“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Cuba en blanco y negro

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Foto: Ángel Marques

Tomado de Nice

Yunior es uno de los tres negros vestidos de negros que cuidan la entrada del bar “Habana”. Los tres están parados de frente a la calle como barrotes de hierro. Visten pantalón de tela negro, pulóver negro con cuello y gorra negra. En sus anchísimas espaldas se puede leer en blanco: SEGURIDAD.

A la 1:30AM, La Habana amenaza con desplomarse. Relámpagos y truenos estremecen la madrugada, el cielo está encharcado de nubes rojizas.

Dentro del bar, hay aún poca gente. De pie, nadie. Los que están sentados en las mesas beben copas al compás de una música bastante suave para ser sábado. Fuera, hay un disperso tumulto gregario que posa esperando su momento para entrar.

“Nosotros pasamos a la gente de a poco, para poder verlas bien e identificarlas. Aquí no hay colas; el dueño nos dice que el orden y las personas que entran son responsabilidad nuestra”, dice Yunior sin mirarme a los ojos, con el tono marcial de un militar de rango, en la puerta del bar. Instantes después, se encarga de dejarme claro que no miente:

“Ustedes sí, pero ellos no”, le dice Yunior, con autoridad, a cuatro trigueñas españolas que llegan al bar con dos cubanos negros.

“No entendemos. ¿Por qué?”, responde una de las españolas.

“La casa se reserva el derecho de admisión”, dice Yunior, recitando un verso de memoria como si estuviera en un examen de secundaria básica.

Después de la frase, los dos negros cubanos se encaran con los guardias de seguridad. Las españolas gritan obscenidades y les dicen a todo galillo que no sabían que “habían venido a un país racista de mierda”. Al final, las cuatro españolas se retiran con los dos cubanos. Uno de los cubanos, a lo lejos grita: “ni que fueran blancos”.

A unos metros de la entrada, recostado en una pared y tomando un trago está el dueño del bar que observa sigilosamente los sucesos. Días después, sentado en la puerta de su casa, Yunior dirá: “El dueño nos tiene prohibido que dejemos entrar a negros cubanos que vienen con extranjeras”.

“¿Y a negros cubanos solos? ¿Y a negros de otros países?”, le pregunto.

“A los negros cubanos hay que mirarles la pinta y de ahí decidir”, responde.

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El incremento del turismo en Cuba también ha devuelto algunas prácticas racistas en la isla.

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Yunior tiene 36 años y hace tres meses y medio que es uno de los guardias de seguridad del bar. Apenas habla, solo abre los labios cuando se le pregunta algo. Nunca ríe. Mide 1.89m de estatura y pesa 110kg. Es una mole de músculos, un tipo impresionante, de los que meten miedo de solo mirarlos y al que nunca le dirías que tiene una pelusa de algodón colgándole de la manga del pulóver.

“La gente piensa que esto es fácil, pero no es así, este trabajo es estresante porque es de noche y además tienes que lidiar con la gente que viene a beber. Y cuando la gente bebe siempre pasa algo”, dice Yunior.

Esta es su primera experiencia como trabajador de seguridad. Hasta hace bien poco fue profesor de un gimnasio fisiculturista privado del barrio del Vedado. Antes, en 2004, se graduó en Contabilidad y Finanzas en la Universidad de La Habana y luego se quedó como profesor en su propia facultad.

“No aguanté. Como profesor me pagaban 500 pesos cubanos al mes —20 dólares— y con eso es imposible vivir. Me fui a buscar trabajo a la calle y apareció el gimnasio y después el bar”, cuenta.

Cuatro meses atrás, Yunior caminaba por las calles adoquinadas y estrechas de la Habana Vieja cuando se topó con un cartel en las afueras de un local en obras y leyó: “Se busca personal calificado con experiencia: dependientes (mujeres, trigueñas o rubias, de buena figura y con idiomas) y seguridad y protección (hombres fuertes de color)”.

Su bolsillo no andaba nada bien y decidió entrar al sitio, que desde afuera se veía atestado de polvo de cemento y de gente pintando las paredes. En aquel momento solo tenía curiosidad por conocer los pagos y las funciones que desempeñaría un negro robusto como él en un bar.

Ya dentro, una muchacha le salió al paso y, después de escucharlo, lo condujo por un pasillo hasta el final. Cuando entró, el dueño se quedó observando su figura con detenimiento, de arriba a abajo, con ojos muy serios.

“Después empezó a reírse y a explicarme cuales serían mis funciones y el pago. Nunca me preguntó si tenía conocimientos de artes marciales o algo por el estilo. En estos lugares lo único que interesa es la apariencia; esa es la nueva Cuba”, dice Yunior y ni siquiera repara en el calificativo de “hombre de color” del cartel.

