“El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón.  Debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender imparcialmente al bien público”.
José Martí
 

Alzheimer

abuela71

Tomado de La Esquina de Lilith

Es el año 2014 y mi abuela cumple 84 de vida. Le gusta la ensalada de huevos con papas  y cebolla blanca, el arroz con frijoles y el boniato hervido, pero come poco, siempre. Las carnes le son indiferentes, a menos que vengan con garbanzos, y aún guarda para mí, en escondites que nadie más descifra, cuanto dulce pase por sus manos.

Es todavía el calendario familiar. En su mente, permanecen como grabados en piedra los cumpleaños de los parientes cercanos y lejanos, los aniversarios de boda y de muerte, de modo que la familia de todas las latitudes se sirve de su memoria prodigiosa, que funciona como un recordatorio de eventos altamente eficiente.

Un año después, todavía hace de todo en la casa, e insiste en preparar regalos para los cumpleañeros con diligente antelación, pero de vez en vez la cafetera se queda sola en la cocina y el brebaje en su interior se desparrama como la evidente huella de su olvido, que entonces la avergüenza.

En ese mismo año, yo vivo mi divorcio y mi abuela, que siempre tuvo manos de seda para las caricias y el alma, me martilla cada noche preguntando si él va a volver y cuándo, y deja la puerta sin candado y la luz del fondo encendida para que no tropiece con los muebles.

Una mañana de 2015, mi abuela se levanta de la cama y pregunta por sus  muertos, y llama a su mamá -fallecida hace más de una década. Unos días después, varias isquemias temporales la mandan al hospital y su mente vaga, arrancada de sus sitios de siempre, por décadas pasadas, cuando como hermana mayor de una camada de hermanos lava, almidona y alisa con planchas de carbón la ropa de los muchachos.

Después, todo pasa muy rápido.Cuenta las mismas historias una y otra vez y eventualmente cree que debe ir a algún lugar que ya no existe a ver a personas muertas o mudadas de sitio tantas décadas atrás que ni siquiera yo, la mayor de todos sus nietos, conozco.

Mi abuela, tan ordenada, tan dócil, a veces amanece como fiera, se niega a ponerse los conjuntos de saya y blusa o calzar los zapatos más cómodos para su edad, como si fuera otra persona. Su carácter de mujer autosuficiente y esforzada, su terquedad de “mula” y su cuerpo de músculos fuertes y compactos, se impone a cuidadoras y familiares, pero solo eso queda de lo que fue.

Eso, y los recuerdos, que son ahora todo su presente -la realidad pasa y es como si volara de su mente.  Es, a veces, como una niña que hay que velar todo el tiempo para que no se manche al comer y no engulla cuanto dulce encuentre a su paso, para evitar sus crisis estomacales.

Estamos en el año 2017 y mi abuela empieza a confundirme con mi madre y viceversa, y a trastocar los días con las noches, el amanecer con el atardecer, la hora de hacer el café con la de acurrucarse entre las sábanas.

En vísperas de su cumpleaños 87, mi abuela prepara cada día un bulto con sus ropas cuidadosamente dobladas y lo coloca al pie de la cama. Dice que se va, y que es una pena dejar atrás todo por cuanto luchó todos estos años, mientras da indicaciones sobre a quiénes tenemos que dejarle el multimueble, el televisor, la vajilla.

Habla y se pone nerviosa porque teme que en cualquier momento la vengan a buscar y no esté lista, así que da vueltas por la casa recogiendo lo que cree que puede cargar hacia ese sitio imaginario que nadie conoce…, y mi mamá empieza a temer que esté presagiando su muerte.

Yo, que me angustié en un principio, ahora sospecho que visita esos otros lugares que visitó o soñó, sobre todo porque a excepción de su mente, mi vieja tiene una salud envidiable a las altura de sus casi nueve décadas.

Cómo explicarle a mi mamá que el viaje de mi abuela empezó hace mucho, que no importa cuánto intentemos retenerla, cuánto nos esforcemos por guiarla lo mejor posible entre las brumas de ese mundo nuevo que solo ella conoce…, cómo hacerla entender que el de mi abuela es un viaje para el cual solo ella tiene boleto, uno de esos intransferibles, solo de ida.

