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José Martí
 

Cuba y John Kerry: la analogía vietnamita

Por Arturo López-Levy

El presidente Obama ha nominado al senador John Kerry (demócrata por Massachusetts) para la Secretaría de Estado. Habría que remontarse a John Quincy Adams, quien sirvió en el servicio diplomático norteamericano desde la edad de 17 años, para encontrar un antecesor mejor preparado que Kerry para dirigir la diplomacia estadounidense. Kerry es hijo de diplomático, veterano de guerra, senador por décadas y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

Pocas experiencias han formado más el carácter y la visión del senador Kerry sobre política exterior que su relación con Vietnam. Como lo ilustra el artículo Open Cuba to U.S travelers, que escribió en el 2009 para el Tampa Bay Times, esa experiencia ha jugado un papel positivo en las posiciones del senador a favor de mejores relaciones con Cuba, desde la defensa de los intereses y valores democráticos estadounidenses.

El historiador Douglas Brinkley, de la Universidad Rice, ha descrito en su biografía de Kerry cómo el senador, quien nació en Denver en 1943, tenía ya experiencia internacional cuando se enroló en la marina estadounidense en 1966. Había acompañado a su padre, que sirvió como diplomático en Europa durante los años del plan Marshall, el pilar más importante de la victoria norteamericana sobre el comunismo en la guerra fría. En contraste, la guerra de Vietnam, donde los enfoques del anticomunismo visceral prevalecieron sobre el análisis racional, incitó a Kerry a abogar por un rumbo realista. Promover los valores e intereses estadounidenses requiere tener conciencia sobre el carácter relativo del poder, y el peso del nacionalismo en el mundo post-colonial.

Con el prestigio de su servicio militar en el río Mekong, con condecoraciones al valor, John Kerry asumió la voz de los veteranos contra la guerra. Nada representa mejor la actitud patriótica del futuro secretario de Estado que su invocación de la frase del revolucionario en Alemania y senador en EEUU, Carl Schurz: “Mi país, bien o mal. Si está bien, para mantenerlo bien; si está mal, para arreglarlo”. Frente a las calumnias macartistas, Kerry decidió no contestar, confiando en que esos ataques personales no harían mella en sus argumentos. Después de la campaña presidencial del 2004, muchos demócratas criticarían ese enfoque.

En toda su carrera política, el senador Kerry ha procurado evitar y reparar los errores que llevaron la política exterior estadounidense al fiasco en Indochina. Desde el Comité de Relaciones Exteriores, Kerry se ha focalizado “en lo que importa: el futuro, no el pasado, los intereses nacionales estadounidenses a largo plazo, no las conveniencias estrechas de ocasión”. Junto al senador John McCain (republicano por Arizona), veterano también de la guerra, Kerry apoyó las aperturas del presidente Clinton que pusieron fin al embargo contra Vietnam. “¿El resultado? –ha dicho– Un Vietnam menos aislado, más orientado al mercado y más libre, aun cuando tiene mucho por andar”.

Desde esa convicción emergen las posturas del futuro secretario de Estado contra la prohibición de viajar a Cuba para los ciudadanos estadounidenses. “Nuestros valores democráticos no limitan nuestro poder, lo magnifican”, ha dicho. Basado en la evidencia de que los turistas de otros países, y los retornos de cubanoamericanos “han tenido un significativo impacto en incrementar el flujo de información y dinero a los cubanos”, Kerry promueve los viajes americanos a Cuba sin limitaciones como “catalizadores del cambio”.

El senador también resultó central en el congelamiento temporal en 2010 de los programas mal diseñados para Cuba de la USAID, que llevaron al subcontratista Alan Gross a prisión. Kerry, quien ha visitado Vietnam, conoce del éxito del programa de USAID en ese país para aumentar la conectividad a Internet. El programa de la USAID en Vietnam se implementa de conjunto con la agencia japonesa de desarrollo y con el apoyo de los gobiernos locales, no bajo una Ley Helms-Burton, repudiada en la ONU por su unilateralidad. Se trata de incentivar el desarrollo, que es para lo que se creó la USAID, no de derrocar gobiernos. La premisa es que un desarrollo orientado al mercado, y una población mejor educada y conectada demandará prácticas e instituciones más democráticas.

En la visión del senador Kerry, Estados Unidos no abandonaría la promoción de derechos humanos en Cuba al eliminarse la prohibición de viajar a la isla pues estos son valores fundamentales de la sociedad norteamericana. En el caso de Vietnam, Estados Unidos ha continuado su empuje por las libertades civiles y políticas después de terminar el embargo. Washington no hace esto porque procure la enemistad de los líderes de Hanoi sino como parte de una política racional de evolución pacífica y gradual a un sistema político más abierto en Vietnam. EEUU desea tener relaciones estables con toda la nación vietnamita, no solo con el gobierno. Los pueblos del mundo, no importa cuán nacionalistas sean, agradecen la preocupación por los derechos humanos si tienen como marco el derecho internacional.

La posición de John Kerry es coherente con los cambios de las últimas décadas en la comunidad cubanoamericana. La mayoría de los cubanoamericanos considera que el embargo fracasó, y que adoptar políticas de intercambio facilitará los procesos de reforma económica y liberalización política que empezaron en Cuba tras el retiro de Fidel Castro. Si Estados Unidos promueve sus intereses y valores democráticos en Vietnam, alentando reformas de mercado, ¿Por qué no hacerlo en Cuba?

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