“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Carlitos, el nómada

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Fotos: Alejandro Ulloa García

Tomado de El Toque

Nos pasó como a todos. La regla perdida, el apetito voraz, el humor cambiante, la sospecha de un test y la confirmación del ultrasonido. Cuando el monitor nos mostró el saco gestacional, no sabíamos si celebrarlo o llorar.

Escribo en plural porque a Carlos Enrique solo me faltó parirlo. Eso de que “padre es cualquiera” no va conmigo. No lo buscábamos, pero el nuestro fue un hijo deseado desde el instante en que lo intuimos. Lo tuvimos contra viento y marea, y no hablo de que jamás he dormido 5 horas seguidas, o que tengo una maestría en asuntos fecales y un doctorado en rastreo de culeros en las tiendas, o de que he tenido que multiplicarme por mil para luchar el sustento, y ni así da la cuenta. Mi drama, que no es exclusivo, pero es el mío, es la vivienda…

De entrada, cuando anunciamos que estábamos esperando un hijo, nos sacaron del alquiler donde vivíamos porque al casero, con más miedo que dinero, le preocupaba no podernos sacar luego, asustado por una leyenda urbana sin sustento legal alguno que hace pensar que el bebé tendría derechos de convivencia sobre la casa.

Los recién nacidos reciben automáticamente la dirección que la madre tiene en su carnet de identidad. Cuando el arrendador nos preguntó si por fin íbamos a tener el niño, lo mandamos a freír tusas…

Con el anuncio de desalojo, en nuestro trabajo nos facilitaron una vivienda en el reparto El Náutico por un año. Aquello, además de un alivio al bolsillo, significó una tranquilidad, y Eli pasó su embarazo y dio a luz ese pedazo de vida mía. Macho varón masculino, saludable y fuerte, con unos pulmones de ópera y una familia gitana, pero unida. A los 10 meses nos mudamos al otro extremo de la ciudad: Alamar, el dormitorio habanero.

Si no fuera por la lejanía y los problemas de agua y transporte, aquello no estaba malo: un alquiler barato, quinto piso, buena brisa, vecinos chéveres, puntos donde comprar de todo, en fin… Pero entrar y salir de la Zona 5 era una odisea, y al final lo que ahorrábamos en casa lo gastábamos en “almendrones” y tiempo. Además, cuando uno sale con un bebé parece un arbolito de Navidad adornado con bolsos, jabas y mochilas.

Por aquella época decidimos mandar a Carlitos un tiempo con su abuela materna para el campo, para ahorrarle trajín y que cogiera anticuerpos. Pero la “papitis” me mataba, y hubo semanas en que viajaba casi a diario hasta Jovellanos –unas tres horas de carretera, viajando por tramos- para estar con el niño. A veces llegaba al anochecer, y antes de que saliera el sol salía con el corazón estrujado, de vuelta a La Habana.

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Fotos: Alejandro Ulloa García

Como el colchón subvencionado de la canastilla, el Círculo Infantil nos llegó con un año de atraso, pero en Jovellanos. Por entonces habíamos decidido irnos de Alamar y recalamos en el Vedado, en un cuartucho con poca ventilación y un ambiente cargante heredado de antiguos inquilinos. Subió la renta, considerablemente, pero todo quedaba cerca. En aquella sauna pasamos un trimestre insufrible, y pronto estábamos empacando de nuevo, esta vez a Centro Habana. La nueva casa no estaba mal, pero un horno de panadería era más fresco. Ahí duramos medio año, y pronto conseguimos un apartamento vacío en la frontera de Plaza y el Cerro, donde aún vivimos.

Para resumir, en apenas 2 años de vida Carlitos ya ha vivido en 6 municipios diferentes. Ya está que ve una caja y se pone a vaciarla, pero… ¿cómo explicarle que para la inmensa mayoría de las parejas jóvenes una casa propia es una utopía? ¿Cómo hacerle entender que casi todos los alquileres en Cuba carecen de garantías legales, se convenían verbalmente y se pagan por debajo del telón? ¿Para qué contagiarlo con la angustia del pago pendiente, la preocupación del desalojo latente, el cinismo del “no-te-encariñes-que-esto-no-es-tuyo”, o el desespero del alquiler ya pactado que se cae a última hora?

