“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

El dominó y la idiosincrasia nacional

dominóEn ninguna parte del Caribe es más popular el dominó que en Cuba. Para muchos significa incluso algo más que un pasatiempo cualquiera: es una auténtica locura. No es difícil distinguir quiénes son los cubanos, en una partida de dominó, aunque estén mezclados entre jugadores de otros países: con los gestos, el choteo, los gritos, la forma de hablar y, más que nada, el lenguaje –para bien o para mal– se resume la idiosincrasia del país.

Se cree que el dominó es originario de China, donde al parecer nació alrededor del año 1120 d.c. Pronto se extendió por toda Europa, principalmente en Italia, en las cortes de Nápoles y Venecia, que entonces tenían un gran comercio con el continente asiático. No se sabe con certeza cómo ni cuándo llegó al Caribe y a Cuba, si bien se especula que pudieron llevarlo los chinos, con sus numerosas emigraciones desde mediados del siglo XIX.

De más arraigo que las damas que se jugaban en los parques y las esquinas y que el cubilete que se jugaba en los enormes portales de las bodegas y bares, acompañado casi siempre de un saladito –aceitunas, pedazos de queso y sardinas– y un vasito de cerveza, mientras se escuchaba la victrola (desgraciadamente, el castrismo se encargó de hacer desaparecer esta costumbre como rezago del pasado capitalista) y menos intelectual que el ajedrez, el poker o el bridge, el dominó es caóticamente democrático. Es un juego que no discrimina edad, sexo ni religión, y cuya tolerancia proverbial admite que los jugadores pasivos o espectadores no se cansen de opinar.

Un infarto por el doble tres

Los conocedores dicen que existe una especie de convenio implícito entre los jugadores: echar la falla por la salida, que quiere decir poner la ficha que menos puntos tiene. A partir de ese momento empieza una batalla campal que dura hasta la última ficha, y que va subiendo de tono hasta alcanzar un crescendo dramático que hasta puede terminar en tragedia. Basta recordar el infarto que sufrió una excéntrica dama de sociedad, justo en el emocionante momento de ganar el juego con el doble tres. Su tumba en el habanero Cementerio de Colón reproduce en la lápida la ficha que la mató.

El dominó ha generado una amplísima y peculiar jerga con la que se deleitan los participantes, vocabulario que entienden más que nadie. Pegarse o dominar es poner la última ficha y ganar el partido. Dar agua es cuando se termina un juego y se ponen todas las fichas en la mesa y se revuelven. La Capicúa es cuando un jugador logra pegarse por cualquiera de las dos puntas y gana el partido. Pollona cuando una pareja llega a los cien puntos y la otra no consigue ninguno. Estar gordo quiere decir cuando todas las fichas que tiene un jugador son altas, es decir gordas. Estar en la playa es cuando alguien tiene todas las fichas bajas y un botagordases el que le gusta salir con el doble nueve, pero durante el juego bota todas las fichas con números altos para tener menos puntos y la posibilidad de ganar.

Mientras tanto, las fichas tienen también sus apodos. El doble blanco es Blanquizal de Jaruco; al tres se le dice Tribilín Cantore o Trío Matamoros; al cinco La Monja; el ocho es OchúnOchoaOctavio y el doble nueve recibe el simpático sobrenombre de La Gorda La Puerca.

Ernesto Castro vive en Miami y fundó el Club Amantes del Dominó en el barrio habanero de Lawton en la década del 1960. A punto de cumplir 70 años, dice: “Desde que era un muchacho juego dominó. Era una especie de obsesión, de vicio incontrolable. A veces las jornadas duraban el día entero. Empezábamos por la tarde y nos daba la madrugada. Ya no es como antes, pero todavía juego muchos fines de semana”.

Por su parte, el poeta Rogelio Fabio Hurtado, que reconoce haberse sentirse fascinado por el dominó hasta que descubrió el ajedrez, escribió desde La Habana: “Cuando una pareja pierde, casi nadie se abstiene de decirle horrores a la persona con que juega. Entre nosotros, siempre el otro es el culpable, cuando no el traidor”. Y agregó: “La cuadrada mesa es nuestra versión del diván del psiquiatra. Acomodados en ella, los cubanos ventilamos nuestra psiquis y descargamos nuestros excesos a expensas unos de otros”.

Mi tío Roberto fue toda su vida un fanático del dominó y recuerdo haberlo visto pasarse largas horas sin levantarse de la mesa. Sin embargo, nunca llegó a los extremos de un vecino que cuando perdía, terminaba sus violentas pataletas lanzando la caja del dominó por el balcón de un cuarto piso de la esquina de las calles Gervasio y Virtudes. La caja se hacía pedazos al caer, y a esa hora su mujer y sus hijos tenían que bajar a recoger las fichas rotas y dispersas por todo el pavimento.

En Miami, Hialeah y Nueva Jersey, los exiliados cubanos no se han cansado de su pasión. No hay que olvidar que en La Pequeña Habana hay un lugar al aire libre donde los entusiastas se reúnen a jugar y es visita obligada de turistas: el Parque del Dominó.

El dominó es para los cubanos lo que es el fútbol para los ingleses, argentinos y brasileños: la máxima exaltación de su carácter.

 
 

2 thoughts on “El dominó y la idiosincrasia nacional

  1. Me gusto el articulo; es jocoso y muy criollo, pero eso de ” dejar caer”la falta de aceitunas y saladitos para disfrutar un juego popular no lo comparto.Por lo leido el vivio ” su” Habana y yo la mia.Juge mucha damas en los contenes,cubilete tomando cerveza de pipa en El Malecon y domino en El Barrio con aguardiente Coronilla, Paticrusao, alcolifan.Lo pase muchisimo mejor que nunca.Ahora ya no juego domino; en Washigton DC no hay tradicion ni ganas de jugarlo y los recuerdos que tengo del domino son tan chereves…..y fueron sin aceitunas.

  2. Coincido con Cuba….no recuerdo ver en la mesa del dominó aceituna y saladitos…. siempre con que mojar la jornada pero raro era algo de comer.
    Rectifico una expresión..¨echar la falla por la salida¨ significa que cuando a uno le toca jugar por la salida del contrario lo hace con aquella ficha de la cual no tenga más. Así evita entregar la salida del contrario si le llega el momento de jugar por encima de ese número.

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