El cambio que se necesita | Cartas Desde Cuba por Fernando Ravsberg
“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

El cambio que se necesita

Tomado de La Joven Cuba

Ya pasó. Y sería lógica una mayor expectativa entre los cubanos. A fin de cuentas es la primera vez en casi sesenta años que no está como presidente del Consejo de Estado un miembro de la denominada generación histórica. Pero esta ha sido la crónica de un cambio anunciado, algo así como las inspecciones sorpresivas que nunca sorprenden a nadie.

La autocrítica del presidente saliente respecto a que hubo demoras en traspasar el mando a otra generación es válida. Pero si recordamos los votos que hicieran en 1966 “para que todos los revolucionarios, en la medida que nos vayamos poniendo biológicamente viejos, seamos capaces de comprender que nos estamos volviendo biológica y lamentablemente  viejos”,[1] entonces es una autocrítica tardía.

Lo peor no fue que con los tiempos envejecieran ellos, que es totalmente natural. La vejez puede ser también símbolo de sabiduría. Muchos son los casos de venerables ancianos que le dieron un vuelco a la política de sus países: Mahatma Gandhi y Nelson Mandela por citar dos casos. La edad del presidente anterior no hubiera sido cuestionada si las reformas que anunciara poco después de su asunción se hubieran materializado en un país próspero.

Lo dramático fue en verdad que con la generación histórica envejeció un modelo de socialismo que desde el momento en que se asumiera ya podía considerarse inoperante. Por ello, cualquier cambio que se espere, para ser efectivo, deberá incluir no solo una transformación de la persona que dirija el gobierno, sino una mutación de añejas estrategias y estructuras arcaicas.

Hace casi un año escribí:

El posible reemplazo de la primera figura en la dirección del país, prometido para el próximo año, pudiera utilizarse como ícono de cambios, cuando en realidad una simple sustitución de la dirigencia no echa por tierra una filosofía del inmovilismo. Hay que detectar lo real detrás de lo aparente, y a mi juicio lo aparente es el cambio político, pero manteniendo todo lo demás que sería lo real; es decir, la carencia de un método científico en la planeación de las transformaciones económicas y la existencia de una filosofía escolástica sobre la historia y su devenir, que apela a la pasividad, el conformismo y la incapacidad de reacción para convertir a Cuba en todo lo que los conceptos anuncian: una nación “soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible”.

Con toda sinceridad, ahora soy yo la que hago votos por equivocarme. Y es que nuestro actual dirigente tiene un contexto mucho más difícil que el que existió una década atrás, con un presidente norteamericano que intentaba caminos diferentes y una izquierda que parecía haber llegado para quedarse.

Estamos en medio de la política más indeseada del Norte y con una derecha que trata de ganar los espacios posibles, algunos de ellos perdidos por errores de la izquierda. Si seguimos apostándolo todo al contexto exterior no avanzaremos. El bloqueo no va a desaparecer y el apoyo regional no será el mismo por un tiempo.

El nuevo presidente de Cuba deberá confiar más en el contexto interno. En la gente del pueblo que de verdad quiere prosperar para que sus hijos se queden junto a ellos. Si dejan el artículo 3 del capítulo 1 de la Constitución, que declara irrevocable el carácter socialista, está bien; pero entonces, que la comisión que será encargada de proponer la nueva Carta Magna –lo que debería ser competencia de toda la sociedad– no declare irrevocable al modelo burocrático de socialismo.

Que no se piense tanto en una Ley de inversores extranjeros, cada vez menos receptivos a las invitaciones para colocar sus capitales en la isla –como ha quedado demostrado con la zona de desarrollo del Mariel–, y se permita a los cubanos salvar la nación. Que puedan contar para ello con las remesas familiares, como ha sido usual en China y Vietnam que se nos ponen como ejemplos constantemente. Para los cubanos, la familia siempre será un valor equivalente, a veces más importante, que la patria. Alrededor del diez porciento de nosotros vive fuera de Cuba, no los tratemos como extranjeros y veremos los frutos de ese nuevo trato.

No rechacemos tanto las gratuidades indebidas, que no sabemos a ciencia cierta cuáles son, y aboguemos por el control y la participación de los trabajadores en las decisiones y en la gestión de los planes de producción. Abandonemos los privilegios con que vive la burocracia, empresarial y política, para que sintiéndose más cerca del pueblo, y en condiciones similares, se apresure en lograr resultados. En fin, ahora más prisa y menos pausas. Ese es el verdadero cambio que necesitamos.

[1]Discurso de Fidel en la Universidad de la Habana el 13 de marzo de 1966, en ocasión del IX Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.

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10 thoughts on “El cambio que se necesita

  1. Pues a ver si al 10% de cubanos que viven fuera de Cuba no se les trata como extranjeros y se les deja votar, por ejemplo.

  2. Simplemente genial. Habría que mirar hacia adentro y llamar al combate a las fuerzas nacionales, o sea, a todos los cubanos, sin aplicar filtros. Quien tiene argumentos sólidos no requiere de aplicar exclusiones a priori. De existir un proyecto objetivo e incluyente no seria necesaria tanta muela vacía ni mirar tanto a las glorias pasadas mientras se vive casi en un infierno. Lamentable que las condiciones existentes en el país hagan quedar un pedido tan objetivo en el mismo rango que un alarido en el espacio.

  3. De esperanzas vivimos? Recuerden q los cubanos adinerados fueron expulsados del pais por estos mismos y sus herederos que ahora acceden al poder, no quieren repartir el pastel que lo quieren para ellos y sus inversores extranjeros, los demas que se las arreglen com puedan, asi de sencillo.

  4. Excelente.
    Solo reforzar que Cuba debe ser el único país del mundo que prefiere que un negocio sea de un extranjero que de un nacional.
    Jejeje se cogieron demasiado en serio lo del internacionalismo

  5. Me ha sorprendido el aretículo, de acuerdo con el blog pense que seria algo mucho más moderado. Toca conceptos a cambiar muy claramente. Bravo!!!

  6. Como es posible alcanzar la unidad con odios, exclusión y discriminacion?
    Como es posible una sociedad de bienestar y justicia social sin desatar la productividad con la participación, iniciativa y el emprendimiento de todos?
    Como es posible la esperanza sin credibilidad y confianza?
    Como es posible defender y luchar por lo que no se ama?
    Como diría el poeta: “solo el amor convierte en milagro el barro.. solo el amor alumbra lo que perdura.. solo el amor engendra la maravilla”

  7. Muy enjundioso y conciso y abarcador el artículo. Pero diría, con Paco I. Taibo II, que prefiero ser optimista, porque así se sufre sólo la decepción después, mientras que el pesimista sufre antes, durante y después de lo que dudó que sucediera; y un ‘ya lo decía yo’ no compensa.
    Veremos. Aunque creo más en la presión que en las buenas intenciones y la presunta “sabiduría”.

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