“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

El amor no desaparece huracanes pero ayuda

cuba-tropical-weatherTomado de Cuba Ahora

Con los huracanes y ciclones me pasa como los recuerdos de infancia: no sé cuándo fue el primero, no tengo exactamente la idea de qué viví en mi vez inicial bajo los “efectos de un intenso” evento climático.

Sí, porque a quienes le gusta la nomenclatura un huracán puede ser un fenómeno meteorológico de intensas proporciones que se origina en el Mar Caribe; puede ser también un sistema de vientos de fuerza extraordinaria que forma un torbellino y gira en grandes círculos.

Para los pinareños un huracán es un HURACÁN. No tiene definiciones exactas, no tiene delimitaciones conceptuales.

Las percepciones, incluso, cambian con la edad. En los primeros años, apenas siendo un infante ingenuo, decir “ciclón” o “huracán” significaba “vacaciones”: días sin ir a la escuela, jugando en casa en las horas de tormenta, mataperreando por el barrio en la fase recuperativa, comiendo mucho—casi todo lo del refrigerador para que no se echara a perder por las jornadas sin luz eléctrica—, jugando a las escondidas en las noches posteriores…

Con el tiempo, las dimensiones cambiaron. Un ciclón era entonces ayudar a los padres a comprar comida; asegurar con palos y nylon las ventanas; aprender a cocinar las carnes de manera de duraran varios días sumergidas en manteca y en buen estado; obtener práctica en encender quinqués y lámparas inventadas con laticas vacías de refresco y un poco queroseno: mantener funcionando un radio de manilla, más viejo que el sillón de la abuela, por si las pilas se acababan… hacerse expertos en jugar dominó en las noches, apenas con una vela de luminaria, cuando la corriente demoraba más de cinco días.

Ahora un ciclón es otra cosa. Con los años y la madurez, una entiende todas las extensiones del dilema. Y un ciclón es casa, familia, amigos, pueblo, país. Una se preocupa por los bienes materiales propios, pero presta cobija a los otros que no tienen techo seguro. Brinda la comida que no le sobra, da el dinero que no le alcanza, cuida a los hijos ajenos.

Porque un ciclón en Pinar del Río es un desastre y una alianza también. Quizás pocas veces una sienta en tal magnitud el calor humano y la solidaridad como en esos momentos cuando mi casa es tu casa, mi comida es tu comida. Yo soy tu familia.

Y cuando una llega a esta “elevación divina” en la escala de sentimiento por y hacia un ciclón-huracán, no deja de sobrecogerse cuando arriban estos eventos a zonas no adaptadas a estos vaivenes. Llega a pensar, hasta en un lapso de sadomasoquismo ambiental: “es mejor que pase por Pinar del Río”.

Porque los pinareños, con el tiempo, nos hemos vuelto peloteros, tabacaleros, y sobre todo muy meteorólogos. Creemos predecir el tiempo como Rubiera, orientamos como Rubiera, y a veces nos creemos mejor que Rubiera.

Rubiera dice cómo se llama el huracán, por dónde pasará, a qué hora pasará, qué efectos traerá… Pero un pinareño te puede explicar cómo cerrar mejor la casa, cómo evitar un cajón de aire, cómo asegurar las ventanas, dónde refugiarse dentro de la vivienda en caso de emergencia, cómo apuntalar y salvaguardar el techo, cómo tener un maletín previsto para instancias extremas y qué no puede faltar, cómo mantener los alimentos, por cuáles vías estar informado cuando los teléfonos fallan… cómo tranquilizar los ánimos.

Un pinareño en estos instantes no puede evitar pensar en los amigos guantanameros, en todos los amigos de la región oriental. En todos los que viven por allá. Pensar en ellos, y sufrir también. Ver los partes como si el huracán nos viniera ahora mismo encima; enviar correos extensos muy didácticos para orientarlos en lo que pueden hacer; recargar el celular con el poco dinero del mes que queda, para brindar un parte  de informaciones cada cierto tiempo, si las comunicaciones lo permiten…

Ya a estas alturas, una viene siendo como Máster en Ciencias Sociales de Huracanes. Imagino que quienes peinan canas pueden defender un Doctorado en el tema.

Una solo lamenta que en estos días la abuela no esté viva y haga esos rezos infinitos y tranquilizadores frente a la vela y la virgen, pidiendo que las malditas aguas y vientos no arrecien tanto, y se desvié el “mal nacido”, y que no se muera nadie, que no se caigan tantas casas, y que no pase nada muy grave…

Como si los pinareños pudieran mandar en huracanes…

 
 

5 thoughts on “El amor no desaparece huracanes pero ayuda

  1. Sensacional !!!!!.,, una forma de decir lo que nos va en el alma de los cubanos que hemos pasado por semejsntes experiencias, que somos casi todos los que peinamos canas. Muy bonito relato. Me estremeció y logro transportarme a ese tipo de experiencia. Gracias por esta bonita forma de solidaridad.

  2. Esa es mi Tierra Guantanamo,alli naci y pase los mejores años de mi Vida por otras del destino tuve que emigrar pero nunca he olvidado mis raices ,mi Gente mi pueblo.a ellos llegue nuestro apoyo y de seguro vamos a hacer algo de lo poco que tenwmos para ayudarte los.

  3. Buen día. La Revista Digital Cubahora agradece la publicación del trabajo de Mayra García Cardentey en este sitio, al igual que el respeto otorgado a los créditos del autor y al enlace al Sitio Web de Cubahora. Nos complace mucho el interés prestado a este material.
    Así como estamos agradecidos también estamos un poco alarmados porque no se ha respetado el titular de la crónica y tampoco fue publicado íntegramente el cuerpo de texto. Pedimos por esta razón que las correcciones sean hechas por una cuestión de respeto hacia nuestro medio y hacia el autor del trabajo.
    Saludos

  4. Estimados colegas de Cubahora, efectivamente los títulos los cambiamos siempre, es nuestra política general, se trate de un artículo de Granma o del Nuevo Herald. Además, en este caso en concreto no creo que el cambio de título afecte el contenido del mensaje. No se que parte del contenido fue excluida pero si me lo dicen estaremos encantados de incluirlas. Un abrazo,

  5. Estimados colegas de Cubahora, acabo de contar las palabras del artículo original y la del que publicamos nosotros y ambos tienen exactamente 731 palabras, exceptuando el título. No veo que fue lo que omitimos. Un abrazo.

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