Algunos dirán que tal ritmo es abusivo para un niño. Yo quisiera darle a mi hijo estabilidad, una casa que pueda llamar su hogar, raíces. Pero quiero creer que también estoy enseñándole a luchar por un sueño, curtiéndolo, mostrándole que un hogar no son cuatro paredes y un techo, sino una familia unida.

A fuerza de dar tumbos, Carlos va teniendo una educación ecuménica, se adapta con facilidad a nuevos entornos, y es sociable. Además, va aprendiendo a darle valor a las cosas. Al final, su padre es un pobre periodista que no pueda hacer más que amarlo con locura, y educarlo para que sea honrado, cariñoso, independiente y, sobre todo, un industrialista acérrimo. Que para eso nació en el Vedado…

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Fotos: Alejandro Ulloa García

 
 

9 thoughts on “Carlitos, el nómada

  1. “su padre es un pobre periodista que no pueda hacer más que amarlo con locura” … Usted tiene la prensa a mano, siempre hay formas para decir las cosas …..

  2. Este es un articulo que a mi entender solo tiene gancho en Cuba por la locura de política económica que vivimos aquí, vivir en alquileres y que algunos periodistas no tengan dinero no es una cosa muy rara por otros parajes del mundo. Lo que si coincido es que la evasión de impuestos y las presiones a las que son sometidos todos los que se dedican al sector particular y los que les contratan servicios a estos (como los inquilinos de un alquiler) si es un sin sentido que debe de cambiar, sobre todo exigiendo impuestos mas lógicos y justos.
    Saludos

  3. Boteros y bodegueros, vendedoresd de carne de cerdo y pinchos de la burocracia son las clases altas y profesores de universidad, periodistas y demas profesional competente, clases ultrabajas y sin esperanza de casa, adonde llegará aquello ??????

  4. Fernando: A tono con los tres problemas generales de la sociedad cubana (vivienda alimentacion y transporte) Que se puede hacer segun su experiencia para controlar el asunto de los boteros que ya casi quieren cobrar 20 pesos de 23 hasta calle 3ra y muchas otras combinaciones que he visto? Que hago escribo a la ONAT para que recomiende subir los impuestos, la gasolina al punto que deban cobrar 50 pesos y casi nadie los monte? Regularizar el cobro de pasaje por los tramos creados de modo espontaneo? Que se pudiera ahcer? Que se hace en otros países?

  5. Entendemos la logica de la flia Morales donde ese niño es victima de los sinsabores porque tienen que pasar los padres para que el niño no se de cuenta. Me recuerda la pelicula italiana “La vida es bella” Sr. Morales, muchos y muchos cubanos hemos pasado por casos no iguales pero si parecidos. Lo apoyo y le deseo suerte a su flia.

  6. Esta realidad cubana nuestra no a sido solo su realidad; muchas familias hemos estado lidiando con goteras,calor por falta de ventanas, escaleras de barco para subir a la barbacoa ” indijena” y tirarse cinco o seis a dormir a como de lugar sin privacidad, comodidad y no poderse ergirse, pues de hacerlo se romperian la cabeza de no ser enanos.Mas cuando cae la noche el milagro habanero se da y la gente milagrosamente se ” acomoda”, duerme y hasta hace el amor; ese amor que por sobre toda las cosas nos mantiene andando, viviendo y sonando a pesar de los pesares de vivir donde se vive.Mas visto desde el angulo idiosincretico ese es un encanto habanero.

  7. Walker, en muchos países, incluso de nuestra América, los precios del transporte se determinan por un acuerdo entre el gobierno y los transportistas, con alguna subvención oficial siempre. Un abrazo

  8. Walker, en buen cubano, vamos a confiscarles esos almendrones a semejantes despiadados de la familia cubana… no hay mas na’

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