Cuando le pregunto sobre el término, contesta: “Este no es el único bar que hace eso en Cuba. En todos vas a ver que los porteros son negros como yo para impresionar y que el barman y las camareras son blancos bonitos para vender. Esa es una política lógica y eficaz para que los negocios funcionen”.

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Esteban Morales, profesor especialistas en temas raciales .

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Después del triunfo de Fidel Castro y la revolución cubana en 1959, la nueva nación se empeñó en barrer con todos los males heredados del sistema anterior imperante, entre ellos el racismo, un tema que se volvió extremadamente vilipendiado por no erradicarse de raíz dentro del naciente proceso revolucionario socialista.

En 2011, tras 52 años del cambio —con Fidel en cama y su hermano al mando—, el parlamento cubano aprobó la implementación de una serie de reformas propuestas por Raúl Castro. La isla cambió. El paquete de medidas reconfiguró el escenario socioeconómico y a partir de ese momento los cubanos pudieron viajar al exterior, comprarse una casa o un auto e instaurar algún negocio privado dentro del margen que el estado declaró.

De esa manera comenzó a resurgir la vida nocturna, una vela que estuvo apagada durante décadas. Pero lamentablemente cuando la propiedad privada creció, amén de darle un nuevo sentido a las noches habaneras —otras opciones que no fueran ir al cine o sentarse a conversar y beber ron en el muro del malecón—, lo que produjo fue la confirmación de que el sistema social igualitario llegó a su fin. A partir de entonces, las diferencias de clases se acrecentaron entre los cubanos.

Al año siguiente, el estado cubano —quizás conmovido con el cambio que habían producido sus reformas— realizó un detallado censo de población y vivienda y contabilizó que en el país residían 11 millones 177,743 habitantes. De ellos, el 65 por ciento fueron identificados como blancos, el 10.1 por ciento como negros y el 24.9 por ciento como mestizos.

También salió a la luz que el 80 por ciento de los estudiantes de las universidades del país son blancos y que menos del 10 por ciento del colectivo de profesores universitarios, al que una vez perteneció Yunior, son negros.

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“Nuestras estadísticas no pueden ser incoloras. Si tenemos un 3 por ciento de desempleo en el país, tenemos que saber qué color tiene ese desempleo. No es lo mismo ser blanco y estar desempleado, que ser negro y estar desempleado”, dice Esteban Morales, profesor de la Universidad de La Habana en una conferencia sobre el racismo en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

El espacio forma parte de un ciclo de conferencias que auspicia la Fundación Nicolás Guillén y la Comisión José Antonio Aponte —que trabaja en la defensa de la igualdad racial y la eliminación de vestigios discriminatorios— y al que durante varios meses han acudido analistas e historiadores del racismo en Cuba.

“Hoy en Cuba, la mayoría de los presos son blancos porque ellos son los que están en el poder y sus empresas son las que se corrompen. Los negros están en la cocina, no son jefes, no son directores, no son presidentes de corporaciones. Ahí es donde se ven las verdaderas desigualdades que han crecido en nuestro país”, dice Morales.

Cuando Yunior comenzó a trabajar en el bar, el staff aún no estaba completo y además faltaban algunas cuestiones de diseño y arquitectura por finalizar para que el lugar estuviera listo para su inauguración.

El dueño del bar le confirió a Yunior “el grado” de jefe de seguridad por ser el primer contratado, pero le encomendó la tarea de encontrar a tres imponentes negros más como él para completar el grupo de seguridad.

“Nosotros somos cuatro y nos turnamos el trabajo. Somos dos parejas aunque a veces trabajamos tres en una noche”, dice Yunior, y añade con rostro incómodo que son los únicos negros del negocio.

Juan Carlos Albizu-Campos, profesor del Centro de Estudios Demográficos aseveró en el ciclo de conferencia sobre el racismo: “Cada vez hay más blancos donde se toman las decisiones sobre cuestiones raciales en Cuba. Una cosa es dar oportunidades y otra poder acceder a ellas”.

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“Si los negros no la hacen a la entrada, la hacen a la salida”, dice Yunior. Su respuesta es una frase estereotipada de la jerga underground de los cubanos que tiene como fin incriminar a los negros y demonizarlos por aviesas actitudes cívicas.

“Lamentablemente eso funciona así en este país: si los negros no vienen bien vestidos, no son bien vistos. En cambio puede venir un blanquito en short y chancletas que no importa”, dice Yunior y se queda mirando algún punto fijo de la calle desde su silla en la puerta de su casa.

