“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Cuba pierde a uno de sus más grandes actores

jarTomado de Portal de la TVCubana

El actor y director escénico José Antonio Rodríguez, prominente personalidad del teatro, el cine y la televisión cubanos durante más de cinco décadas, falleció este miércoles en La Habana, a los 81 años.

La edición nocturna del Noticiero Nacional de Televisión dio la noticia del fallecimiento de Rodríguez, afectado en los últimos años por una enfermedad degenerativa que dificultó incluso su capacidad de hablar.

Con su muerte desaparece una de las más recias figuras del arte dramático cubano y una privilegiada voz, potente y cálida, que impuso su virtuosismo en la radio, y condujo con maestría la narración de múltiples documentales y materiales audiovisuales.

Nacido en La Habana el 19 de marzo de 1935, Rodríguez fue hijo de un médico que además era profesor de música  y primera viola dela Orquesta Sinfónica de La Habana. Su padre quería que siguiera tras sus pasos en la Medicina, pero el muchacho se inclinaba por la parte artística, estimulada por sus constantes visitas a los cines del barrio.

Por pedido de su padre, amigo del gran actor Enrique Santisteban, le pidió que le hiciera una evaluación de las posibilidades actorales de su hijo y le ayudara a tomar una decisión para encaminarlo en la vida. Tras unas pruebas elementales, Santisteban le dio la noticia que el padre no quería oír:  “Desengáñate, el que tiene que quitarse de la cabeza que el muchacho debe ser médico eres tú, porque ese, es un actor”.

Fue así como Rodríguez comenzó a realizar sus primeros trabajos en Radio Progreso, donde permanecerá por años. ” Hay gente que no se acuerda pero yo surgí en la radio… Le debo una parte muy grande de mi formación, de los conocimientos que adquirí, porque el radio da la plenitud que debe tener un actor”, afirmaría en una entrevista de 2007.

Tras pasos efímeros por el Teatro Universitario, Rodríguez inició en 1961 su paso firme dentro del movimiento escénico cubano con el Conjunto Dramático Nacional, y luego formó parte de La Rueda, hasta 1968, año en que se integró al mítico Grupo Los Doce, bajo la dirección de Vicente Revuelta.

De esa trayectoria inicial sobresalen algunos desempeños memorables  en La fierecilla domada, dirigida por Néstor Raimondi; Romeo y Julieta, de Shakespeare y bajo la conducción del checo Otomar Kreycha; El rey Christophe, de Aimé Cesaire; y ¿Quién la teme a Virginia Woolf?, dirigida por Rolando Ferrer y con Verónica Lynn.

Con Los Doce asumió el rol protagónico de Peer Gynt, de Ibsen.

“Grotowski para mí es una evolución en muchas cosas, sobre todo porque es la primera vez que conozco a fondo un entrenamiento hecho especialmente para la actuación”, recordaría años después al evaluar la experiencia de Los Doce.

En 1979 pasó a Teatro Estudio, donde desempeñó papeles inolvidables que le ganaron amplia popularidad y prestigio, entre ellos el Anselmo de Contigo pan y cebolla, de Héctor Quintero; el Macbeth, dirigido por Bertha Martínez; y Galileo Galilei,  en la puesta de Vicente Revuelta, con quien compartió el rol protagónico.

En los años 80 fundó el Grupo Buscón, que le permitió ejercitar sus potencialidades como director escénico y dar rienda suelta a su expresividad interpretativa. Con esta agrupación se destacaron sus creaciones Los asombrosos Benedetti, Buscón busca un Otelo y Cómicos para Hamlet.

Tuvo también un extenso desempeño como actor protagónico en la televisión y el cine, aunque fundamentalmente fue un hombre de teatro.

Rodríguez es uno de los protagonistas del movimiento de cine cubano que se gesta en la década de los 60, tras el surgimiento del ICAIC. Su contribución incluye una veintena de filmes, entre los que figuran clásicos como  El otro Cristóbal (1963), de Armand Gatti; Tulipa (1967) y La primera carga al machete (1968), de  Manuel Octavio Gómez;  Una pelea cubana contra los demonios (1971) y La última cena (1976), de  Tomás Gutiérrez Alea; y Cecilia (1981), de Humberto Solás.

De sus novelas y dramatizados en televisión hay dos papeles con los que hizo historia y alcanzó niveles de popularidad sin precedentes en Cuba: el Melquiades de Doña Bárbara, junto a Raquel Revuelta, y el Rigoletto de Las impuras, ambas dirigidas por el legendario Roberto Garriga.

Una de sus últimas presentaciones públicas, ya muy enfermo, fue durante el homenaje realizado en ocasión de su cumpleaños 80 en el Cen­tro Cultural Bertolt Brecht, con la asistencia de amigos, fa­mi­liares y artistas, el 19 de marzo de 2015.

Recibió el Premio Nacional de Teatro en el 2003, compartido con la actriz Verónica Lynn.

Los restos de Rodríguez fueron expuestos en la Funeraria de Calzada y K, en el Vedado, y su sepelio se efectuará la mañana de este jueves en el Cementerio de Colón en La Habana.

 
 

3 thoughts on “Cuba pierde a uno de sus más grandes actores

  1. Gran actor ,lo recuerdo desde que yo era niño, nunca lo escuché en líos, ni chanchullos, todo un ejemplo.Se nos va fisicamente pero José Antonio queda eterno en sus trabajos artisticos y ojala no quede en el olvido.

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