, el partido y las fuerzas de la ley, están todas mezcladas y forman parte de un mismo sistema. Cualquier cubano sabe que lo publicado en nuestra prensa responde al Estado, que si bien responde a nuestros intereses, no responde a las necesidades informativas del pueblo. Un fenómeno tan enraizado que aunque el presidente del país lo critique abiertamente, poco ha cambiado en los últimos años.

Resulta muy peligrosa esta cuestión, pues se resiente la credibilidad no solo de los órganos periodísticos, sino también del propio proyecto político que tratamos de construir, de esta forma, mientras muchos funcionarios partidistas y directores de medios informativos sigan decidiendo cuál será la “papilla informativa” que podemos consumir, van destruyendo a la Revolución poco a poco, unos por ignorancia o incapacidad, otros por garantizar unos litros de gasolina y las usuales vacaciones familiares en la playa sin tener que “buscarse problemas”.

Resulta curioso que el partido que hemos escogido para representarnos, sea tan selectivo en la información que publica en sus medios. Hace más de 80 años, el que quizás sea el mejor político revolucionario del continente en el pasado siglo, se refería a este fenómeno de la censura oficial.Aunque el contexto sea muy distinto y en nuestro caso los decisores de los medios es el Estado en su conjunto y no la policía, leamos estas palabras de José Carlos Mariátegui:

“Si las noticias e ideas que se consienten divulgar en los periódicos están subordinados al criterio policial, la prensa se convierte en un comunicado de la policía. En esas condiciones, la dignidad de la función periodística se muestra atacada y rebajada. Entre la censura irresponsable y vergonzante y la censura pública, el periodista, en todo caso, debe exigir que se implante francamente esta última”

Esperemos que la delimitación de funciones entre el Partido y el Gobierno, llegue también a los medios, y estos tengan un poco más de potestad en sus publicaciones, porque lamentablemente, aún en el 2012, un dirigente conservador y de “mano dura” sigue siendo preferible o más confiable que alguien poco ortodoxo o con ideas nuevas. En última instancia, la responsabilidad cae en el Partido y no en los periodistas, pues resulta injusto criticarles por operar según las reglas que les fueron impuestas años atrás.

Esperemos los resultados de la pasada Conferencia del Partido, pronto veremos cuánto efecto pudo haber tenido el llamado de atención que hiciera Raúl a los responsables de nuestra prensa, ojalá el próximo artículo sobre el tema tenga razones para ser un poco más optimista.

 
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *