“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Construir pensando en Irma

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Tomado de OnCuba

La coincidencia de tres huracanes y un sismo, casi todo en el mismo momento y en la misma región, para muchos es el resultado de eso que hemos llamado calentamiento global y que no es otra cosa que el costo de una manera muy irresponsable de desarrollo, una manera ciertamente vieja, y fuera de contexto, que surgió en aquella época en que el homo sapiens aún pensaba que su presencia en la naturaleza tenía apenas efectos marginales y que los recursos naturales todos ellos, jamás serían una restricción a sus aspiraciones de convertirse en Dios.

Aquella época en que el “dominio de la naturaleza” era la frase de moda y demostrar la capacidad de “dominar la naturaleza” era una de las claves de demostrar el poder que los países tenían. Hacer la mayor represa del mundo, o la mayor hidroeléctrica, tener las extensiones de cultivos más y más grandes a expensas de todo ser viviente, arrasando miles de hectáreas de bosques o contaminando centenares de kilómetros de ríos o bahías enteras, era casi siempre alabado como una demostración más del poderío del homo sapiens.

Lo interesante es que todos los países y quizás también una buena parte de los políticos, independientemente de su credo ideológico sucumbieron a esa filosofía, es cierto y ha sido lamentable. La Siberia soviética es tan buen ejemplo como la Amazonía brasileña, o las grandes planicies del medio oeste norteamericano ya hoy sin aquellos bisontes legendarios, ni que decir de los bosques españoles que un día Feliz Rodríguez de la Fuente nos enseñara habían casi desaparecido en aquella serie documental que tanto disfrute y que se titulaba “El Hombre y la Tierra”.

No sé si Irma tiene que ver directamente con esa loca carrera del ser humano por convertirse en Dios, pero como un cubano más que fue testigo presencial y sufriente, estoy convencido de que en algún momento después de esta tormenta de este siglo y de esta batalla por recuperarnos, al menos nosotros, isleños que padecemos esa maldita circunstancia del agua (salada) por todas partes, debemos hacer un ejercicio colectivo de pensamiento sobre el cambio climático, sobre nuestro futuro y el de nuestros nietos y biznietos.

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Centro Habana después de Irma. Foto: Natalia Favre.

Irma tendrá costos inmediatos, algunos inconmensurables, en especial los asociados a la pérdida de seres humanos. Ya no cuentan las causas de esas pérdidas, aunque la mayoría eran evitables. Otros, dolorosos también pero de otra cualidad, son aquellos asociados a la destrucción y las pérdidas materiales, personales y colectivas, del país y de las familias. Algunos también evitables si la previsión hubiera sido mayor. Otros imposibles de evitar debido a la fiereza inaudita de un huracán que parecía empeñado en cambiar la geografía de toda la Isla.

Para las aspiraciones de crecimiento a corto plazo de Cuba el huracán Irma es, sin duda, un duro golpe, difícil de cuantificar en pesos y centavos. Así el crecimiento del 1 por ciento del PIB al que se aspiraba en 2017, reconociendo que sin Irma ya estaba muy comprometido, será ahora una meta casi imposible de alcanzar.

Irma visitó todos nuestros polos turísticos importantes, no dejó ninguno de lado, cuando la temporada alta de la cosecha turística está casi a las puertas; se paseó por nuestras tierras de cultivos como un gigante de siete leguas, acostó plátanos y caña de azúcar, destruyó naves de producción y fábricas, dañó más de nueve decenas de pozos de petróleo, apagó una de las centrales eléctricas más importantes del país; centenares de viviendas hoy no pueden ser habitadas y muchas no lo serán más.

Al costo de la destrucción habrá que sumar el costo de la reconstrucción y el del tiempo empleado para ello, y no empleado en otras tareas, difícil, muy difícil de cuantificar. Esforzarse más es siempre el recurso más inmediato, incluso para este pueblo que se ha esforzado muchísimo en estos últimos 26 años y ha tenido que enfrentar y vencer una combinación muy difícil de huracanes de diverso tipo, desde la desaparición de la URSS, el incremento del bloqueo estadounidense, el período especial, las administraciones Bush, etcétera, etcétera. No creo que haya muchos que duden de esa capacidad de esfuerzo y sacrificio.

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Centro Habana inundada después de Irma. Foto: Natalia Favre.

Pero igual que nos dedicaremos hoy a la reconstrucción inmediata, debemos, en algún momento hacer una pequeña parada en el camino y pensar en ese futuro nuevo que el cambio climático nos depara.

Prever es la mejor manera de ganar, adecuarnos a la naturaleza en vez de dominarla y competir con ella es también la forma más eficiente de reducir pérdidas.

Mientras caminaba por la carretera que va de mi pueblo (Santiago de las Vegas) hacia el Cacahual, apenas pasado Irma, pensaba en cuánto daño se pudo haber evitado si se hubieran podado adecuadamente los árboles que todos sabían dañarían el tendido eléctrico y el telefónico.

Debemos repensar nuestra cuidad, nuestra manera de construir, nuestras infraestructuras. Quizás podamos encontrar, siempre mirando a futuro, otro tipo de árboles, menos frondosos, con sistemas radiculares más fuertes, pues lo que no podemos imaginar es nuestras ciudades sin árboles. Debemos pensar formas organizativas que nos permitan mantener la poda de forma sistemática, sin depender de un esfuerzo supremo de empresas e instituciones del Estado en momentos críticos.

Tenemos que procurar que la alternativa de la energía solar microlocalizada, no solo se convierta en una forma de ahorrar combustible fósil, sino también en una manera de lograr soluciones a pequeña escala para situaciones como esta que hemos vivido. Pero las azoteas de nuestras ciudades permanecen hoy vacías de paneles fotovoltaicos. Es cierto son aún costosos, es cierto que se necesita capacidad de respaldo, es cierto que no es algo que podamos hacer ahora mismo, solo llamo la atención acerca de que cuando miremos al futuro, tal cual aparece en nuestra visión de país, la sostenibilidad debe ser una condición inexcusable. Proporcionarles a las familias cubanas la posibilidad de servirse de paneles solares es mucho más que una buena fórmula económica.

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Y nuestras construcciones, las ya existentes, algunas de ellas que resisten hoy en un ejercicio de “estática milagrosa”, pero sobre todo esas nuevas que construiremos deberán ser capaces de entenderse cada vez mejor con este “cambio climático” que nos augura un futuro más complejo.

Y mejorar nuestras infraestructuras. Quizás lo más costoso, pero también de lo más difícil de recuperar.

Nuestros sistemas de provisión de agua, ¡AGUA!, en los que se ha trabajado tanto en estos últimos años, pero donde en buena parte permanecen con vidas miles de cisternas individuales (quizás de la más ineficiente y de las más primitivas de todas las formas de distribución y almacenamiento) que no solo se contaminan, sino que prácticamente obligan a multiplicar la dotación de agua. Las cisternas individuales han sido la solución más manida de los ciudadanos para garantizarse su agua, pero ni por mucho es la más eficiente y racional.

Las redes de electricidad y teléfono: ahí hay otro reto. Cuba tiene la inmensa ventaja de un sistema nacional de electricidad totalmente conectado, de Pinar del Río a Guantánamo. Es cierto que las redes soterradas son más costosas, pero son más seguras. Debemos pensar que para proyecciones futuras de nuestras ciudades, el propósito de redes soterradas debería estar dentro del planeamiento urbano. Lo mismo diría respecto de la telefonía.

Los sistemas de drenaje y alcantarillado, al menos en esta capital de todos los cubanos, deberían ser una de esas prioridades. No hace falta un huracán como Irma para que se inunden nuestras calles, desde la avenida 5ta. de Miramar hasta cualquier “cuatro esquina” de un barrio más modesto. Reparar los drenajes es una inversión difícil de recuperar, pero el costo de no repararlos se paga todos los años, a veces todas las semanas, cada vez que un buen aguacero nos recuerda que estamos en el trópico. Es nuevamente un ejercicio de difícil solución, pues la escasez de recursos y a veces también de personas que quieran trabajar en esas labores, no permite una solución inmediata ni sencilla.

Mientras tanto, en lo que se llega a concretar ideas parecidas en desarrollo sostenible de ciudades amigables con la naturaleza, la previsión es decisiva y la mejora de los sistemas asociados es fundamental.

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Problemas con abastecimiento de agua después del paso de Irma. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

Cierto que todo esto cuesta, cuesta mucho y es muy difícil de afrontar para un país en las condiciones de Cuba hoy. Pero imaginar nuestras ciudades en el futuro, incorporando estas cuestiones, nos ahorrará una parte de ese costo.

Nuestra situación hoy, después de Irma, es mucho mejor que la de algunas otras islas vecinas. Nuestros sistemas de alerta temprana funcionaron bien, nuestra capacidad de recuperación ha sido retada por un fenómeno cuya intensidad ha sido extraordinaria. La frecuencia de fenómenos de este tipo no parece ser muy alta, pero nadie puede afirmarlo. Es nuevamente un ejercicio de aprendizaje, es también –lo está siendo– un ejercicio de esfuerzo y solidaridad.

Ya que Irma pasó y ni siquiera la fuerza de sus vientos nos pudo mover del Caribe y por lo tanto este archipiélago seguirá en esta misma latitud y longitud, entonces, cuando tengamos el respiro que todo nuestro pueblo se merece, deberíamos mirar un poco más allá.

Y todos nosotros, ciudadanos, habitantes de estas, nuestras ciudades deberíamos ser también mucho más amigables y respetuosos con ellas. Es cierto que aún nos faltan sistemas y que los que tenemos a veces no funcionan como debería ser, pero es cierto también que nuestro irrespeto hacia la ciudad, hacia nuestros barrios, contribuimos a que esas fallas se hagan mucho mayores. Es todo un ejercicio colectivo el que debemos hacer.

Pensar en cómo deben ser nuestras ciudades futuras no es un ejercicio de ciencia ficción, no es una “pérdida” de tiempo, no es una idea rara de un grupo de locos desconectados del presente, es también parte del compromiso irrenunciable que tenemos con el futuro, es algo que podemos hacer, es algo que les permitirá a nuestros nietos vivir más tranquilos, aun cuando otros “Irmas” azoten nuestro país.

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Centro Habana fue una de las zonas más perjudicadas por los fuertes vientos y las inundaciones costeras. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

 
 

15 thoughts on “Construir pensando en Irma

  1. Los arboles de la ciudad deben ser renovados. Esos gigantes que han caido fueron plantados hace mas de 50 años para mantenerlos recortados como los de la 5 avenida o la de los Presidentes. Ese mecanismo de mantenimiento desaparecio y escaparon de cultivo. Tanto que el fuste o cañon ya se pego a los cables y cuando vienes a podarlos casi hay que cortarlos. Ahora mismo hay una gran fobia hacia todos ellos y vecinos planeando talas. En algunos vecindarios ya lo han hecho y lo peor es que detras no siembran nada.Lo peor es que se ha instalado un miedo al arbol que amenaza con deforestar, aun mas, cada espaio urbano.

  2. Yo te propongo Juan que sumes a los estudiantes y recién graduados universitarios del país de todas las disciplinas para que con pocos recursos, humanos, materiales y financieros te presenten en tiempo record un proyecto sustentable, seguro hay muchas y muy buenas ideas plasmadas en tesis que duermen en cajones y verás que ese ejercicio te demostrará que sí se puede cuando se quiere. Cuéntame luego el resultado del reto al intelecto.Vivimos aquí y ahora.

  3. PREGUNTO PARA APRENDER (1)

    (Pero ante todo, mis felicitaciones al escritor del artículo, Juan Triana y a Fernando por haberlo seleccionado para su Blog)
    ¿Cuántos muertos tuvo Puerto Rico con el Huracán MARÍA, que les pasó por arriba destruyéndolo?
    ¿Cuántos muertos tuvimos en Cuba con el Huracán IRMA, que “casi” sólo nos rozó?
    ¿Dónde estaban los Jefes de la Defensa Civil que no hicieron, en tiempo y forma lo que tenían que hacer?

  4. PREGUNTO PARA APRENDER (2)

    ¿Por qué en Radio Reloj, que no dejó de trasmitir no había una representación dirigente que le pusiera voz y confianza a la lucha contra la embravecida, con razón o sin razón, naturaleza?
    ¿Dónde estaban los pilotos de esta nave con forma de archipiélago?
    ¿Será que de la antigua y ejemplar Defensa Civil cubana sólo queda la teoría?
    ¿Realmente era inevitable el que se perdiera todo lo que se perdió?
    ¿Será que..? ¿Y que…? ¿También lo…? ¿…¿?…?

  5. El artículo de Triana es de un optimismo desubicado. Con tantos problemas elementales de la cotidianidad, que él mismo reconoce, planificar la poda de árboles y construir con vistas a posibles desastres futuros ciudades amigables es utópico en este país… donde buena cantidad de aceras están en mal estado, las calles llenas de baches y olor nauseabundo de cloacas desbordadas y basura acumulada, la vivienda en escases y falta de calidad crónicas y la economía en general pidiendo racionalidad básica por señas. Soñar no cuesta nada, pero nada consigue tampoco.

  6. Excelente artículo; apoyo su tesis.
    Pensando en los futuros ciclones no solamente se debería reconstruir y construir como dice el autor, sino también se debería pensar en el trazado de las líneas eléctricas. Si cada año se entierra el 5% de la fase final del sistema de distribución de la electricidad, en 20 años tendremos al menos la distribución a los hogares y centros laborales totalmente soterrados. Si seguimos reconstruyendo de igual forma, el próximo huracán se vuelve a llevar lo que hoy se reconstruyó; así no es provechoso. Nuestros trabajadores eléctricos son muy buenos; hay que organizar las cosas para que su trabajo no sea en vano.
    No coincido con el autor en la idea: “isleños que padecemos esa maldita circunstancia del agua (salada) por todas partes”. El mar es algo extraordinario que nos da ricos alimentos y nos deleita con su frescura y bellezas naturales. Sí coincido con él en que tenemos que prepararnos inteligentemente dada nuestra condición insular. SALUDOS!

  7. Excelente artículo , pero , construir pensando en Irma ? Perdóneme JT pero aquí no se construye pensando ni en Irma ni en Flora ni en ninguno de esos terribles eventos climatológicos que de alguna manera vivimos cada ano , sencillamente no se construye , bueno , hoteles sí . El 95 % o más de la planta habitacional de La Habana se construyó desde La Colonia hasta el gobierno de Batista y es un milagro que aun estén de pie pues remozamiento y mantenimiento tampoco son acciones al uso ( exceptuando el Centro Hist y ultimamente algunos hospitales ) en estos últimos 60 anos . Demos gracias a Dios que Irma tuvo la amable gentileza de no visitarnos en su tour por Las Antillas y eludió la Habana porque la Cagástrofe , al decir de Diógenes , hubiera sido Homérica . Al no terminado hotel Packard de Prado le estuvieron sacando agua un día entero pues se inundaron los sótanos , no pensaron en Irma . Saludos .

  8. Profesor Triana, averigue sobre la Tarea Vida, y el Plan de Resiliencia de Cuba. Sobre las Smart grids para distribucion descentralizada de energia. Sobre por que volaron- una vez mas- los techos de lata de los grandes almacenes de alimentos. Pensemos en el Sergio de “Memorias”…que criticaba la desmemoria del cubano.

  9. Liborio, las casas destruidas son de los años 50..o las de construccion reciente, ilegal-y desmañaada como en El Machete y Jaimanitas? En el Barrio Obrero, de 1947, no se cayo ni un ladrillo. Esta ciudad esta bien hecha. La cultura arquitectonica de los ciudadanos, no.

  10. Yo creo que JT es demasiado teórico, conoce la teoría a la perfección, eso no se discute, pero las medidas objetivas no la veo por ninguna parte.
    En un artículo pasado Fernando comentaba que para recuperarnos: 1- se podía negociar la deuda con el club de París; 2- se podía liberar la importación de materiales de construcción. Es decir, dos medidas objetivas y claras.
    Podar árboles, mejorar infraestructuras, cables soterrados, energía solar, mejorar el sistema hidráulico, etc. Yo creo que son detalles obvios. Ahora, como se lleva a cabo todo eso de forma realista, para mí, ese sí sería un artículo interesante.

  11. Eduardo ( 6 ) Lo de ” La maldita circunstancia … ” es una cita que hace el autor del poema ” La Isla en peso ” de Virgilio Pinera , no debería tomarlo tan literal . Saludos .

    Abelardo ( 10 ) Yo no he dicho de qué ano son las que se cayeron sino a qué período pertenecen las que milagrosamente aun están en pie . Estoy de acuerdo que las más sólidas son las de los 50s y por lo general los derrumbes ocurren en los maltratados antiguos palacios y casonas coloniales así como en las de La República cuando se popularizó la ” Malquerida ” Viga y loza . Saludos .

  12. Lo felicito por el escrito no hubo mejor manera de decir tanta verdad.. Que podemos decir de los Hoteles que construye hoy la UCM… de Pladur, puras casitas de cartón que por supuesto es como arrugar un papel cuanto tenemos estos huracanes tan extremadamente peligrosos… y debemos pensar que en próximas temporadas seguirán llegando asi o más intensos y ya para entonces volveran a destruir la Industria sin humo que tantod ingresos genera al país. Deberían pensar en contruir hoteles anti ciclonicos de puro concreto…ahora para la recuperación lo mismo… más pladur, masilla, pintura y abrir que llego la temporada alta… hasta que vuelva el próximo Huracan

  13. Gracias Liborio (12) No conocía esa cita de Virgilio Piñera; es parte de mi incultura. De todas maneras creo que el agua salada por todas partes no es para nada maldita. Tenemos otras cosas que sí son malditas y debemos luchar contra ellas; entre otras por ej la falta de conocimiento de una obra de un importante autor cubano. Intentaré salvar ese desconocimiento mio y buscaré la obra de VP. Gracias. SALUDOS!

  14. Perdon Triana por mi ignorancia.
    Gracias Liborio(12)
    La maldita circunstancia del agua por todas partes
    me obliga a sentarme en la mesa del café.
    Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer
    hubiera podido dormir a pierna suelta.
    Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar
    doce personas morían en un cuarto por compresión.
    Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua
    en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones,
    me acostumbro al hedor del puerto,
    me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba,
    noche a noche, al soldado de guardia en medio del sueño de los peces.
    Una taza de café no puede alejar mi idea fija,
    en otro tiempo yo vivía adánicamente.
    ¿Qué trajo la metamorfosis?
    Impresionante!
    SALUDOS!

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