“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

¿Divorcio, fracaso o comienzo?

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Tomado de Escambray

Si un amigo o conocido nuestro sobrelleva dificultades, por ejemplo, en su desempeño laboral, en el ámbito familiar o de la salud, sentiremos preocupación, brindaremos nuestro apoyo y, en definitiva, asimilaremos tal situación con naturalidad. Sin embargo, por la pasión con que los cubanos modelamos las noticias, pareciera que en el fin de una relación amorosa se esconde la calamidad. Sobrevienen preguntas indiscretas como: ¿qué pasó?, ¿quién dejó a quién?, ¿tiene otro(a)?

Tampoco  faltan las opiniones panorámicas: parecían tan enamorados, qué mala suerte tiene…, o las premonitorias: yo lo veía venir. Incluso el verbo con que nos referimos al suceso sintetiza cierta brusquedad: fulana y mengano se pelearon.

Más allá de la idiosincrasia del cubano, en cualquier lugar de este mundo la separación de una pareja resulta un proceso vital doloroso, que debe ser asimilado individual y colectivamente con mayor naturalidad.

Si para la opinión popular quienes se desunen experimentan un fracaso, en ello también se revela el sello de la época y la sociedad donde vivimos, dado que en ese suceso intervienen diferentes factores. Las fuentes digitales consultadas manejan el término construcción social del fracaso, que varía a partir de las características socioculturales no solo de un país a otro, sino hasta de comunidades o segmentos poblacionales, donde el matrimonio quizás se concibe como eje principal de la vida.

La prensa rosa en el sistema capitalista dedica sus publicaciones a difundir la vida privada de artistas y figuras públicas, quienes difícilmente consiguen mantener en secreto sus amores y desamores. Esos medios de comunicación persiguen construir una pareja de éxito, como si lo más importante no fuera la ética y la calidad profesional.

Para la máster en Psicología Médica Fernanda Zulueta Gómez, muchas mujeres priorizan la estabilidad económica garantizada por sus compañeros, que conlleva en algunos casos a la inactividad laboral; por ello, una vez finalizado el matrimonio se sienten desprotegidas y frustradas. Sin embargo, afirma la especialista que nadie debe asumir la actitud de perdedor o perdedora, sino reflexionar sobre las causas de lo sucedido: a veces las parejas se apresuran en la convivencia sin apenas conocerse, o desean disolver una relación a partir de un conflicto superficial.

En cuestiones comparativas, si un músico desafina en un espectáculo o un deportista no obtiene los resultados que desea en una competencia, ¿los consideramos derrotados y mediocres? No. Intentamos ser flexibles. ¿Por qué no asumir la misma postura con una relación propia o ajena que termina después de uno, cinco o 10 años?

El sentimiento de que perdimos tiempo de nuestras vidas tampoco llevará a la superación del dolor, sería como pretender que nos devolvieran los minutos dedicados a observar una puesta de sol. En vez de aferrarnos al pasado debemos aprovechar el crecimiento espiritual y fortalecer la autoestima con proyectos que nos enriquezcan como seres humanos.

A veces escuchamos sin querer en un ómnibus la conversación de dos personas sobre el divorcio; a juzgar por los reproches pensamos: lo que tiene es despecho, incluso en silencio nos ponemos de su parte. Pero objetivamente, ¿qué sentido tienen los resentimientos?, solo refuerzan la infelicidad personal y la creencia colectiva de que vivimos una crisis interminable.

Según la psicóloga mexicana Silvia Russek, el fin de un matrimonio significa que las dos personas que se casaron con ciertas necesidades, expectativas, sentimientos, con el paso del tiempo, ya no pueden ofrecer en esa relación lo que se dio o esperaba en un principio. Con los años cambiamos y tenemos que adaptarnos a esos cambios, sugiere la terapeuta.

Tanto la especialista del país azteca como la espirituana coinciden en que reducir la visión del éxito a un asunto tan complejo excluye del análisis elementos que generan tensión en la pareja e implican la necesidad de acuerdos respecto a los hijos, familia, política, trabajo, cambios económicos, conciliaciones que pueden ir en contra de nuestra forma de pensar; el matrimonio genera una gran carga emocional.

En nuestra sociedad hay quienes aconsejan continuar unidos con argumentos como la calle está mala, todo el mundo tiene defectos o peor es la soledad…, prejuicios populares que olvidan la profundidad del arte de amar y convivir. Como  máximos responsables de nuestro bienestar, la regla de oro es comunicarse con la persona querida y si algo tomara un rumbo indeseado encontrar la solución.

Si no florece la compatibilidad, ¿vale la pena el esfuerzo? ¿Cómo podemos vivir en armonía con los demás abrumados por el desentendimiento?; en ese sentido la ruptura abre la oportunidad de defender nuestra capacidad de amar, y el fracaso solo consistirá en que el miedo nos limite vivir a plenitud.

 
 

3 thoughts on “¿Divorcio, fracaso o comienzo?

  1. A mi juicio lo único que justifica que dos personas acudan al matrimonio es que exista amor y respeto mutuo , un proyecto sólido de pareja debe estar bien fundamentado porque a partir de éste nacerá una nueva familia y es la que muchas veces paga los platos rotos . En Cuba el vínculo matrimonial se ha relajado bastante y recuerdo que en los anos 90s muchas ” parejas ” se casaron para repartirse las cajas de cervezas y hacer la comprita en La Casa de los Novios , o para abrirse camino hacia La C.E. casándose con un extranjero . Lo que sí está claro es que hoy en día los matrimonios duran lo que un merengue … Son muy pocos los que realmente gozan de todas las condiciones mínimas necesarias ( casa , seguridad económica y madurez ) Éstas sumadas al amor y respeto no son una garantía absoluta pero aumentan el índice de estabilidad . Saludos .

  2. Estoy de acuerdo contigo Liborio: Amor y respeto mutuo. Creo que es importante para que un matrimonio perdure que nos enamoremos mutuamente cada día de ese “otro” que con el tiempo va cambiando. La metamorfosis física es inevitable en ambos. La transformación del carácter, unas veces para bien y otras para no tan bien, se hace notable en la cotidianidad; somos los mismos pero somos otros. El amor es verdadero cuando tiende a hacer crecer al “otro” y hacerlo mejor persona en todos los sentidos, cada día. El noviazgo es una etapa fundamental y debe durar lo adecuado para conocerse lo mejor posible. En mi opinión una de las muchas causas que está atentando contra esta institución es el miedo al compromiso de las últimas generaciones. El compromiso lo asocian erróneamente a la mutilación de su libertad.
    Cont.

  3. No se habla en el artículo de las secuelas de los divorcios en los hijos. La familia es la célula fundamental de la sociedad y sin matrimonios estables no hay familias plenas y la sociedad se resiente. El matrimonio ideal sería “hasta que la muerte los separe” pero esa meta sólo pocas uniones la alcanzan en la actualidad. Mi esposa y yo nos felicitamos porque lo vamos logrando.
    Saludos

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