 
 

9 thoughts on “Alzheimer

  1. Desgarrador , conmovedor , los artículos de Lilibeth llegan hasta las fibras más sensibles y te estremecen , en mi caso particular una de mis paranoias es la posibilidad de perder la razón y con ella el control de mi vida y mis actos . He visto de cerca el drama de familias casi destrozadas por el tema de la Demencia Senil y compadezco a los que tienen que cargar con semejante cruz . Saludos .

  2. Viví lo mismo con mi abuela, coincidentemente a la edad de 84 años que no llego a vivir completos por un trombolismo derivado de una fractura de cadera que estaba superando sin demasiadas dificultades. Lo más triste que me enseño esa experiencia, es que no importa cuánto amor y dedicación hayas entregado en tu vida, cuando dejas de estar lucido y en esencia comienzas a dejar de ser tú, empiezas a ser una carga, tolerada con mucho disimulo, pero no deseada, inclusos para aquellos a quien dedicaste toda tu vida. No juzgo a nadie, y no sería prudente que se me juzgase por lo que digo si no se ha vivido ya, lo que les comento. Fui su nieto más pequeño, hijo de su hija menor. La cuidamos y quisimos hasta el último segundo. Le puse su nombre a mi hija menor. Lo vivido en los últimos tiempos de mi abuela me ha hecho entrar en la incertidumbre de no saber si vale la pena vivir siempre, aun cuando vivir se resuma a esperar el regreso de personas muertas o viajar al lugar que ya no existe.

  3. Este relato me llega muy a lo profundo pues perdi a mi madre en esta situacion pero lo peor de todo que en la epoca que sucedio no se conocian los detalles de esta enfermedad y no entendia su comportamiento razon que no impidió que me consagrara a su cuidado en una Cuba de finales de los 90.Es muy dificil para el cuidador lidiar con esa situacion hay que asumir el rold de recíprocar todo el amor y cuidado que una madre nos dio en el desarrollo de nuestra vida, pues al final el remordimiento que pueda quedar no es por lo que hicimos sino por lo que dejamos de hacer

  4. Saludos,por lo que cuenta no es Alzheimer lo que tiene su abuela ya que esta enfermedad no empiez asi abruptamente sino que aparece a edades mas tempranas,poco a poco y con perdida de los nombres propios y de las personas que conoce.
    Al parecer como Usted dice, tuvo varios ataques isquemicos que dañaron aeras del cerebro y esa primera mañana fue el mayor que le ocasiono el comienzo .
    Su abuela lo que es una Demencia Isquemica Arterioesclerotica
    No se si usaba la Aspirina de 81 mg que hace que la sangre este mas licuado y llegue major a areas afectas.tamoco le de benzodiazepinas (Diazepan o Alprazolan por ejemplo ) ya que los ancianos se ponen agresivos con eso medixcamentos
    Espero se mantenga major
    Y gracias por compartir esa vivencia

  5. Excelente. Hay q vivir una experiencia como esa para tener conciencia de su significado y las consecuencias y secuelas que deja en la persona más apegada a tu abuelita en su trato y cuidado. Bendiciones

  6. Acido fólico, aspirina y ejercicios mentales como contar hacia atrás, recordar cosas recientes, nombres de calles etc. No quita esta enfermedad pero pudiera atenuarla. Cualquiera puede padecerla y no es el paciente sino la familia que queda destruída. El pobre enfermo ni se da cuenta de este mal.Eliminar el cigarro puede ayudar siempre, y las bebidas alcohólicas. Deseo salud a todos.Tengo 80 pero trabajo y esto ayuda tambien mientras se pueda.Hay que mantener ocupada la mente y este blog me ayuda para contestar a mis “atacantes”. gracias.

  7. Hacemos mejor lo que amamos, se escribe mejor lo que se siente y es autentico. Además de la carga emocional está muy bien escrito, en algunos giros me recordó a Garcia Marquez o Isabel Allende…Lastima que la humanidad está tan fría apenas 7 comentarios contra las decenas de otros temas…

  8. (8) Eso es producto de la pobreza humana de algunos. Es mas facil echar pestes que sensibilizarse con escritos como este. Un saludo.

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