Su ángulo visual lo corta el paso de dos muchachas con rostros de veinteañeras que se detienen en la casa contigua, una cafetería propiedad de su vecina. La tablilla de madera de “Doña María”, que es como se llama la señora, oferta: pizza, jugos y refresco de gas. Las muchachas conversan algo, deciden y una se acerca al mostrador y pide por las dos. María les dice: “ustedes tienen el color que vuelve loco a los hombres, el canela ese. Búsquense esposos claritos para que no se atrasen”.

 
 

21 thoughts on “Cuba en blanco y negro

  1. esos carteles mostrando cierto racismo son permitidos por el estado, eso muestra el total desinterés por los problemas sociales en nuestro país y es una vergüenza que ocurra, es simplemente pisotear los principios de igualdad social de la Revolución, solo que para la realeza solo les interesa mantenerse en el poder, si algún cartel dijera algo como que son corruptos, oportunistas etc seguro no dejaban ni terminar de escribirlo y el autor va preso y se le complica la vida, aunque ese cartel diga una gran verdad, pero lo demás no importa

  2. ademas el funcionario de un bar o restaurante o cualquier otro sitio puede ser blanco o negro lo importante es su formación, educación, como trata al publico etc, una blanca linda pero inculta y mal educada al seguro trata mal al publico y este queda insatisfecho a pesar de su belleza coporal, un negron grande y fuerte solo impresiona pero es un objetivo fácil de eliminar si el adversario sabe artes marciales, por eso no hacen falta blancas bellas ni negros super fuertes para que un negocio prospere, eso es una burrada mas de nuestros nuevos empresarios y rico, claro permitido por el estado.

  3. buen articulo Fernando, muy bueno. te felicito por aportar un granito de arena en la lucha contra el racismo y la precariedad laboral en Cuba. muy bueno de veras el articulo.
    un amigo me decia que tal vez los negocios privados en cuba pudieran mejorar su imagen si ayudaran a combatir este problema. imagine usted que las pizzerias, paladares, contribuyeran a mejorar los problemas sociales en varios lugares de cuba, si transmitieran valores y educacion mientras venden sus productos.

  4. Todos los seres humanos somos mestizos, es una pena que haya personas de echo o d alma q sean del KKK saludos

  5. En la mayor parte del mundo Occidental no dejar entrar a alguien a tu negocio puede provocar hasta que te cierren el negocio
    eso de “nos reservamos el derecho de admisión” está cada vez mas prohibido.
    Jejeje nada que el capitalismo de Cuba es el mas hostil del mundo

  6. señores los dueños de los establecimientos, tienen el derecho a entrar en sus negocios a quien le de la gana, que bastante sudor y papeles le ha costado abrirlo y mantenerlo…….recuerden que una bronca en esos lugares se da facilisimo y luego la cogen con el establecimiento

  7. Esto me recuerda el bocadillo de la pelicula “Full Metal Jacket” en el cual lel sargento instructor les deja claro a sus soldados que le importa un carajo su background social:
    “There is no racial bigotry here. I do not look down on niggers, kikes, wops or greasers. Here you are all equally worthless.”

    “Aqui no existen fanatismos raciales. No discrimino entre negros, judios de mierda, indios o blanquitos sucios. Aqui son todos igualmente despreciables.”

  8. En cada sitio como el mencionado, peguemos una pegatina: “Aqui se discrimina”. Y lo colocamos en TripAdvisor. Los racistas son lo mismo, aqui o en Virginia.

  9. O entras en un lugar (como el Cafe de Artistas de Peña Pobre) y una rubia te detiene: No podemos atenderlo, en DOS horas vendra un grupo de turistas. Y a mi que coj..!

  10. Disce Esteban Morales que: “Hoy en Cuba, la mayoría de los presos son blancos porque ellos son los que están en el poder y sus empresas son las que se corrompen. Los negros están en la cocina, no son jefes, no son directores, no son presidentes de corporaciones. Ahí es donde se ven las verdaderas desigualdades que han crecido en nuestro país” (fin de la cita).
    Y yo quisiera saber si la mayoría de los presos fueran negros, si Morales —de igual modo— no iba a afirmar que hay racismo “porque “Hoy en Cuba, la mayoría de los presos son negros…”.

  11. Para mi esas situaciones son inadmisibles en Cuba, y el estado tiene que meterse en el asunto. Tiene que haber una etica en el trato a cualquier persona, un asunto es la forma de vestir, que puede estar en contradiccion con la categoria del lugar y otra el color de la piel o la religion.

  12. Esto va por mal camino. Creo que debe legislalrse para castigar los actos de racismo. Y la prensa y la televisión deben jugar su papel en este combate. Basta ya de seguir diciendo que en Cuba no hay racismo. Nada más hay que verlo en la recepción de los hoteles. También es cierto que la Revolución ha hecho mucho por eliminar esta lacra, pero no es suficiente.

  13. Y al final, como siempre los racistas, los que abusan de los trabajadores que no respetan sus derechso, son los dueños negocios privados, de articulos como estos son de los que se apropia el estado para defender sus medidas en contra de ellos, al final ese tema de el portero negro y el dueño blanco es tipico en Cuba en los privados y en los hotels del estado, incluso un amigo mio policia que es negro me lo ha dicho que cuando ellos mismos ven a un negro se erizan,entonces es un prejuicio extendido en Cuba no es culpa de los privados.

  14. Lo peor que es que la gente vea la discriminación para contratar o admitir gente en ciertos lugares como algo normal. Esto no solo se ve en los nuevos sitios privados, sino en los del estado también. Creo que es un error imponer cosas, como el % de ocupación de cargos/empleos distribuidos según el color de piel. Casi siempre las políticas se imposición resultan poco prácticas. Pero sí creo que se deben denunciar estos temas y dar donde les duele más. Cosas como las que propone abelardomena (8) de publicar opiniones en TripAdvisor (sitio web muy usando por el turismo para consulta establecimientos) me parecen muy buena idea.

  15. Esto es una situación que el estado debe revisar. El artículo de Morales muy bueno, dice cosas reales, pero creo que tiene cosas muy contradictorias y muy victimistas. Lo de los presos blancos mayoría y que lo justifica porque son los directores de empresas,… eso es una tontería mayúscula. Primero, si el censo dice que la mayoría es blanca es lógico que la mayoría de presos también sean blancos. Si la mayoría de presos fueran negros contando que según censo son cerca del 11%, entonces si habría un problema. Otro punto: Acaso todos los presos son directores de empresa ???, no hay otros delitos ???. Yo soy blanco y un día estaba trabajando en casa de un amigo y fui un poco sucio a Carlos III a comprar algo que necesitábamos y fui claramente discriminado por mi apariencia. Me parece que esta actitud de Morales es también descriminatoria hacia los de su raza. Tengo muchos amigos negros, algunos directores de empresa o con puestos importantes.

  16. Este ejemplo que pone es una actitud personal que no debe ser aceptada. A mi lo que más me preocupa es que en Cuba se está desarrollando una clase social mucho más cruel que el más cruel capitalísmo que tanto se critica desde la cúpula que gobierna el país.

  17. Estoy tan convencido de que el racismo se está incrementando, como de que están siendo tan racistas los verde como los azules y el asunto está sirviendo para vivir de él.

  18. la frase de esteban morales estoy segura es un error de redacción o edición pues imagino q se refería a delítos económicos y a la carcel especial para estos delincuentes donde sí la mayoría son blancos, pero es un hecho muy puntual y sí es expresión del techo de cristal q tienen los negros para acceder a cargos directivos.

  19. hector, comentarios como el tuyo me recuerdan a la Sudafrica del Apartheid.
    imaginate que en Alemania, te pueden cerrar el negocio si caes en este tipo de situacion, solo “por discirminar a determinado grupo social”. muchos paises fortalecen estas leyes, pero en Cuba, imaginate, aunq las leyes puede que esten, no se cumplen.
    este problema no es solo de los privados, en los negocios estatales que prestan servicio, ese es el pan nuestro de cada dia. ahora si, creo q los privados pudieron haber marcado la diferencia si no asumieran ese tipo de actitud, o sea mas punto para los particulares, pero no, parece que el que tiene los complejos nunca encontrara el camino a la felicidad.

  20. Creo q el racismo en cuba no es tal, no creo q haya mucho imbécil q considere a los negros genéticamente inferiores a los blancos, el racismo en cuba es una brújula, un sesgo de pensamiento pues lamentablemente los monarcas actuales, aunque lo intentaron, no lograron equiparar en posibilidades a negros y blancos en cuba por lo q aún ser negro se asocia a estratos sociales bajos con mayor posibilidad de peligrosidad. Por lo tanto, no es racismo, es clasismo, clasismo q expresan tanto blancos como negros cubanos.

    Lamentablemente en cuba un negro es más sospechoso de comportamiento antisocial q un blanco en igualdad de vestimenta por ejemplo, y esta sospecha no es por racismo, es q objetivamente en los sectores más pobres de cualquier país es donde más delincuencia hay y en sectores más pobres aquí priman los negros.

    Creo la campaña debería ser admitiendo el fenómeno y explicándolo y hasta pensar en legislas discriminación positiva, algo q a los americanos les ha funcionado.

  21. fernando le propongo sin saber si podría traer el artículo de randy sobre el racismo para acá para poder disfrutarlo con los amigos de aqui. ah, más importante aun, hágase eco de la rebaja del MFP a los cigarros, ahí si hay tela por donde cortar jejeje. saludos cordiales.

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